MERCOSUR: independencia y soberanía

Gran repercusión mediática tuvieron el fin de semana pasado las declaraciones de uno de los pre-candidato blancos a la presidencia y su tenaz oposición al Parlamento del Mercosur. No es una opinión nueva, sino que fue, una nueva cuenta en el largo collar de declaraciones que ha hecho en contra del proceso ­y proyecto­ de integración política.

No es eso lo que me preocupa. En democracia, las unanimidades, además de ser extremadamente raras, generalmente son indeseables.

Lo que me preocupa, es la simplificación que hace de un tema y los términos en lo que lo hace; pretendiendo que el país, al avanzar en proceso de integración regional está haciendo una suerte de entrega de su soberanía y limitando su independencia.

Antes de hacer declaraciones de ese tipo, lo invitaría a que leyera las normas respecto a la proporcionalidad de los legisladores del Parlasur, y los mecanismos para la toma de decisiones que se encuentran en el Protocolo del mismo. En ese sentido, se decidió que la conformación del Parlasur sea con un criterio de representación ciudadana, según se establece en el artículo 5 de Protocolo. Más importante aún es que en su artículo 15, respecto a la toma de decisiones del Parlasur, se establece que, para el caso de mayorías especiales se requerirá «el voto de los dos tercios del total de los miembros del Parlamento, que incluya a su vez a parlamentarios de todos los Estados Partes», y para el caso de mayorías calificadas «se requerirá el voto afirmativo de la mayoría absoluta de integrantes de la representación parlamentaria de cada Estado Parte».

Como vemos, muy lejos de entregar o poner en jaque la independencia de nuestro país, se establecen una serie de límites y salvaguardas para que la voluntad de los países más poderosos, por la simple razón de tener mayor cantidad de habitantes, no se imponga a la de los países más pequeños y de menor población. Puede incluso interpretarse como una suerte de capacidad de veto de los países pequeños frente a los grandes.

Comparativamente, sería algo así como que en nuestro Parlamento, para aprobar ciertas normas, se precisara contar con el voto conforme de diputados de cada uno de los departamentos, para evitar que entre los legisladores de los departamentos más poblados tomaran decisiones que afectan a todo el país. Y, sinceramente, nunca escuché a este precandidato, tan celoso de nuestra independencia, preocuparse ni plantear si es legítimo que un legislador de Montevideo o Canelones pueda votar normas que afectan a los ciudadanos de Flores o Treinta y Tres.

Más importante aún, la propuesta de integración del Parlasur aprobada recientemente en Asunción, toma el modelo de representación atenuada de la Unión Europea. Y allá es un debate largamente superado si el Parlamento Europeo y el proceso de integración política, social, y económica, perjudica o beneficia la independencia de cada uno de los países que lo integran. Podrá decirse que, a diferencia del Mercosur, en la UE no existe un país que tenga casi 200 millones de habitantes, y es cierto; pero no es menos cierto que acá tampoco tenemos países (como hay en la UE) que tengan 400 mil, ni 500 mil habitantes. De tal modo, en el Parlamento Europeo, Alemania, que tiene 82 millones de habitantes, tiene un total de 99 eurolegisladores sobre 785 integrantes; mientras que Malta, con sus 400 mil habitantes, tiene 5, y Luxemburgo (500 mil), Estonia (un millón trescientos mil) y Chipre (casi 800 mil) tienen 6 cada uno.

Ni que hablar que si lo que pretendemos es un debate sano y serio de ideas, en nada ayuda ni aporta hacer alusiones a falsos patrioterismos, como el de mencionar a Artigas. Cualquier estudiante de Historia, podría señalar que si hay algo que nunca estuvo en la cabeza de Artigas fue, precisamente, la idea de un Uruguay como Estado independiente. Basta con revisar las fuentes documentales, especialmente las Instrucciones del año XIII para notar como él imaginaba a una Banda Oriental integrando una federación ­o confederación­ con el resto de las Provincias Unidas del Río de la Plata. O su radical negativa a volver al Uruguay una vez consagrada la independencia.

Con cierta rigurosidad histórica, sólo puede sostenerse que la idea más afín al ideario artiguista es, justamente, la tan criticada por el precandidato blanco: la de la integración política regional, en una suerte de confederación, porque los bloques regionales, como el que actualmente es la UE, y el que pretende llegar a ser el Mercosur, no son otra cosa que eso, confederaciones entre Estados independientes que, manteniendo su independencia política, aceptan construir colectivamente una instancia supra-nacional que, lejos de socavar sus soberanías individuales, las refuerce, y los potencie como actores colectivos en el mundo globalizado.

Y esta es la última idea que quiero dejar planteada. En un mundo crecientemente complejo, interconectado y globalizado, el conservadurismo es pensar que el concepto de soberanía sigue siendo el mismo que imperó en los siglos XIX y parte del siglo XX. Por tanto, es un nuevo y más moderno concepto de soberanía el que, como integrantes de la bancada frentista del Mercosur, queremos impulsar. Un nuevo paradigma, que no niegue nuestra identidad, sino que la refuerce mediante la cooperación y articulación con otros Estados.

La Unión Europea, el más acabado ejemplo contemporáneo de construcción soberana supra-nacional, no ha significado una disminución de la soberanía nacional de sus países miembros; si no que, le ha permitido a Europa ser un jugador relevante en este mundo global. Gracias a este proceso colectivo, la UE es uno de los 3 grandes bloques que existen en el mundo desarrollado.

Y siguiendo con los ejemplos, la UE ha hecho, desde mediados del siglo XX y en la forma de una confederación, lo que mucho antes y de forma federal hicieron los Estados Unidos: potenciar a las partes mediante el fortalecimiento del conjunto.

Pero para poder hacer del Parlasur un instrumento valioso, y para poder construir este nuevo paradigma de soberanía es necesario superar, de una vez por todas, la visión ideológica que pretendió hacer del Mercosur una mera unión comercial y aduanera; sin contenidos políticos, sociales ni culturales, basado en una visión anacrónica de lo que es la soberanía nacional.

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