Una saludable y difícil encrucijada

Inhabitual para los frenteamplistas, aunque con programa común, en junio disputamos candidatos a presidente. Hoy, la suma de todos nos coloca al alcance de la mano el triunfo en primera vuelta. La dureza de la polémica, necesaria (ya que el Frente es eso, un frente, no un partido) no puede, no debe ­es un imperativo­ deteriorar la realidad de lo que somos: una alianza política representativa de capas y clases, con convergencias y discrepancias.

Con casi seis décadas de militancia sindical y política, hemos vivido a diario, al minuto, el proceso de diferencias tácticas y de unidad en las luchas obreras, de unidad y discrepancias con la FEUU de los «anarcos» y el tercerismo, de las alianzas populares con Don Paulino González, militante del Partido Nacional y el líder más carismático de las clases pasivas de la época; tuvimos el privilegio de asistir a la histórica conversación de Zelmar con Jaime Pérez y Arismendi en Sierra 1720 (sede del Partido Comunista, hoy escuela Gerardo Cuesta) de la que salió el conocido llamamiento que se hizo público con el respaldo del PDC, el lema que ofrece Juan Pablo Terra a Zelmar, y éste propone el candidato: el Gral. Líber Seregni; en ese marco hubo «enchufes» y conversaciones con el MLN, y luego la resolución de éste de generar un brazo político: el 26 de Marzo. Con dudas, entre trancas y barrancas, todos nos encontrábamos llenos de sarpullido, pero en un frente común hacia las elecciones; la cosa era unirse.

Como he sido un protagonista activo de todo este proceso social y político, me siento en el deber de hablar y escribir, como se dice, de frente y mano. En esta puja por quién presidirá el destino del Uruguay por cinco años, voto y trabajo para que gane Astori, ya que para mí es la continuidad del proyecto, no tanto por su calidad de político clásico, sino de idoneidad para el cargo y dotes de estadista que complementado con un equipo, de lo cual es «baqueano» en formar, me dan las garantías de que en tiempos tormentosos el barco tendrá un capitán sólido y solvente.

Esa apreciación no disminuye los méritos enormes de Marcos, a quien aprecio, y mucho menos de Mujica, para todos «El Pepe».

En mi larga historia de militancia, recuerdo los tiempos en que era ferroviario en Talleres de Peñarol, 1957, huelga durísima, ocaso del gobierno de Luis Batlle, gran campaña de los blancos y Nardone. En Sayago, Peñarol, Colón, Las Piedras, hacía furor la Lista 41 de Enrique Erro, y el Pepe era dirigente juvenil del Partido Nacional de la lista 4, de la cual salió la 41; en esa elección de 1958 triunfan Herrera y Nardone, la 41 es la lista más votada en Montevideo. Herrera adjudica el Ministerio de Industrias y Trabajo a Enrique Erro. Este practica una política que no le agrada y lo destituye. Entra a sustituirlo un personaje siniestro, Ángel María Gianola, y Erro inicia un acercamiento a la izquierda y conforma con el Partido Socialista, con Vivian Trías, la Unión Popular, la Lista 4190 en 1962. En ese cuadro conmovido por la lucha obrera en 1961 (se forma la CTU) paralelamente se asiste al impacto de la revolución cubana, así como las teorías guerrilleras de Mao Tse Tung, la revolución «vendrá del campo y será armada», paralelamente al desarrollo impetuoso de las luchas populares va surgiendo la idea de actuar en la sociedad por cambios, no mediante la acción tradicional de la izquierda parlamentaria (PC y PS) sino a través de la acción armada; la cuestión no es acumular fuerzas para generar conciencias, sino desarrollar hechos armados para desgastar el poder político y el aparato represivo y tomar no el gobierno, sino el Poder, acompañado por supuesto de vínculos de masas, pero lo principal es la estructura militar. En síntesis, tomamos caminos diferentes, pero buscando lo mismo, cambios con justicia social, recobrar el mejor artiguismo a la vez que inspirados en los mejores sueños de un mundo mejor, para nosotros y los demás.

Han pasado décadas, hemos tenido encuentros y desencuentros, obviamente no somos lo mismo. Mujica hace gala de ser chacarero, yo aún me siento obrero metalúrgico o ferroviario; me enorgullece haberme encontrado en 1950 en el sindicato con Gerardo Cuesta y que me haya llevado de la mano dándome luz. En el Penal de Libertad cuando llegué con José Luis Massera, Ruben Villaverde y Jorge Castillo, me pusieron en la celda junto con el «Caballo» Blanco, tupa pesado, tenía 24 años cuando entré, me dijo como andás «viejo», ¡yo tenía 38 años! Sí, había mucha juventud en el MLN, de ahí la famosa frase de Arismendi en un Palacio Peñarol repleto, no compartimos los métodos pero son revolucionarios honestos. Y no fueron palabras, cuando la matanza de Malvín, en que hirieron a Fernández Huidobro, los golpes fueron terribles, y Arismendi decidió darles «cobertura» en Montevideo. A. Altesor y yo dispusimos las casas en que alojamos a los compañeros del MLN, ¡algunos con los fierros! Nunca olvidaremos cuando Jaime Pérez llegó «rayado» al 2º piso, no conocía a la familia, y lo pusieron con «Camporita», el Cr. Cámpora, el esfuerzo de este y los compañeros del 2º piso para ayudar a Jaime a estabilizarse psíquicamente. Y así podríamos seguir con anécdotas de cómo dentro del penal tenían entre ellos discusiones contra los prejuicios «antibolche».

Hasta aquí hemos llegado. Estamos en el gobierno y es obra de todos. Confío en los compañeros del MLN, más allá de desencuentros en el proceso han demostrado responsabilidad política, crearon el MPP, un paraguas muy amplio, además se destapó Mujica como un gran comunicador y líder de masas, no es fruto de la casualidad, en eso tuvo un maestro: Enrique Erro. Este éxito en el desarrollo de una política no me quita aprehensiones sobre sueños, lamentablemente siempre presentes, de «destino manifiesto» o de hegemonías que la historia ha dado y da lecciones duras y costosas. Porque después de tantos años de navegar en la marea popular, he aprendido con dolor y derrotas estrepitosas que la peor de las democracias siempre será mejor que la mejor de las dictaduras, y por supuesto, incluyo la dictadura del proletariado, la revolución burguesa ha instituido el derrumbe del sistema feudal, pero descubrió en el ser humano el afán, el anhelo de la libertad sin el cual el individuo se asfixia y al resistir rompe todo molde, o modelo que lo deja sin el oxígeno de la voluntad de expresarse y realizarse. Es la condición humana: o la interpretamos o fracasamos.

En síntesis, trabajaré duro por el triunfo de Astori, que aún creo posible, aunque si las urnas en junio así lo deciden no tendré dudas en votar al Pepe, porque estoy convencido que hay que derrotar a Lacalle, porque no quiero ver más obreros estaqueados en el puente del Pantanoso, como lo hizo el Partido Nacional de la época con Balestrín; tampoco que vuelva el FMI y mucho menos los militares haciendo la labor de policías.

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