Una visión sesgada de la historia reciente
En un artículo aparecido en la página editorial de El País el lunes 1 de junio, el senador Gustavo Penadés insiste en el tema de la historia reciente que se enseña en nuestras aulas, la encuentra sesgada y falaz, y afirma que la visión del FA permite concluir que «los integrantes del Frente Amplio fueron los únicos sufrientes durante la dictadura, que ésta vino porque sí, y que en su gestación nada tuvieron que ver (…). Se enfatiza en el sufrimiento, lo cual es cierto. Muchas familias, de una u otra forma, sufrieron; mas no advierten que ese sufrimiento no es patrimonio de equis o de zeta, sino que es el de una sociedad en la que, en una etapa de su historia, la violencia le ganó a la política». Y concluye: «Qué bueno sería que pensando en los años que tenemos por delante, se entendiera que en algún momento tenemos que parar, asumir como nación nuestros errores, aprender de ellos y, unidos, mirar hacia adelante».
Es curioso que un dirigente nacionalista, perteneciente a un partido que sufrió durante más de un siglo el ninguneo del poder colorado, que debió soportar una historia oficial mentirosa en la que los blancos eran soslayados o presentados directamente como degolladores o como gauchos brutos, se alinee con el discurso sanguinettista.
Es bien cierto que los militantes frentistas no fueron los únicos que sufrieron las arbitrariedades y la vesania de los centuriones metidos a gobernantes, pero de la enseñanza de la historia reciente tal como se plantea hoy no surge, en modo alguno, que el FA se atribuya en exclusiva los padecimientos del pueblo uruguayo. Del mismo modo, fuerza es reconocer que fueron la izquierda política, los sindicatos y las organizaciones civiles populares sobre quienes se abatió con mayor brutalidad y sevicia la represión dictatorial. Esto es innegable.
Es injusto decir que la historia reciente plantea que la dictadura vino porque sí. Y es más injusto aún sostener que el FA tuvo alguna responsabilidad en su gestación. La dictadura fue necesaria no para combatir a la guerrilla urbana –que ya había sido aplastada–, sino para imponer a sangre y fuego un modelo antipopular y antinacional. En todo caso, habría que recordar como antecedente del quiebre institucional las intenciones golpistas de militares blancos como Aguerrondo, y no olvidar que figuras relevantes del Nacionalismo desempeñaron altos cargos en el gobierno cívico-militar. ¿O acaso ha olvidado el senador Penadés que don Martín Recaredo Etchegoyen fue presidente del Consejo de Estado, o que el tercer presidente del régimen fue el doctor Aparicio Méndez y Johnny Payssé el último intendente de facto de Montevideo?
Pero lo más interesante viene después, en esa exhortación final a la unidad y a mirar hacia adelante luego de haber asumido nuestros errores. Ese razonamiento tiende a pasar un rasero y cae en un cierto maniqueísmo según el cual hubo dos demonios (la guerrilla y los golpistas) de un lado, y los demócratas incontaminados (que obviamente no son otros que los dos partidos tradicionales) por el otro; en el medio se ubica el Frente Amplio con muy débil apego a la democracia formal, al punto que llegó a aplaudir el pregolpe de febrero del 73. Esta exhortación del senador Penadés no tiene en cuenta que quienes vieron con simpatía los famosos comunicados cuatro y siete han hecho una autocrítica y han reconocido públicamente su error. Y tampoco tiene en cuenta que los guerrilleros no sólo han procedido a una autocrítica sino que terminaron por integrarse plenamente al juego democrático después de haber sufrido largos años de cárcel en las peores condiciones; tan es así que sus dirigentes emblemáticos ocupan bancas en el Parlamento y altos cargos de gobierno por decisión del soberano.
Entonces, senador Penadés, ¿quiénes deben asumir sus errores? ¿Los militantes antidictatoriales masacrados por los terroristas de Estado? ¿No correspondería más bien a estos últimos hacerlo? Y si el senador sigue aferrado a la teoría de los dos demonios, ¿no cree que el demonio que jamás recibió castigo alguno por sus crímenes debería someterse a la Justicia?
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