Acerca del vice de Mujica

Cuando la elección del candidato presidencial del Frente Amplio parece definida y sólo resta saber la diferencia de votos, debe reflexionarse acerca de quién lo acompañará como vice.

 

El Frente Amplio siempre llevó una fórmula que asegurara la continuidad de la orientación. En 2004 ­después de triunfar Vázquez en la elección interna sobre Astori­ no designó como vicepresidente a su competidor sino a Nin Novoa, lo que para el presidente y la ciudadanía garantizaba que en ausencia del titular, se mantuviese el rumbo. Lo mismo, aunque sin elección interna, había sucedido más atrás en el tiempo: el de Seregni fue Astori, etc.

 

Han sido coherentes las nominaciones de vice-presidentes: tienen que ser afines a los presidentes. También el de Mujica tendrá que garantizar la continuidad de su orientación, la emanada del Congreso. Y con mayor razón ­digámoslo sin rodeos­ atendiendo a su edad. En el ayer no tan lejano, aparece el fantasma de Jorge Pacheco, cambiando la orientación del general Oscar Gestido. O en Argentina actualmente, el vicepresidente Cobos votando contra el gobierno. El Plenario del FA tendrá que completar la fórmula, y las minorías aceptar la decisión democrática de la mayoría. ¿Cuántas veces, según Mujica, tuvo que comerse el «pan podrido» de resoluciones del gobierno que no compartió? Pero así son las reglas de juego. En el Partido Nacional, Lacalle ha anunciado que proclamará su fórmula con Gallinal el mismo día de celebradas las internas. A nadie se le ha ocurrido la extraña fórmula Lacalle-Larrañaga. Descartemos las tardías ocurrencias aparecidas en el Frente cuando es prácticamente seguro quien vencerá.

 

Astori se ha negado a ser segundo y ha sostenido que se plebiscita entre «dos izquierdas». Sin embargo, en sintonía con su criticado contendor, «como te digo dos, te digo una», ahora afirma que hay una sola, el Frente Amplio, y que el «plebiscito» «es sobre el rumbo, los énfasis, el manejo de los tiempos y la orientación que se le quiere dar al próximo gobierno de la izquierda». Como quien dice, casi nada… De todos modos lo comprendemos: si aceptara ser segundo, se vería comprometido a sostener los criterios opuestos a los suyos; con el agravante de que, en ausencia de Mujica, tendría que asumir directamente el gobierno para impulsar lo que no comparte. Para separar bien las aguas hasta ha afirmado que debe haber identidad total entre el presidente y el ministro de Economía.

 

Coherente con sus enfoques recordemos que votó contra la posición del Frente en los pronunciamientos sobre la Reforma Constitucional (1996) y sobre Ancap (2003). No queremos ni pensar que pueda llegar a cambiar desde su eventual presidencia la línea ganadora en el plebiscito al que convoca, e ingresar a su «izquierda» por la ventana, la misma que no pudo entrar por la puerta grande del voto en las internas. O aun, que desde la vicepresidencia, vote contra su fuerza política siguiendo el pésimo ejemplo de su mentor respecto a la ley de salud sexual y reproductiva.

 

Será necesario respetar al Congreso y a los votantes que acudiremos a las urnas. La dupla Mujica-Astori nos haría concurrir a la elección nacional con una fórmula en disputa, en la que hasta los ateos votantes del Pepe prenderíamos velas por su salud todos los días.

 

Habrá que afinar la fórmula; hay numerosos políticos duchos, académicos y dirigentes sociales o sindicales, entre los cuales elegir. ¿Qué tal la audacia de una mujer, como ha sugerido Carámbula, llevando en la fórmula la igualdad de género?

 

No obstante, también habrá que analizar si hay razones para modificar el criterio tradicional del Frente, y en tal caso, de qué manera. Pero en esa hipótesis, primero hay que respetar la voluntad mayoritaria, garantizar el cumplimiento del programa y la continuidad de la orientación, ubicando segundo a alguien que no haya sido abanderado de la «otra izquierda», o de «la única» pero con tantas diferencias. En tal caso habrá que valorar las afinidades e idoneidades, ventajas y desventajas que ofrecen los otros tres precandidatos del Congreso, así como otros compañeros.

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