EDITORIAL

Artigas, integrador, regionalista

Ayer nos referíamos a la necesidad de volver a Artigas en las definiciones esenciales de nuestra patria. Hoy queremos profundizar algunos aspectos vinculados. El Presidente de la República con su capacidad de liderazgo impuso en la mesa de discusión la personalidad y el pensamiento de Artigas.

 

Sus pocas palabras operaron como disparador, los blancos saltaron como un resorte, oponiéndose a todo lo que signifique un cambio, tratando de pontificar lo realizado por el gobierno dictatorial que no hizo un monumento a Artigas más profundo porque el suelo es de piedra.

Pero si la discusión versara sobre el lugar donde deben estar los restos de Artigas ( cercanos, accesibles a los uruguayos o lo más escondidos posibles) lo podríamos calificar de un tema menor, hasta se lo podría definir como muy teñido del momento electoral y de la impronta » me opongo» que ha caracterizado la actitud de los blancos durante este período de gobierno todo podría ser pasado por alto. Lo grave es la sentencia del precandidato de la derecha Luis Lacalle» no hay que andar moviendo a los muertos», una sentencia que podría haber trasmitido a algunos oficiales de alta graduación en la dictadura, cuando él fue Presidente de la República. No parece que «los muertos» hayan sido en algún momento su preocupación desde el momento que ni siquiera reaccionó cuando el asesinato vil y cobarde golpeó muy cerca de él.

Los muertos del pueblo pertenecen a él y soberanamente decidirá sobre su futuro.

 

Pero, simultáneamente le salieron a relucir posturas de un nacionalismo a ultranza mentiroso, una postura filosófica que confunde lo nacional con el populismo generando una melange que busca revivir y/o apelar a los sentimientos nacionales pero con llamativos tintes de ultranacionalismo que nunca fueron en el pasado, propios de un partido que supo aliarse militarmente con los argentinos.

Con actitudes extrañas de repudio a la Patria Grande, a la Integración Regional , lindando casi con una especie de fobia hacia la región, pero no así cuando se trata de concretar un TLC con EEUU, depender del Fondo Monetario Internacional y cuanto organismo de dominación exista en el mundo. Este cipayismo se viste de un mal llamado «nacionalismo». Mientras y durante muchos años se han ocultado y tergiversado deliberadamente algunos hechos y dichos de José Gervasio Artigas, que son los sustanciales de su vida.

Sin embargo, la «educación» y la «historia nacional» que hemos recibido de los planes educativos emanados de los partidos tradicionales ensalzan, y describen hechos como el Exodo, la redota, su largo exilio en Paraguay (prácticamente preso), solo, mientras algunos de sus patriotas lugartenientes se pasaban al bando de los portugueses.

Nos han enseñado lo que les servía del pensamiento artiguista, eludiendo sistemáticamente su ideario básico , su concepción política y económica, basada en la existencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, es decir una concepción que integraba a Uruguay con el litoral argentino, sur de Brasil y de Paraguay.

Lideró un movimiento liberador del yugo colonial, promotor de la integración de los pueblos , respetuoso de la autodeterminación, republicano, democrático, por lo que hoy sería acusado de populista e impresentable. «El nacionalismo oriental no admite vinculación política alguna y menos subordinación a organismos como el Parlamento del Mercosur que tendrá oportunamente que desaparecer, no hay Patria Grande, hay solo Patria que es Uruguay» sostuvo Luis A. Lacalle.

Esta arcaica definición que está reñida con todo el pensamiento artiguista, también lo está con todo lo que han sostenido y por lo que han bregado todos los libertadores de nuestra América Latina. No sólo eso, es tan retrógrada que niega lo importante que ha sido para Europa comenzar con una integración energética, para luego pasar al plano económico y gradualmente buscar una integración social y política.

Esta curiosa interpretación del nacionalismo que acepta todo tipo de intromisión económica-financiera desde el exterior en nuestra política interna es coherente con la concepción patricia que aún prima en el Partido Nacional, donde se mira con envidia hacia Europa y EEUU y se desconoce y niega la realidad de que somos sudamericanos.

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