Desaparecidos: la violencia infligida contra la vida y la verdad

En este verano los reclamos por verdad y justicia, las preocupaciones por las violaciones de los derechos humanos no han cesado de presentarse tanto a nivel internacional como en nuestro país. Pinochet y su entorno siguen en vilo un proceso que no les da respiro, y que será un riquísimo material de estudio para mejorar la normativa internacional para los grandes procesos contra los violadores de derechos humanos y delitos de lesa humanidad. El ex dictador, para no enfrentarse a la verdad que surgirá de los juicios –donde cuenta con todas las garantías– no encuentra otro subterfugio que amplificar su decreptitud física y mental. Ya a esta altura queda claro para los millones de ciudadanos del planeta que han seguido este interminable proceso que se inició en octubre del 98, es que si se salva del proceso penal que se merece es por una búsqueda constante de atajos y que es posible que con certificados médicos de por medio vuelva a Chile. Lo cierto es que estos meses han permitido a gobiernos y organizaciones en defensa de los derechos humanos desplegar una campaña contra el olvido y por la construcción de sociedades verdaderamente democráticas y que la verdad se expandiera con la fuerza de miles de testimonios.

En Uruguay: la carta del poeta argentino Juan Gelman dirigida al doctor Sanguinetti donde públicamente nos ilustra sobre la historia de su hijo y nuera y de la necesidad de investigar sobre la suerte de su nieta o nieto que habría nacido en cautiverio en Uruguay (sobre lo cual aporta abundante información) y los recientes reclamos para saber la verdad de lo padecido por la maestra Elena Quinteros, han agitado nuestro normalmente apacible verano.

Estas dos situaciones nos dejan muchas enseñanzas:

* En Uruguay existe muchísima información de lo que pasó durante los años de dictadura: atropellos, tortura, desapariciones, asesinatos… y los responsables tienen nombre, alias y apellido. No se trata de datos vagos e inverificables…

* Las respuestas desde el Poder Ejecutivo han sido escuetas , de estricta formalidad, yo diría de una enorme frialdad. Ello queda establecido en la respuesta de nuestro Presidente al poeta Gelman, el 5 de noviembre del 99:

«…dispuse esa discreta averiguación…» «…ninguna investigación formal arrojó resultados positivos». Otro dato es que Gelman esperó 129 días desde el momento que puso el caso en conocimiento del Poder Ejecutivo y se le contestó porque el poeta en octubre hizo una carta pública… si no –me atrevo a inferir– todavía estaría esperando…

* Pero la enseñanza más importante es que a pesar de los intentos «de borrón y cuenta nueva» la comunidad uruguaya e internacional reconocen que la vigencia de los derechos humanos debe ser una práctica permanente y que en esa vigencia se debe llegar a todos los ámbitos de decisión.

* Es nuestro deseo que un diálogo más fecundo se inicie con la nueva Administración: las fuerzas progresistas, los ámbitos religiosos, las asociaciones de derechos humanos, las mujeres y hombres amantes de la paz seguirán por este camino.

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