Labores indecentes

En las últimas semanas el matutino de la derecha financiera ha asumido el muy dudoso honor de convertirse en vocero del principal grupo de poder político-militar que existe en el país: el constituido por el presidente Sanguinetti y el «lobby» castrense que tiene «cuentas pendientes» con la sociedad por imputaciones nunca investigadas de violaciones a los derechos humanos.

Hace apenas unos días, desde El Observador, se ponía en boca de «las Fuerzas Armadas» determinado tipo de planteamientos y exigencias que, de existir, constituirían una flagrante alteración del orden legal vigente.

Ahora El Observador, actuando como vocero del conglomerado constituido por Sanguinetti y sus «OCOA-boys», que son los que mandan en materias tan delicadas como las que tienen que ver con la desaparición de personas, pretende desmentir los dichos y los escritos de Juan Gelman.

Para eso, con una presentación deshonesta hecha al paladar de los secuestradores y su escudero político, intenta tergiversar el contenido de las denuncias formuladas por el abuelo del niño o niña desaparecida en 1976.

En esta misma edición de LA REPUBLICA las declaraciones y los hechos quedan absolutamente aclarados para quien actúe de buena fe.

Confundir para lavar de responsabilidades a las autoridades civiles y uruguayas responsables del Plan Cóndor es, de por sí, una actitud lamentable.

Pero más repugnante resulta la recurrida y obscena pretensión de culpabilizar a la víctima, de intentar transformar a quien pide justicia en culpable de algo.

De algo, por ejemplo, tan menor, moral y humanamente tan exiguo, como pretender obstaculizar «la carrera política» de un determinado funcionario público.

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