Evaluación electoral interna
A menos de un mes de las internas, vale hacer un examen con criterio y objetividad, malgré el «coranzoncito» que cada cual tenga, dentro de lo posible. Las realidades en cada partido político o coalición es distinta, sin perjuicio de un electorado flotando o no tan comprometido afectivamente a tradiciones e historias partidarias, ideológicas o costumbres que cada cual las tiene y es bueno que así sea. La colectividad, a mi criterio, que más ha sufrido ese desfasaje de votos flotantes perdidos, es sin duda el partido colorado. Un partido cuyo electorado fue mayoritariamente ciudadano, el cual tiene más anuencia que contradicciones patrias, ser un votante más comprometido con frías evaluaciones intelectualizadas e intereses personales burocráticos propios de cargos estatales en la que basó desde antaño, su maquinaria electoral. Tuvo y lo sigue teniendo el drama de una devaluación dirigencial o desgaste de dirigentes que en el tiempo se fueron desmoronando sin permitir la necesaria renovación de valores que los puedan suplir. Los dos «popes» principales existen desde los albores del lejano año 1958 (los jóvenes turcos del batllismo de la lista 15, que así se llamaban, según cuentan). Y, si algún cambio hubo o hay, se materializa en Pedro Bordaberry. Un verdadero drama del coloradismo. No porque don Pedro sea bueno o malo, sino porque dicho sin ánimo de mordacidad u ofensa, su solo apellido por obvias razones causa el pánico. Al menos por ahora. Y acá, el meollo del drama. Ese electorado viejo batllista que un par de elecciones atrás ganó un balotaje y la Presidencia consiguiente, en tan poco tiempo no pudo desaparecer. La explicación natural es que ante la falta de candidatos atractivos ha reforzado a Lacalle, su antiguo socio de coaliciones y acuerdos, no obstante las diferencias tradicionales históricas.
Larrañaga rompió coaliciones (Convención del Platense) en su momento, con un cerno absolutamente más blanco radical. Es también evidente el traslado aparente de ese batllismo hacia el lacallismo, el odio visceral a la izquierda del colorado tradicional que hace inclinar sus preferencias al Cuqui por similar afinidad. Y afirma esa tesis, que en la interna blanca, no han habido movimientos sustanciales de dirigentes blancos para ningún sector entre sí. O sea, los blancos, mantienen sus dirigentes tanto en Alianza como en el lacallismo, prácticamente inmóviles. O sea, el ala conservadora colorada, está influyendo a favor de Lacalle. Sin perjuicio de un posicionamiento de centro izquierda del sanducero que ha reflotado el wilsonismo y también viejas tendencias progresistas de izquierda nacionalista que representarán en su momento.
Quijano, Carnelli, Rodríguez Camusso, Penco, Haedo, Cusano, Erro que supieron hacer una muy buena parte de la historia del blanquismo. Larrañaga da la opción y ese es su perfil, a los blancos que se fueron del partido hacia el frente, por discrepancias con la derechización o conservadurismo en la que se había volcado la colectividad. Nadie vuelve hacia sectores por los cuales se fueron de la casa paterna. Cambios y caras nuevas y renovadas que brindan oportunidades a los «familiares u hermanos» idos, que abren las ventanas y puertas de la añeja casona que hizo la Patria. En buen romance, se ofrecen las dos opciones. La derecha o líneas conservadoras, que siempre hubieron justo es admitirlo con injertos importantes colorados en unos y líneas progresistas, que también siempre hubo, aireando como hizo Wilson con Larrañaga, en los otros. Este planteo interno del nacionalismo depende de factores emocionales, de quienes desean, por afectos e identidades con los que hicieron la Patria, rescatarlo en sus más remotas como gloriosas historias heredadas del Libertador Oribe. En el Frente también parecen distintas las realidades expuestas. Cada vez se aleja más el «Pepe». El fenómeno Mujica cada vez que se le quiere «dar», se agranda en su interna, la diferencia.
Sería cosa de avisarle a Julio María y a don Pedro, que no lo critique más porque «flaco» favor le están haciendo. Supongo que debe estar «muerto de risa»… En definitiva, la realidad más compleja es la del nacionalismo. En términos «globales» generales, la derecha se abroquela aparentemente con el Cuqui. El centro izquierda joven y renovado con el gaucho Larrañaga. Y la izquierda radical «aporteñada» con Mujica. ¡Queda poco tiempo! elijan el que les resulte adecuado a sus gustos y paladares. ¡Al decir de Wilson: «los blancos con los blancos»! ¡Yo me voy con ellos!
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