Sobre el discurso de Obama
El momento culminante de la reciente gira de Obama por el Medio Oriente árabe fue su discurso del 4 de junio en la Universidad de El Cairo, institución coanfitriona del evento conjuntamente con la Universidad Teológica Al-Azhar. Sin embargo, al agradecer la hospitalidad, mencionó en primer lugar a ésta última, quizás como señal de comprensión por la importancia que la religión tiene para el Islam.
En el mundo occidental, como señala Lewis, al usar el término «Islam» tendemos a cometer el error de creer que la religión significa para los musulmanes lo mismo que para los occidentales. No fue ni es así. En el Islam clásico, la religión abarca todos los aspectos de la vida, incluso la política. Un solo poder, el religioso, por lo que no habría posibilidad de enfrentamientos entre Iglesia y Estado. En Occidente, en cambio, ambos pueden estar en franco conflicto o unidos, pero siempre habrá dos poderes, espiritual y temporal. Es verdad que ha habido intentos de modernización u occidentalización del Islam que habrían tenido más `posibilidades de éxito hace cien años que hoy- pero para la mayoría de los musulmanes, no sólo para los islamistas, el Islam, además de definir su identidad, sigue siendo la principal base de autoridad, si no la única. El ayatolá Jomeini manifestó que «el Islam o es política o no es nada». No todos los musulmanes llegarían tan lejos pero la mayoría admitirá que Dios se ocupa de política, creencia confirmada por la ley sagrada sharía- que trata minuciosamente sobre lo que denominamos filosofía política y derecho constitucional. Hasta aquí Lewis.
Obama recordó que hace más de mil años que Al-Azhar es un faro de la enseñanza islámica. En sus aulas, la «djihad» (guerra santa) sea en un sentido inequívocamente guerrero o eventualmente espiritual- fue descrita como el deber colectivo de los musulmanes para la defensa y expansión del Islam. En 1968 allí tuvo lugar el más numeroso coloquio que nunca se haya dedicado a la teoría del djihad, en el cual participaron los principales teólogos del mundo musulman. El resultado del mismo fue un documento de más de mil páginas cuyas actas concluyen con conceptos como que la djihad no terminará hasta que se logre el objetivo de la rendición del enemigo, o que la guerra es la base de las relaciones entre los musulmanes y sus adversarios.
El Presidente norteamericano eligió precisamente este lugar para proponer un nuevo comienzo en las relaciones entre los Estados Unidos y los musulmanes de todo el mundo «basado en el respeto e interés mutuos, compartiendo principios comunes de justicia, progreso, tolerancia y dignidad inherentes a todo ser humano,» y agregó que «el Islam demostró a través de las palabras y los hechos las posibilidades de la tolerancia religiosa y la igualdad racial».
Si así fuere, para el Islam «moderado» se presenta una excepcional oportunidad de demostrar que existe, y en tal caso, si tiene la determinación de enfrentar al islamismo y corrientes afines y, consecuentemente, romper con la prisión histórica que estos pretenden imponerle.
En efecto, la propuesta de Obama conlleva la concepción de una sociedad islámica renovada y modernizada, compatible con los principios que esbozó en su discurso y con una cultura de reciprocidad entre Occidente e Islam, sobre la cual fue bastante explícito, ambos en pie de igualdad.
Esto se relaciona directamente con la parte del discurso dedicada al conflicto entre Israel y los palestinos porque llegó el momento, expresó, de retomar el sendero hacia la paz. Para no generar falsas expectativas, reiteró que el vínculo entre Estados Unidos e Israel es inquebrantable y enfatizó que la solución pasa por dos estados y la suspensión de los asentamientos en Cisjordania (estruendosos aplausos) y la renuncia a la violencia por parte de los palestinos (aplausos corteses y moderados).
Sus propuestas, a nuestros ojos ecuánimes, están condicionadas a la realidad del Islam que describió en el discurso y que implica priorizar todo lo positivo que hay en sus raíces coránicas descartando, para no entrar en «detalle», todo lo demás. Allanaría el único camino posible hacia la paz desde que relativizaría el ingrediente religioso que santifica la guerra para recuperar tierras que alguna vez estuvieron bajo el dominio musulman (hoy es Israel, ¿a quién le tocará mañana?).
La coexistencia pacífica entre Islam y Occidente compartiendo principios comunes a ambos es la condición previa e ineludible para la solución del conflicto entre Israel-Palestino. Ambos están indisolublemente unidos como las dos caras de una misma moneda.
Nadie puede creer seriamente que la creación del Estado palestino o los asentamientos son los obstáculos para la paz salvo que esté, y lo digo con todo respeto, totalmente desinformado.
Una semana antes del discurso de Obama, el Primer Ministro de Israel, Netanyahu, había mencionado un Estado palestino, aunque con algunas «reservas», reclamando el reconocimiento palestino de Israel como Estado judío.
Para cerrar el círculo, el 14 de junio, en un discurso para cuya exposición eligió significativamente el «Centro Beguin-Sadat» de la Universidad de Bar-Ilan, reiteró su aceptación para un Estado palestino sin perjuicio de lo que para Israel es el punto crítico de su existencia o sea su seguridad. Por eso planteó dos principios: Los palestinos deben reconocer sin ambigüedades a Israel como el Estado del Pueblo judío y el Estado palestino debe ser desmilitarizado. Sería el camino hacia la paz. Mientras tanto no se construirán nuevos asentamientos ni se ampliarán los existentes. Dirigiéndose explícitamente a los palestinos liderados por la Autoridad Palestina, Netanyahu hizo una exhortación para iniciar de inmediato negociaciones sin precondiciones.
Proponer la reconciliación entre Estados Unidos y el Islam en el mismo contexto que el tránsito hacia la paz entre israelíes y palestinos estimulando la respuesta del Primer Ministro de Israel, son logros nada desdeñables del discurso de Obama.
No dijo que eso implica una cultura de reciprocidad en vez de sumisión de una u otra parte. El tiempo dirá si las semillas que sembró cayeron en tierra fértil. Por lo pronto le dio pie a que el Islam moderado calificativo que siempre he visto por parte de voceros occidentales- haga oír su voz por lo menos tanto como la de los islamistas propiamente dichos que preconizan exactamente lo contrario.
El planteo de Obama implica lisa y llanamente la modernización del Corán, tal como se ha hecho con los textos de las otras religiones monoteístas. Menuda tarea en los tiempos actuales.
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