Los pobres y la crisis
La reflexión sobre los impactos de la crisis internacional es un imperativo del momento. Llamativamente, en el plano nacional, se pasó de augurios catastrofistas y reclamos empresariales, políticos y mediáticos, a una ausencia casi completa del tema o esporádicos eructos apocalípticos.
Sin embargo, la crisis y su impacto sobre la economía en general y sobre la vida de las personas en particular, sigue siendo preocupación permanente del gobierno y de todos, más allá de los medios y sus vaivenes.
Hace pocos día, se realizó en Montevideo el Foro Unión EuropeaAmérica Latina y el Caribe, que trató sobre: «Las políticas fiscales en tiempos de crisis: volatilidad, cohesión social y economía política de las reformas». Un tema clave, más cuando la derecha política, empresarial y mediática, reclama retracción del gasto público, exhoneración de aportes patronales y falta más, rebaja de salarios, como soluciones al impacto.
Estas medidas aplicadas en la crisis de los 80, mantenidas y profundizadas en la bonanza de los 90 y vueltas a profundizar en la crisis de 2001 y 2002, por gobiernos blancos y colorados, profundizaron la recesión cuando la hubo e impidieron que el conjunto de la sociedad fuera parte de la recuperación, también cuando la hubo.
Insisten en defender su paradigma neoliberal que voló en mil pedazos en los centros capitalistas mundiales. Nada de Estado, dicen, pero en EEUU, Europa y Asia se recurre a gastos multimillonarios del Estado para tratar de solventar la gigantesca estafa llevada a cabo por los banqueros, financistas y especuladores de toda laya, bien privados y desregulados ellos.
Aquí es igual, cuando dicen que el Estado no gaste, en realidad dicen que gaste sólo en ellos, como siempre ocurría antes.
Por eso es tan importante lo que señaló en este foro, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena.
Bárcena felicitó la iniciativa birregional, recordó y argumentó con datos que la situación de nuestra región respecto a crisis anteriores y a la situación de buena parte del mundo es singularmente mejor y distinta, aunque no exenta de problemas. Instó a recordar y aprender de experiencias anteriores. En particular de las crisis que asolaron nuestra región en los años 80. Años de neoliberalismo, desregulación, privatizaciones y apertura indiscriminada al mundo.
Bárcena afirmó que debe tenerse especial cuidado en proteger a los más débiles, ya que luego de la crisis de los 80, a la región le llevó 14 años recuperar el PBI perdido, pero le llevó más de 25 años volver a sacar de la pobreza a aquellos que habían caído en la misma.
Es decir, recuperar el nivel de actividad económica perdido en dos años llevó 14. Pero sacar a la gente de la miseria y la pobreza, llevó 25 años, es decir el doble. Es que al contrario de lo que dicen los dogmáticos neoliberales, el crecimiento económico no garantiza la distribución, ni siquiera un mínimamente justo reparto.
El crecimiento de los 90 llevó en realidad a una concentración vergonzosa del ingreso y dejó intocados los bolsones de miseria que la crisis creó.
La nueva crisis de 2001 y 2002, con un Estado debilitado, con presupuesto raquítico y casi sin capacidad de reacción, multiplicó exponencialmente la pobreza, el abandono de cientos de miles de personas a su suerte. En Uruguay significó que hubiera más de 1 millón de pobres. Esa hecatombe social no se revierte en cuatro años y, en gran medida, aunque se haga un gran esfuerzo en ocultarlo, explica los niveles de disolución del tejido social y, en gran medida también, los niveles de inseguridad y violencia.
El gobierno del Frente Amplio y todos los gobiernos de izquierda de la región han optado por defender a los más vulnerables. Construir redes de protección social. En nuestro país se expresan en el Plan de Emergencia, luego en el Plan de Equidad, la universalización de las Asignaciones Familiares, la extensión de la seguridad social a sectores que nunca en la vida la tuvieron, el carnet alimentario para 88 mil familias; entre otras iniciativas.
Ese es el camino, no el que vuelven a proponer y reclamar, el del sálvese quien pueda.
No podemos permitir que esta crisis precipite nuevamente a millones en la miseria, no se pueden regalar los avances, todavía insuficientes, pero innegables que se han conquistado.
Esto también estará en juego en octubre, conviene no olvidarlo.
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