EDITORIAL

Habrá plebiscito: Nunca más

Ayer sobre las 17 horas, la Corte Electoral suspendió el conteo de las firmas entregadas para promover un plebiscito por la anulación de la Ley de Caducidad. El sábado 25 de abril se entregaron al Senado 340.043 firmas. Pocos días después fueron recibidas por la Corte Electoral que inició un proceso de cotejo. Ayer las firmas validadas sumaron 258.326 y superaron el mínimo requerido. Habrá plebiscito. El 25 de octubre, los uruguayos tendremos una posibilidad histórica para cerrar definitivamente una herida política, jurídica y ética en nuestra sociedad; podremos anular definitivamente una ley vergonzosa, inconstitucional, hija de las presiones, el miedo y los intereses de poder más mezquinos.

Esa ley ya en su nombre muestra lo infame de su cometido: la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado; la renuncia del Estado y de la sociedad a perseguir y castigar a los peores crímenes cometidos en la historia del Uruguay. Esa ley que fue votada de apuro, animada por el ruido de sables, que fue convenientemente amplificado por la derecha y los medios de comunicación que le respondieron y le responden, para avalarla con el único argumento posible: el miedo.

La tendremos además, de la mejor manera, con mecanismos democráticos, ciudadanos, entre todos, en paz. Y eso no cayó del cielo. Es un mérito enorme, de la Comisión Nacional por la Nulidad, del PIT-CNT, de la FEUU, de Fucvam, de los militantes del Frente Amplio, de este como tal y también de los blancos y colorados que juntaron firmas. Es una victoria cívica y democrática de los miles de muchachas y muchachos, trabajadores y jubilados, que durante meses recorrieron pacientemente el país de arriba a abajo para juntar las firmas, para argumentar, para convencer. Lo hicieron a pesar del ninguneo de los grandes medios de comunicación que ni siquiera hablaban de que había una campaña, que no consideraron noticia que 340.043 compatriotas firmaran para anular una ley.

También a pesar de los politólogos orgánicos de la derecha que se cansaron de augurar que no se llegaría a las firmas y de aquellos que siguen apostando al miedo, a la desconfianza, al rencor; ellos sí prisioneros de un pasado que quieren empecinadamente perpetuar en el presente.

LA REPUBLICA modestamente aportó desde el primer día informando sobre el esfuerzo cívico de decenas de miles de compatriotas en la recolección de firmas. En la etapa final, ante lo enorme y desigual del desafío, aumentó el compromiso, convocó a firmar; encartó y repartió decenas de miles de papeletas y contribuyó incluso a que cientos de uruguayos que están en el exterior pudieran sumarse al esfuerzo.

Definitivamente la impunidad será un tema de debate en la campaña electoral y los partidos políticos y sus candidatos deberán definirse, con claridad, sin vueltas, sobre ella.

En este debate nacional, imprescindible, vendrán las chicanas, las falsedades, las renovadas acusaciones de revanchismo, las nuevas apelaciones al miedo y las campañas negras. Habrá que enfrentarlas con argumentos.

Es cierto que es un debate sobre el pasado y sin embargo también es mentira. Porque anular la impunidad implica fundamentalmente cuestionar la proyección que esta tiene en el presente y en el futuro. En esencia se trata de si los uruguayos estamos dispuestos o no a que nuestras leyes estén basadas en la amenaza y el miedo. Nada más y nada menos.

En el debate habrá que recordar, que consultados por la Suprema Corte de Justicia, el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Fiscal de Corte consideraron inconstitucional la Ley de Caducidad. Señalar también que hace menos de dos meses el Consejo de DDHH de la ONU le recomendó a Uruguay su anulación porque es violatoria de normas y convenios internacionales.

No se trata de solamente de profundizar el camino de verdad y justicia abierto por este gobierno; de terminar con la tragedia de los desaparecidos, de derrumbar el muro de silencio y mentira sobre los crímenes de la dictadura y de enjuiciar a sus responsables, militares y civiles.

No es un enfrentamiento entre izquierda y derecha y mucho menos entre civiles y militares. La impunidad es una afrenta a la democracia y a la dignidad de los uruguayos, civiles y militares, de derecha y de izquierda, de todos.

El plebiscito que tendremos el 25 de octubre, a la vez que las elecciones nacionales, es una oportunidad para que la ley vuelva a ser igual para todos, un camino para el reencuentro entre los uruguayos basado en la verdad y no en el ocultamiento; una manera ciudadana y rotunda de decir. Nunca Más.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje