El Uruguay de las mentiras
La realidad cotidiana nos presenta a diario un abanico de temas que existen y afectan nuestra vida en mayor o menor grado. Los medios de comunicación se ocupan de la temática cotidiana con su criterio y eso hace que se ponga mayor énfasis en una cosa u otra. Por eso las portadas de los diarios no son todas iguales, ni todos los noticieros radiales o televisivos coinciden en el menú de temas que incorporan en sus ediciones como en el tiempo que se les dedica.
La importancia que nosotros damos a cada uno de los temas será (aunque no necesariamente) proporcional al tiempo que dediquemos a reflexionar sobre la misma, a cotejar información, buscar más, etcétera. En los últimos años han ocurrido cosas en este país que, más allá de la forma en que nos enteramos, son de conocimiento para todos; algunas merecen un seguimiento periodístico y frecuentemente hay más información o actualización de la misma. Pero lo interesante es lo que genera o generó en cada uno de nosotros esas informaciones en cuanto a lo que nos hizo reflexionar o pensar al respecto.
Entiendo que hay situaciones que más allá de su importancia directa fueron un golpe fuerte a las pautas culturales de los uruguayos basadas en datos erróneos, verdades a medias…mentiras.
«En el país de Varela, Yo sí puedo», titulo adaptado para Uruguay de la misión cubana aplicada también, entre otros lugares, en Venezuela para enseñar a adultos a leer y escribir, fue presentada desde sus comienzos como una acción más del más nuevo de los ministerios, creado en 2005, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Los más entusiasmados podían profundizar en análisis elogiosos al gobierno de Tabaré respecto a la sensibilidad de una administración que pretende dar posibilidades a quienes por diferentes razones no la tuvieron en su niñez, etcétera.
En aquel entonces recordé varios momentos escolares donde escuché que los uruguayos todos sabían leer y escribir, que los índices de analfabetización eran nulos e incluso algún docente argumentaba respecto a que la escuela era obligatoria, por tanto nuestros padres no tenían la opción de elegir si enviarnos o no, que en todos lados había una escuela cerca o incluso que no había analfabetos porque acá no había indios. De grande tuve mayor tranquilidad pues esos argumentos no eran propios de la escuela Artigas de Rocha sino que en otras escuelas y colegios de otros lugares del Uruguay también los niños habían sido informados de igual manera.
A partir de esta misión descubrimos que son miles los que no sabían leer o escribir, y que el 40% de las personas mayores de 25 años en Uruguay tiene solo primaria como nivel educativo. Y vimos o conocíamos muchos de los analfabetos que no existían, que no siempre eran personas en situación de calle y que su condición los llevó a ser excluidos, no existían, no eran personas…por eso el error de las cifras oficiales: ellos no eran contados.
Miles son también los que se operaron de cataratas y cuentan hazañas tales como verle la cara a un nieto, recuperar la independencia y volver a vivir solo, volver a trabajar, volver a cuando veían, cuando la vida les resultaba un poco mejor.
La noticia en ese caso fue la instalación de un hospital de ojos; fueron noticia los médicos cubanos, si podían o no ejercer en nuestro país o si el gobierno podía decretar la validación del título de médicos extranjeros. Pero, ¿la instalación del Hospital de ojos trajo al país nueva tecnología que se aplicaba en el exterior? No. Trajo la disposición de operar en la órbita de Salud Pública a quienes no habían podido comprarse la lentilla para ser operados en el mismo ministerio, ni mucho menos podían pagar una sencilla intervención quirúrgica en una clínica privada. Más sencillo, no veían por ser pobres, por ser pobres se jodían. Su condición los llevó a que una enfermedad les fuera quitando rápidamente cosas de la vida cotidiana y junto a esas pérdidas iban perdiendo la dignidad.
¿Y comprar vino, o un celular no es una acción que determina que con mi dinero hago lo que quiero porque soy libre y elijo todo el tiempo? No si ese dinero venía del Ingreso Ciudadano. Entonces ahí se desdibujaba toda la intención de tender una mano para que un semejante levante la cabeza y comience a caminar por sus propios medios, para llenarse de titulares con críticas donde la base era que «a la gente no le puedes regalar plata». En el mismo Uruguay de miles de créditos del BROU a sola firma, préstamos de la Corporación Nacional para el Desarrollo para proyectos productivos que nunca anduvieron. Varios vagos recibían plata del Estado con la diferencia de que siempre fueron «dignos» frente a una sociedad que nunca los cuestionaría, entre otras cosas porque su vino y su celular son de mejor calidad.
Una visita al Museo de la Memoria hizo que una joven de 30 años mudara varios conceptos. Las noticias de los medios no habían logrado movilizarla pues hablaban de una historia que no la afectaba directamente y de un tiempo que no vivió. La aparición de cuerpos en dependencias militares fue para muchos uruguayos una revelación, la de la existencia de personas que murieron por la acción de individuos que utilizaron la institucionalidad de este país para cometer delitos varios: robo, torturas, secuestros, desaparición, asesinatos. El mismo Estado que reconoce ahora excesos y repara económicamente, camina en la línea de la verdad revelando una verdad negada y oculta durante años. Ahí ganamos todos en dignidad, por nosotros y las generaciones futuras que merecen tener presente qué fue el terrorismo de Estado y cómo afectó a miles de uruguayos.
En estos años se han dado esos primeros pasos en busca de la verdad, derrotando mentiras institucionales que deformaron generaciones haciéndonos creer que vivíamos en un lugar que no era. Es sólo el puntapié inicial para dejar un legado generacional que nos haga a los adultos de hoy sentirnos dignos en la construcción de futuro.
Corregir errores es más sencillo y, en términos de inversión, más económico que deshacer lo construido.
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