Demostraron lo que son

Nadie podrá negarlo, porque fue un hecho muy evidente. Tuvieron bastante tiempo durante dos días para compartir el sentimiento general, pero por el contrario, estas personas nacidas en el Uruguay no acompañaron el dolor que a nivel mundial se pronunció hace pocos días cuando falleció la más grande figura literaria de nuestro país.

Estos insensibles hicieron primar sus ideas políticas sobre el pronunciamiento solidario hacia el gran escritor. Durante esos días pudimos comprobar la ausencia de parlamentarios, dirigentes, candidatos y hasta numerosos allegados tanto al Partido Nacional como al Partido Colorado durante el velatorio de Mario Benedetti como también en su entierro.

Ni uno, ni una de esas caras que vemos todos los días muy preocupados en este año en especial y que nos hablan de ética, de cultura y de comportamientos sociales. Esta gente no pudo salir a la calle a darnos ejemplos ciudadanos como lo están haciendo los candidatos presidenciales de manera tan descarada engañando públicamente a quienes los escuchan, desconociendo por completo al máximo exponente de las letras uruguayas.

Este hecho generalmente de nuestros eternos defensores democráticos no puede dejarse sin comentar porque aquí comprobamos el íntimo pensamiento que sostienen hace tiempo. Todos estos personajes, todos ellos, ya que ninguno tuvo la valentía de ir al Salón de los Pasos Perdidos a tributar su homenaje al ídolo nacional.

De todo el mundo llegaron las condolencias corroborando el valor que tenía Benedetti, no importaba la filiación política, aquí se trataba de alguien que logró superar los odios y pasiones de cualquier sector.

Si bien Mario incursionó cierto tiempo como representante frenteamplista, su vida entera la entregó al sentimiento comunitario y escribió ejemplarizando las condiciones humanas de toda una época.

Estuvieron muy mal, tanto blancos como colorados al no expresarse ante la muerte del escritor y fundamentalmente esa no es la forma de ejercer una actividad tan trascendente por lo que cabe preguntarse qué importancia le darán al común de la gente si en este caso se portaron así.

Pueden estar tranquilos que los uruguayos no somos bobos, que lo que hicieron no pasará desapercibido, solo basta apreciar la multitud que asistió al Salón parlamentario y la muchedumbre que lo acompañó en el sepelio hasta el Cementerio Central.

Estas cosas quedan grabadas y en su momento se cobrarán. A los mentirosos desalmados les llegó su cuarto de hora y al genial Mario Benedetti todo un pueblo lo mantendrá vivo en su memoria.

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