¿Revolución hoy?

El siglo XX ha demostrado que si la situación concreta no se comprende bien tampoco se transforma bien. En él el disparador del proceso revolucionario fue Rusia. Hacia el fin de la Primera Guerra Mundial, Lenin sostuvo que ella era el eslabón débil de la cadena imperialista, y que su revolución iniciaría un proceso cuyo centro de acción estaría en Europa Occidental, de capitalismo desarrollado y de proletariado poderoso, proceso que también se extendería al Oriente más atrasado. La Revolución Rusa tuvo lugar, pero no en el resto de la cadena, ni siquiera en Europa Occidental. Con el tiempo, el aislamiento de Rusia fue el trasfondo de debilidades y deformaciones que desembocaron en el restablecimiento del capitalismo.

La historia no se repite y el siglo XXI transcurre con otras pautas. El sistema capitalista domina. El sujeto revolucionario principal ­el proletariado­ ha sufrido transformaciones profundas y las ideologías no socialistas influyentes (liberalismo, democracia cristiana, social democracia) aletargan su praxis revolucionaria. De modo que el ciclo de revoluciones ha sufrido un prolongado eclipse. Sin embargo, para la perspectiva socialista, dos hechos trascendentes irradian luz en medio de las tinieblas. Uno, es la crisis del sistema capitalista. Otro, es el rico y contradictorio proceso que asoma en nuestra América, la América Latina y el Caribe, en la que intelectuales y políticos de izquierda depositan las mayores esperanzas (Chomsky, Ramonet, etc.).

Con su lucidez habitual, hace diez años, Fidel anticipaba las grandes líneas para superar al sistema capitalista: «¿Qué tipo de globalización tenemos hoy? ¿Una globalización neoliberal […] es sostenible? No. ¿Podría subsistir mucho tiempo? Absolutamente no. ¿Cuestión de siglos? Categóricamente no. ¿Durará sólo décadas? Sí, sólo décadas. Pero más temprano que tarde tendrá que dejar de existir […] ¿cómo se va a producir la transición? No lo sabemos. ¿Mediante amplias revoluciones violentas o grandes guerras? Parece improbable, irracional y suicida. ¿Mediante profundas y catastróficas crisis? Desgraciadamente es lo más probable, casi inevitable, y transcurrirá por muy diversas vías y formas de lucha. ¿Qué tipo de globalización será? No podrá ser otra que solidaria, socialista, comunista, o como ustedes quieran llamarla». («Fidel: su visión del mundo actual»)

Hoy, consideremos las afirmaciones de Jorge Beinstein, docente de «Globalización y Crisis» de la Universidad de Buenos Aires, similares a las de otros destacados analistas. «Esta crisis es mucho más grave que la de 1929″ […]»la cadena global de la crisis ya está en marcha» […] «Nos encontramos en plena crisis capitalista que además se perfila como de larga duración y sin salida a la vista» […] «el capitalismo puede sobrevivir pero de manera decadente como lo viene haciendo desde hace cuatro décadas, eso dependerá de las convulsiones sociales y políticas»[por eso] «la tentativa neo-fascista de los halcones no tiene porque ser la última de ese tipo»[…] «…. saben muy bien que esta crisis no es una crisis de liquidez o de crédito sino de insolvencia, de sobre-acumulación de deudas públicas y privadas. Pero no lo pueden reconocer públicamente ya que si lo hicieran estarían reconociendo que esta crisis no tiene solución superadora al interior del sistema. Entonces lo que les queda es aplicar sucesivas dosis de calmantes […] a la espera de algún milagro, es lo que suelen hacer los médicos con los pacientes incurables».

«Bajo la apariencia de una curiosa convergencia de numerosas ‘crisis’ (económica, energética, ambiental, urbana, estatal, etc.) lo que se está produciendo es una crisis general de la civilización burguesa.»[…] «Esta crisis cultural, este clima de ‘ancien régime’ agotado irá brindando a la humanidad oprimida la posibilidad de retomar el camino de las revoluciones […] Una de las características más notables de esta crisis es su alta velocidad, algunos hablan de ‘turbo-crisis’, tenemos que estar preparados para bruscos saltos cualitativos, para grandes rupturas…».

¿Cómo nos ubicamos ante la crisis? ¿Ayudamos a suministrar placebos? ¿Oficiamos de enfermeros? ¿Alentamos esperanzas en «cumbres progresistas» con Obama y Brown? ¿O fortalecemos las opciones tendientes a superar al sistema, como la del ALBA? ¿Cómo conservadores o socialistas? Lo viejo muere y lo nuevo no ha madurado suficientemente todavía. Pero el proceso de transformación socialista no está lejano ni es imposible. Por consiguiente, debemos referirnos a esta América Latina en profunda transformación.

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