La batalla (p’a mis blancos)

Son las dos y pico de madrugada. En el silencio umbrío, alumbrado sólo por el foco de la veladora, hundido en lo negro de la noche, se me empiezan a achicar los párpados. Tengo sueño. Pienso en aquellos viejos pagos familiares de Soriano y empiezo a ensillar el tordillo. Badana, cojinillos, cincha, facón al cinto, sable y máuser recién engrasado, junto a la puerta. ¡Hace frío! Me pongo el poncho patrio. ¡Viene bien la cosa! ¡Pronto pa’ la batalla! Me despedí de los viejos y Toribio, mi perro, me mira con ojos solidarios. No obstante sus mataduras y cicatrices, él también es blando. ¡Le encanta morderle los garrones al enemigo! Monto y marcho al trotecito, con los albores apenas del alba con el perro de ladero del tordillo.

Se me ocurre ver a lo lejos la polvareda de las divisiones de Aparicio, Anselmo Urán, Cicerón Marín, los bascos Aberastruri y Amilibia, los Muñoz padre e hijo, don Carmelo por si hay que hacer algún puente en río crecido, el viejo Yarza con sus bayanos de Melo, «Chiquito» y tantos otros haciendo Patria. ¡Vamos Toribio! ¡No sea perro jodido! No se me quede y trote debajo del tordillo! ¡Usted también va a morder como el mejor! ¡No Toribio, a los colorados no esta vuelta! ¡Son muy jodidos! ¿No ve que dispararon todos? Solo quedamos nosotros los blancos pa’ defender la Patria! ¡Como siempre «pulgoso»! Esta vuelta es distinto! ¡Es contra puebleros ideológicos extranjeros! Obsecuentes de los Imperios, entusiasmados con Bush y la Condoleezza dándose «besitos de lengua» en la estancia de Anchorena! Locos por barbas ajenas, si son cubanas mejor! Nosotros tenemos nuestras «barbas» propias! Mire, acá tengo una fotito de Saravia y sus barbas orientales! ¡Estas son las de nuestras tierras, no se equivoque! ¡Siga trotando «cuzco» viejo! ¡Mire allá lejos en la loma de la cuchilla, aparecen las primeras banderas blancas y celestes! Me dijeron que vienen de la «Heroica» al mando de un caudillo que lo llaman «El Guapo», Y dicen también que le sobran «cojones», tiene ideas y es honesto. ¡Criollo sin dudas, el hombre! Bueno acá están llegando, hasta con «chinas» pa’ churrasquear, matear y curar a los heridos! Está bien pensado. Ya entre las chircas y el ruido … de la tropa, se oyen los primeros gritos: ¡Vivan los blancos, carajo! Más atrás, asoman las volantas y cachilas por otra ruta. Son los dotores que se anotan con el «moro» de Cerro Colorado. Le dicen el «Cuqui». Hay que juntarlos a todos. ¡Que no falte naides! ¡Don Manuel Ceferino y don Leandro estarán contentos de vernos desde el más allá!

Estos pro gringos son capaces de haber traído hasta tropas extranjeras, porteños montoneros, cambas, cubanos y demás «iluminados»… Joden con la Patria Grande. Pero entendé Toribio «mi jarro es chico, pero yo bebo en mi jarrito». ¡También lo dijo uno de los nuestros! ¡Un viejo enorme que se llamó Herrera, más blanco que costilla e’ bagual! Bueno, todo está pronto… Se viene la carga y solo queda esperar el toque de clarín del negro Camundá. ¡Perdón, me olvidé que Camundá murió! ¡Pucha, qué lástima! Pero a falta de Camundá, que el clarín lo haga sonar Laffluf, que también es negro y los tiene bien puestos como el otro! ¡Adelante carajo! ¡Vivan los blancos!

¡Pa’, es de día ya! ¡Me lamiste la mano y me despertaste! ¡Puta que te parió, Toribio! ¡Me interrumpiste lo mejor! El toque a «degüello»! ¡Perro idiota! ¡Vivan los Blancos, carajo!

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje