De ciegos, sordos y chambones

Es evidente que las actuaciones de Rafael Michelini y Esteban Valenti en el debate por la elección del candidato a la presidencia han sembrado vientos y cosechado tempestades. También es evidente que como contrapartida Danilo Astori se ha comportado con una caballerosidad que sólo merece elogios hasta de quienes lo hemos criticado en reiteradas oportunidades.

Rafael es un excelente columnista, inteligente, informado, aunque muchas veces el nerviosismo lo traiciona y la pasión lo enceguece. Aún lo recuerdo a mi lado gritando ¡Jamás! cuando propuse que el PGP retornara al Frente Amplio; pero lo felicito por haber cambiado de opinión, ya que, como decía Abraham Lincoln, «no tengo ningún respeto por un hombre que no es hoy más sabio que ayer». Como todo ser humano, tiene aciertos y errores; el problema es que sus errores hoy están perjudicando al Frente Amplio.

Veamos en qué tiene razón. En primer lugar tiene derecho a discrepar y es el Frente que tiene que aceptar las diferentes visiones de sus integrantes. En eso aún quedan aristas por pulir. En segundo lugar tiene toda la razón cuando afirma que el triunfo no está asegurado. También es bueno que nos recuerde que en 1984 sólo ganamos por 9.000 votos. No seamos ciegos ni sordos.

Sin embargo, creo que se equivoca al considerar que mucha gente nos prestó el voto. Todos esos votos llegaron a nosotros por:

1. El hartazgo que les produjo la enorme corrupción, demagogia, soberbia e insensibilidad del partido blanquicolorado.

2. Unas 30.000 personas llegaron del exterior a votar con un entusiasmo histórico.

3. Por la también entusiasta militancia de a pie, que fue barrio a barrio, puerta a puerta, por todo el país a pelear voto a voto y con argumentos sólidos, creíbles.

4. El candidato que inyectó dicho entusiasmo en los militantes.

Sin esa militancia pujante estamos fritos; y sin ánimo de descalificar a Danilo Astori (por quien cada día tengo más respeto), creo que José Mujica es el que más entusiasmo genera entre los verdaderos responsables del triunfo, es decir, los anónimos compañeros candidatos a nada.

Debo decir con mucha pena que Rafael se equivoca al tratar de chambón al próximo presidente, y burlarse de Marcos Carámbula porque «nadie piensa en él, nadie habla de él».

Segundo o tercero, la candidatura de Marcos, apoyada nada menos que por la Vertiente Artiguista, fue impulsada por la gente y ha sido muy positiva para la izquierda. Merece respeto y agradecimiento. Con todo, Rafael es un hombre capaz de grandes gestos, y seguramente, cuando escampe y reflexione, sabrá pedir disculpas a estos compañeros y será aplaudido por todos por tal hidalguía.

Por último, no es que otros estén equivocados, sino que pienso diferente, si me permiten. El candidato a vicepresidente no debe necesariamente ser quien obtenga el segundo lugar, sino quien más afinidad ideológica tenga con Mujica. Puede, incluso, no pertenecer a la terna. Al fin y al cabo, Obama no eligió a Hillary Clinton para secundarlo. Puede que una sorpresa sea buena como renovación del entusiasmo (¿cuánto he reiterado el término?); pero esa sorpresa le toca darla a quien gane la interna. Yo espero que sea Mujica.

También espero que algunos comprendan que lo importante no es sólo ganar, sino ganar sin dejar de lado nuestros ideales. No sea que, por coquetear con la derecha, nuestros militantes de izquierda se queden en la casa y la oligarquía nos dé un revolcón de antología en octubre.

Por ahora recordemos a Martín Fierro (y al que le caiga el sayo que se lo ponga):

«Los hermanos sean unidos

porque esa es la ley primera;

porque si entre ellos se pelean

los devoran los de afuera».

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