Tres recuerdos
Imagen de Mario. Tengo una foto en la biblioteca que captó a Enrique Rodríguez, Mario Benedetti y el suscrito. Está tomada en la embajada soviética el 7 de noviembre de 1988, como dice, prolijamente, en el reverso. Fue una de las últimas celebraciones de la revolución rusa, poco antes de la implosión de la URSS. La saco a relucir ahora, porque muestra a un Mario Benedetti totalmente distinto a las decenas de fotos que estuvimos viendo en todos los medios. Se está riendo a carcajadas, con una expresión de gozo que contrasta con las expresiones melancólicas, o a lo sumo con una leve sonrisa, que desfilaron estos días ante nuestros ojos en las páginas impresas y en la televisión. Tengo el vaguísimo recuerdo de que Mario estaba tomando un refresco, no una vodka. Sin duda la risa fue provocada por alguna humorada del ñato Enrique Rodríguez. ¿Se imaginan ustedes un diálogo entre estos dos personajes, tan populares ambos, pero por razones tan diferentes?. Tan anclados en el corazón de la gente. Quienes conocieron a Enrique me comprenderán. Yo era un testigo privilegiado, que disfrutaba de la escena. En el tiempo y la distancia, hoy le doy gracias al oportuno fotógrafo.
Monseñor Parteli. El 26 de mayo se cumplen 10 años del fallecimiento de monseñor Carlos Parteli, arzobispo de Montevideo. El diputado Juan Andrés Roballo, de la Alianza Progresista, hizo días pasados en Cámara, una hermosa evocación de su rica trayectoria vital. Destaco este pasaje de su alocución: «Fue el primer obispo uruguayo en ingresar a un local político de una organización marxista, el Partido Comunista. Lo hizo para orar ante los féretros de los 8 militantes de ese Partido fríamente asesinados en aquella infame madrugada del 17 de abril de 1972 y para acompañar en esa situación por demás dolorosa. Imaginemos por un momento el contexto social y político para entender cabalmente la valentía y la coherencia evangélica de Parteli. Todavía hoy, quienes estuvieron allí me hablaban de lo impactante y, a la vez consolador que resultó, en aquel momento de dolor, ver a Parteli, con su sotana negra, ingresar a ese local acompañado de otros sacerdotes». Y no sólo eso. Después subió y lo recibió Arismendi junto con la dirección del Partido en la secretaría con ventanas a la calle Sierra. Arismendi agradeció el gesto de Parteli en toda su significación, habló del Sermón de la Montaña y del diálogo entre cristianos y marxistas que estuvo en la base de la creación del Frente Amplio, en febrero del año anterior.
El hijo de Julio D’Elía. El 21 de mayo, en la Intendencia, un conjunto de jóvenes argentinos y uruguayos fueron declarados ciudadanos ilustres de Montevideo. Entre ellos hay muchachas y muchachos que ya son entrañables y se han mezclado a nuestras vidas, como Macarena Gelman, Amaral García, Victoria Julién, Mariana Zaffaroni, Victoria Moyano. Y estaba también Carlos D’Elía. Es el hijo de Julio d’Elía, uruguayo, sobrino del gran líder sindical Pepe D’Elía y desaparecido en Buenos Aires. Aquí irrumpe el recuerdo. Era uno de los que se reunía con nosotros en la capital argentina en 1974 y 75 para editar una publicación de denuncia de la dictadura uruguaya. Varias veces he contado esta historia. Allí estaban el inolvidable rector Oscar J. Maggiolo, Michelini y Gutiérrez Ruiz, Gargano y José Díaz, Alberto Pérez Pérez, mientras Julio D´Elía y yo completábamos la nómina. Nos reuníamos en el departamento del rector, y después en el de Gutiérrez Ruiz en la calle Posadas, cerca de Retiro, de donde se lo llevaron en la madrugada trágica del 18 de mayo de 1976. Julio D’Elía era de los más asiduos y exigentes en el trabajo. Después nos dispersamos. Más tarde supimos que a Julio D´Elía, que trabajaba en la empresa argentina de Papel Prensa, se lo habían llevado de su domicilio en la periferia de Buenos Aires y estaba desaparecido, junto a su esposa Yolanda. Ahora reaparece su hijo entre nosotros.
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