EDITORIAL

Vigencia de Artigas

La celebración del natalicio de Artigas el pasado 19 de junio tuvo dos aspectos a señalar. El homenaje al prócer por un lado, y la reafirmación del Nunca Más, por otro.

Ofrendas florales y desfiles marciales no estuvieron ausentes de la conmemoración, forma clásica que toman todos los homenajes oficiales. Lo que sí faltó, y ello constituye un hecho positivo como ruptura con la tradición acartonada, fueron los discursos de exaltado tono patriótico y de almibarados panegíricos huecos, que ofrecían una visión estereotipada del héroe.

Decimos esto porque la exposición en cadena de radio y televisión que realizó el presidente Vázquez, y que puede ser catalogada de discurso oficial, se despojó notoriamente de los lugares comunes a que nos tenían acostumbrados los actos patrióticos tradicionales. En vez de ello, el discurso presidencial hizo hincapié en los auténticos valores del Jefe de los Orientales y en su legado político y social, aspectos que siempre fueron cuidadosamente soslayados por la historia oficial y por el discurso vacío y mentiroso de los políticos tradicionales. Fue el homenaje a un hombre, un hombre muy especial es cierto, pero un hombre al fin, con sus aciertos y sus errores, con sus éxitos y sus fracasos.

En ese sentido, el discurso de Tabaré Vázquez está en consonancia con la visión tradicional de la izquierda uruguaya, con los aportes del revisionismo histórico y con la reivindicación del auténtico artiguismo que impulsó desde su fundación el Frente Amplio. El anuncio de la propuesta de trasladar los restos de Artigas del pretencioso mausoleo a otro sitio cobra un sentido muy especial y tiene un profundo carácter simbólico: implica rescatar al prócer del bronce, del mármol y de la iconografía vacía para que empecemos a homenajearlo en su sustancia humana, política y social. Por otra parte, significa borrar la huella infame de la dictadura que se caracterizó por invocar al prócer y al mismo tiempo actuar en forma exactamente contraria a sus principios e ideales.

La concepción artiguista de la democracia está reñida con el discurso de blancos y colorados, enemigos de la democracia directa. La prueba está en la renuencia a promover o a aceptar los mecanismos de consulta popular. Repitiendo la consigna artiguista «Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana», prefieren aplicar una versión diferente: «Mi autoridad emana de vosotros y dura hasta la próxima elección». Del mismo modo, las fuerzas conservadoras han soslayado la propuesta de que los más infelices sean los más privilegiados, consigna que responde fielmente a la influencia franciscana que recibió Artigas y que se expresa en la «opción preferencial por los pobres».

En lo que tiene que ver con la exhortación al Nunca Más, el mensaje del doctor Vázquez estuvo en un todo de acuerdo con lo que ha sido la política desplegada por el gobierno actual en materia de violación a los derechos humanos bajo la dictadura. Ese Nunca Más no significa, como algunos pretenden interpretarlo, un «borrón y cuenta nueva» o un «dar vuelta la página»; significa un llamamiento a que no haya más quiebres institucionales y, sobre todo, a que nunca más el Estado se convierta en terrorista. El gobierno progresista ha actuado de acuerdo con lo prometido, aplicando la Ley de Caducidad con apego a su letra y a su espíritu; por primera vez desde su promulgación, dicha ley ­inconstitucional y perversa­ ha sido aplicada como debía serlo y no lo fue bajo los gobiernos de Sanguinetti, Lacalle y Jorge Batlle.

El Nunca Más adquiere un particular sentido en un año en que los uruguayos nos aprestamos, democráticamente, a votar para que esa norma infame que nos llenó de vergüenza sea definitivamente eliminada de nuestro ordenamiento jurídico.

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