Benedetti: El lado iluminado de la palabra
El 1º de noviembre de 1968, en el Semanario Marcha, de Montevideo, apareció una nota en la cual Don Mario Benedetti, negaba el rumor que circulaba en su país en el sentido de que había muerto y en sus propias palabras dijo: «Confieso (…) que después de esta segunda sobrevida me siento un poco gato, en tal carácter espero sobrevivir por lo menos a otras cinco falsas muertes».
Pasarían desde ese entonces 41 años para que Benedetti dejara de existir físicamente. El pasado domingo 17 de mayo el mundo entero vivió una profunda tristeza por esta infausta noticia, y no podía ser de otra manera, porque este escritor, poeta, camarada, amigo y ciudadano uruguayo y universal, en vida, fue un hombre comprometido con la causa de la humanidad.
Don Mario, al hablarnos con palabras proféticas, de amor y desamor, de ausencia y exilio, de añoranza y compromiso, de injusticia y dolor, lo hizo siempre en defensa de la alegría y de la vida. Por ello, su pluma, sus ideas y su mérito como militante de la palabra y la dignidad, quedarán impresos en la memoria de nuestro Pueblo Sudamericano.
Estos días son difíciles porque se acaba de ir y ya nos hace falta el poeta. Andrés Eloy Blanco, otro poeta, de la tierra de Simón Bolívar, dijo hablando sobre la muerte de un amigo: «No hay que llorar la muerte de un viajero, hay que llorar por la muerte de un camino».
El camino que tantos y en todo el mundo transitamos con Benedetti como un susurro en el oído o como un nudo en la garganta, estará allí por siempre, en su legado, en su ejemplo y en su herencia literaria para la humanidad. Así que, más allá de su desaparición física, regocijémonos, porque ni el Maestro, ni su camino, han muerto; él ha sido sembrado y ya comienza a florecer, como sólo los grandes en la humanidad lo hacen; y nosotros, el mundo entero, transitaremos ese camino que él nos hizo al andar. Hoy, los hombres y mujeres de nuestra lengua, por quienes él cantó, por quienes luchó, por quienes vivió, y para quienes escribió, sentimos su partida; y en medio de un vacío extraño en el alma, nos llena la felicidad y el tributo de que haya pasado en esta sufrida pero renaciente (cual Ave Fénix) cara del mundo. Por eso, no decimos adiós, sólo hasta siempre a un compañero, camarada y amigo del mundo entero, que alzó su palabra como arma de combate, y convirtió sus versos en cantos a la vida y la esperanza, es ese el legado que trasciende y el consuelo que nos deja. De esa manera será recordado en el porvenir.
Nuestro compromiso es y será defender la Alegría: defenderla del pasmo y las pesadillas / de los neutrales y de los neutrones / de las dulces infamias / y los graves diagnósticos, porque ahora, en el Alba de nuestra América, somos mucho más que dos.
Como muestra de nuestro respeto, aprecio y admiración para siempre hacia Don Mario Benedetti, en diciembre de 2007, en un homenaje especial, realizado en el paraninfo de la Universidad de la República de Uruguay, el presidente Hugo Chávez, le hizo entrega de la Orden Francisco de Miranda, uno de los reconocimientos más importantes que otorga la República Bolivariana de Venezuela a los hombres y mujeres que luchan con dignidad por el bien de Venezuela y de la Humanidad e igualmente se le entregó por parte del ministro del Poder Popular de Cultura de nuestro país, Francisco Sesto, el galardón correspondiente al rubro literario de la primera edición de los premios ALBA, mediante el cual se le reconoció su trayectoria como uno de los principales exponentes de la literatura iberoamericana y consistió en un cuadro de plata conteniendo el veredicto del jurado, 75.000 dólares y una estatuilla.
Con Alí Primera, el cantor del pueblo venezolano, decimos: Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.
Compartí tu opinión con toda la comunidad