Las diferentes caras de la crisis
Los organismos internacionales, los gurúes financieros, los expertos económicos, no logran ponerse de acuerdo sobre casi nada con respecto a la crisis internacional.
Algunos dicen que ya se llegó al piso y que ahora se empiezan a ver las primeras señales de recuperación. Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y ex jerarca del Banco Mundial, discrepa y afirma que aún no se llegó al fondo y augura dificultades serias todavía.
Sólo como muestra, en EEUU General Motors está al borde de la quiebra y Chrysler recibió una nueva inyección de más de 700 millones de dólares de fondos estatales para intentar evitar que llegue a la misma situación.
En Uruguay el impacto sigue llegando, cayeron las exportaciones en abril y seguramente demoren en recuperarse. El dato requiere al menos de dos precisiones: la comparación es con el año 2008, el mejor año de la historia reciente de nuestro país y además, es casi obvio que iba a ser uno de los sectores más afectados ya que donde la crisis golpea más fuerte es en los países que son nuestros compradores.
El impacto no es tan grave, ni pronunciado, por un cúmulo de razones, todas ellas vinculadas a la acción de gobierno. Baste señalar sólo una, la apuesta decidida a diversificar los mercados para nuestros principales productos; en el caso de la carne, por ejemplo, se está vendiendo a más de 100 países. También ayuda el fortalecimiento, más allá de los problemas, importantes por cierto, del intercambio regional; es un colchón nada menor.
A ello hay que agregarle otro dato. Un elemento clave para mantener el dinamismo económico y amortiguar los impactos es la fuerza del mercado interno. El consumo de los uruguayos está contribuyendo decisivamente a que la caída de la actividad económica no sea del dramatismo de otras latitudes. En ello tiene que ver claramente la política del gobierno del Frente Amplio de recuperación salarial, unida a la lucha librada por el movimiento sindical en los Consejos de Salarios.
Ante ello, cabe realizarse algunas preguntas: ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera apostado todas las fichas a un TLC con EEUU como quería y sigue queriendo la derecha? ¿Qué hubiera ocurrido si como recomiendan las recetas neoliberales y reclaman sectores empresariales, se hubiera apelado una vez más al salario como variable de ajuste? ¿Qué hubiera ocurrido si no se hubiera incorporado a cientos de miles de personas que estaban marginadas absolutamente de cualquier mecanismo económico, sumidas en la miseria y el abandono?
Ensayar las respuestas a estas interrogantes es un ejercicio intelectual y ciudadano altamente recomendable, mucho más cuando desde la derecha se reiteran propuestas en esa dirección en caso de que logren ganar las próximas elecciones nacionales.
Estas reflexiones no estarían ni medianamente completas si no se incorporara el papel diametralmente distinto al del pasado que jugaron durante estos cuatro años el Estado y sus instrumentos de promoción y acción económica.
Un solo ejemplo. La Corporación Nacional para el Desarrollo fue recibida por el gobierno del FA al borde del colapso. Había perdido el 50% de su capital inicial de 60 millones de dólares en inversiones ruinosas. El otro 50% estaba comprometido en la compra de acciones y asistencia a bancos fundidos que nunca volvieron a abrir. Es decir, la CND estaba prácticamente con capital nulo. En estos cuatro años se cambió completamente el enfoque de su acción, no realizó más inversiones de riesgo, es decir no compró más acciones de empresas fundidas o en camino de serlo y se enfocó en promover el acceso a financiación de emprendimientos, particularmente de pequeñas y medianas empresas.
En un año y medio la CND recibió alrededor de 3.000 proyectos de emprendedores para procurar su financiamiento. Casi nada.
La crisis mundial es grave, sus impactos son y serán importantes, pero un gobierno de izquierda, con una política distinta, radicalmente distinta a la que hubiera adoptado un gobierno de derecha, ha generado condiciones diferentes para enfrentarla.
Con el objetivo central de proteger a los más vulnerables, a los pobres y a los trabajadores, pero asumiendo un rol activo del Estado para garantizar la actividad económica en general, es decir amparando a todos los uruguayos, a todos, sin olvidarse de nadie.
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