¿El modelo es Lula?

Cuando se vive la campaña electoral solemos descuidar definiciones que proyectan el futuro de un gobierno. Mujica ha dicho y reiterado que su modelo es Lula. En su página web escribe: «¡Grande Lula! Uniendo a los diferentes. Lula no ha hecho ninguna revolución, pero sacó a 50 millones de personas que estaban sumidas en la indigencia y les dio dignidad y esperanza. Y en el mismo acto que cumplía una enorme meta solidaria, ampliaba la polenta de la economía brasilera […]. Admiro y me identifico con varias cosas de Lula».

Hay dos modos de acompañar al precandidato: mimetizarse con sus afirmaciones, silenciar opiniones discutibles o equivocadas, o bien acompañarlo con principios, estrategia y tácticas que apunten a los objetivos de una construcción socialista. En esta segunda opción importa considerar: a) que el período de Lula ha sido de bonanza económica hasta 2008 y el que vivimos es y será de crisis; b) que Uruguay no es Brasil; c) que el modelo capitalista de Lula conlleva la exclusión. El gobierno de Lula en años de bonanza de los precios de exportación ­sin romper la dependencia del gran capital trasnacionalizado­ a través de programas sociales ha amortiguado la pobreza: Bolsa Familia, Bolsa Escuela, Prouni (becas universitarias), créditos baratos a pequeños prestatarios, etc. Estos programas imprescindibles les hacen sentir a los más pobres y excluidos que están protegidos por Lula. Leonardo Boff valora: «Con las innovaciones sociales benefició a cerca de siete millones de personas. Para estas personas que antes casi no comían y vivían en la miseria, esta política significó una especie de entrada al paraíso terrenal prohibido». Sin embargo, agrega que se destinan muchos más recursos al pago de las tasas de interés que al gasto social. Y culmina: «Día a día crece la convicción de que esta política económica es inadecuada para la política social. Llueven las críticas y hay decepción en los movimientos sociales». («El gran dilema del presidente Lula» , LA REPUBLICA, agosto de 2005).

¿Están mal los ‘planes asistencialistas’? ¡De ninguna manera! Lo que está mal es el conformismo, quedarse sólo en ellos, sin asumir una política económica que combata las causas de fondo de la miseria y de la exclusión; esto es la dependencia al imperialismo y al gran capital trasnacional, y la necesidad ineludible de la reforma agraria, de la reforma urbana, de la industrialización, del combate a la desigualdad, etc.

El modelo de Lula no ha resguardado a Brasil frente a la crisis del sistema. Al contrario, es uno de los países más afectados y tan sólo en diciembre hubo 600.000 nuevos desocupados. Por consiguiente, ya se observan modificaciones en la conducta de las clases populares. Hace menos de un año, la prensa informaba que las invasiones de tierras y la ocupación de predios públicos habían perdido fuerza a pesar de que en el campo había una verdadera guerra civil, pero hoy la Comisión Pastoral de la Iglesia Católica afirma que las luchas alcanzan niveles desconocidos, con un muerto cada 42 conflictos. Mientras el gobierno da vía libre a las multinacionales productoras de soja, de madera, de alcohol.

Quizás lo más grave de esta apuesta al ‘desarrollo’ basado en multinacionales, ‘compensado’ con planes sociales, es la desorientación de las fuerzas de izquierda, que no aciertan en lo que es elemental y que se refleja en las reflexiones de Boff: apoyar a Lula toda vez que el gobierno adopta medidas que sirven a las clases populares, a la vez que criticarlo, por sus inconsecuencias y conciliaciones. Esta incapacidad de aprender de las enseñanzas de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Mao, Fidel, entre otros, ha sido y es el principal obstáculo de siempre de la izquierda cuando no ha afinado la comprensión de la situación concreta y la estrategia y las tácticas acordes a aquella. No se ha aprendido lo elemental, la necesidad de un amplio frente anti-imperialista continental, que ha llevado por la izquierda a Chávez a pedir el apoyo a Lula y a Tabaré, o nos lleva a muchos a apoyar a Mujica, cuyo modelo es Lula. En todo caso, para Uruguay será un paso adelante que su gobierno deje atrás el modelo chileno, el país de los múltiples tratados de libre comercio que lo sumergen en la múltiple dependencia. Sí a la amistad con Lula, a ser aliados de Brasil en todo lo posible. Sin olvidar que Brasil tiene ­y Lula es su presidente­ conflictos históricos y ahora de intereses de sus trasnacionales con Ecuador, Bolivia, Paraguay y también Uruguay. Y si defendemos nuestra soberanía, como poco se ha hecho hasta ahora, estaremos más cerca de Correa, de Evo y de Lugo.

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