Un 1º de Mayo diferente
El 1º de Mayo tuvo una connotación mundial importante en 2009. No fue una conmemoración más porque los trabajadores de casi todo el mundo salieron de forma muy clara a defender su derecho a trabajar y a reclamar urgentes soluciones a una crisis con la que ellos no tuvieron nada que ver pero en la que son los primeros afectados.
Los reclamos, más o menos violentos, dejaron en claro la existencia de un sistema desigual y abusador que no respeta nada, simplemente la ley del más fuerte y de la máxima ganancia, donde este principio rector no respeta nada, quedando bien claro lo arbitrario de este sistema que no controla a los poderosos, sí en cambio desata represión y guerras contra los trabajadores del mundo. Es la esencia del principio de «el fin justifica los medios».
Nunca como antes la acusación que los defensores de este sistema utilizaron para combatir a la izquierda se ha transformado en un búmeran.
Al igual que las Torres Gemelas, este enorme edificio levantado en base a argumentos falsos sobre las ventajas de mercado, la necesidad de la máxima libertad comercial y financiera, la exclusión del Estado como regulador, la inexistencia de la división de la sociedad en clases diferentes y por tanto de intereses diferentes entre los ciudadanos del mundo (da lo mismo ganar el sueldo mínimo que estar en la lista de Forbes), en fin, toda esta estructura montada para ocultar o disimular el verdadero contenido se vino abajo en pocos días, con peores consecuencias que el lamentable suceso de las Torres.
Sin embargo, dentro de este sombrío panorama mundial donde los trabajadores reclamaron contra la crisis estructural de este sistema, en Uruguay el tenor de los reclamos fue diferente. Si bien el matutino caganchero tituló definiendo al PITCNT como una subsidiaria del gobierno, en realidad esta visión de los defensores de la dictadura poco tiene que ver con la realidad. Hay dos razones fundamentales: en primer lugar durante este gobierno hubo un indiscutible crecimiento de los conflictos laborales, ocupaciones y reclamos de todo tipo. Existen cifras que respaldan esta afirmación.
En segundo lugar, los trabajadores por primera vez en Uruguay han encontrado un gobierno nacional que estuvo y está dispuesto a dialogar con ellos, que ha concretado una legislación que hasta ahora había sido claramente abusiva en la defensa de los derechos de los empresarios y que además rebajó los impuestos a través del IRPF para los sueldos más sumergidos (es decir la mayoría de los uruguayos) y que ha luchado con singular éxito en un tema donde las anteriores administración sufrieron importantes reveses: nos referimos, por un lado, a la subfacturación, al trabajo en negro, al informal, con lo que ha conseguido como clara consecuencia una mayor recaudación.
Lo interesante es que a medida que los beneficios se fueron acumulando para empresarios y trabajadores (rebaja de impuestos, acceso a la salud, créditos para alquiler, refacción y compra de viviendas usadas, aumento sustantivo en el monto de las asignaciones familiares, etcétera) el cambio hacia la formalidad aumentó y no hubo que recurrir a medidas represivas (que también las hubo) sino que en la medida que se fueron palpando y recibiendo las mejoras, el proceso caminó solo.
Esto no quiere decir que los trabajadores uruguayos estén en el paraíso pero sí, claramente, marca un cambio de rumbo en su calidad de vida, que no sólo debe remitirse a la recuperación del salario perdido en 2002, sino a un sinnúmero de mejoras en la salud, la educación y otras prestaciones.
El 1º de Mayo la central obrera planteó sus puntos de vista, dividió las aguas entre política y sindicalismo, como debe ser, reconoció honestamente todo lo que ha mejorado su situación y continuó bregando por todo lo que aún falta.
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