Independencia, no indiferencia
Los trabajadores uruguayos han sido y son una fuerza activa y con un peso sustancial en la realidad nacional. En ello ha tenido y tiene mucho que ver su nivel de organización, su capacidad de propuesta y un rasgo distintivo con respecto a la región y, en cierta medida, al mundo: la unidad sindical; expresada en la existencia de sindicatos por rama y una central única.
En los sindicatos uruguayos los trabajadores se organizan en tanto tales y no por definiciones partidarias. La unidad, constituye una conquista histórica y potencia la influencia de los trabajadores.
El PIT-CNT y el movimiento sindical uruguayo todo, no tienen definición partidaria, pero en ningún caso esto significa apoliticismo ni indiferencia política.
Más allá de las críticas y falsificaciones sobre este punto, ello quedó claramente expresado en el contenido de los planteos de los 32 actos con que la central obrera de nuestro país conmemoró el día Internacional de los Trabajadores.
En un pasaje de la oratoria se hizo una precisa definición al respecto: «no somos ni apéndice del gobierno, ni partido de oposición, queremos ser la columna vertebral de los cambios».
En ese marco de definición, el PIT-CNT afirmó que no puede soslayar el hecho de que este año hay elecciones nacionales, y en ellas, para los trabajadores estará en juego nada menos que «si el bloque conservador y tradicional del poder, reinstala sus representantes directos en el gobierno o se abre un cauce más amplio para mantener y consolidar los cambios alcanzados».
La central obrera se posicionó ante esta disyuntiva real, pública y notoria, con sus propias propuestas, sin «seguidismos» y también sin infantilismos que colocan anteojeras e impiden reconocer nada.
Reconoció los avances logrados en el terreno de la recuperación salarial, en lo que mucho tuvo que ver la reinstalación de la negociación colectiva por rama con los Consejos de Salarios, la extensión de la negociación colectiva a los trabajadores públicos, el reconocimiento de derechos laborales, por primera vez en la historia, para trabajadores rurales y trabajadoras domésticas; el aumento de inversión pública en salud y educación y el reconocimiento de los fueros sindicales.
Pero también reclamó que se le dé status legal a la negociación colectiva, que se profundice la inversión en vivienda, que el gobierno tome cartas en la crisis del mutualismo y, en particular, la que afecta al Casmu.
Hizo un énfasis especial en la manera de abordar el impacto de la crisis internacional en nuestro país. La consigna central de este 1º de mayo fue: «Que la crisis no la pague el pueblo». Reclamó que se escuche a los trabajadores, que se negocie empresa por empresa la situación y se eviten los despidos y los seguros de paro, que no se tome el salario y las jubilaciones como variable de ajuste.
Todo ello como muestra de su independencia y de su profundo compromiso reivindicativo.
Pero el PIT-CNT, que dio un aporte decisivo para la consecución de las 340.043 firmas que posibilitarán un plebiscito para anular la ley de impunidad, también interpeló a todos los candidatos y les pidió definiciones sobre este punto.
«¿Quieren que todos los uruguayos seamos iguales ante la ley o quieren que siga la impunidad para torturadores y asesinos?», preguntaron los trabajadores.
Por eso es tan importante y saludable para la democracia uruguaya que la central obrera hable claro y sin condicionamientos.
«No podemos ser indiferentes, en octubre esto va para adelante o va para atrás», se sostuvo en una parte de la oratoria.
Los trabajadores uruguayos expusieron sus puntos de vista y exhortaron a defenderlos con movilización, con organización y también con el voto. Les asiste todo el derecho. Aunque algunos se molesten y se rasguen las vestiduras.
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