El fin de la noche neoliberal en Ecuador
Tras ser reelegido el domingo como presidente de Ecuador, Rafael Correa aseguró que enfatizará su proyecto socialista. El líder del Movimiento Alianza País alcanzó una victoria histórica e inédita, pues desde 1976 ningún candidato había vencido en primera vuelta. El triunfo le garantiza a Correa gobernar hasta 2013.
El socialismo por supuesto que seguirá, por eso ha votado el pueblo ecuatoriano», declaró Correa, y agregó: «¿Cuándo hemos ocultado nuestra orientación ideológica? Vamos a enfatizar esa lucha por la justicia social; por la justicia regional (…) vamos a seguir la lucha para eliminar toda forma de explotación laboral dentro de nuestra convicción socialista: supremacía del trabajo humano sobre el capital», afirma el joven presidente, quien nunca ocultó su lucha por el Socialismo del Siglo XXI que comparte con los mandatarios de Venezuela, Hugo Chávez, y de Bolivia, Evo Morales.
El actual mandatario llegó al poder en enero de 2007 con la llamada Revolución Ciudadana y de aquí en adelante profundizará y radicalizará las reformas para avanzar en la construcción del Socialismo de Siglo XXI, con el amplio respaldo popular que le volvieron a dar las urnas.
Se trata de una nueva conquista, que se suma a anteriores alcanzadas con la convocatoria a una consulta para instalar una Asamblea Constituyente, la elección de los asambleístas y la aprobación de la Constitución el pasado año con el favor del 68 por ciento de los ecuatorianos.
El jefe de Estado superó todas esas batallas y sepultó de nuevo a los partidos tradicionales, representantes de una década de inestabilidad política, en la cual el país tuvo 10 presidentes.
La victoria fortalece su política de oposición al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, a la presencia de militares estadounidense en la base de Manta, al libre mercado y el desmedido aperturismo, propuestos en cambio por sus adversarios entreguistas en esta contienda electoral.
La ciudadanía apostó en las urnas por la implementación de un modelo económico solidario, caracterizado por la supremacía del ser humano sobre el capital y la regulación del mercado, reflejado en la flamante Carta Magna.
Rafael Correa ha logrado llenar un vacío en la sociedad ecuatoriana particularmente grave a raíz del constante alejamiento de la ciudadanía de la política institucional y de sus prácticas públicamente turbias, pero sobre todo ante la incapacidad de la izquierda tradicional ecuatoriana de formular una propuesta de alcance hegemónico en la sociedad, señal de una palpable falta de innovación ideológica, de inserción en el corazón de los explotados del país y de un líder carismático.
La cercanía de los mejores cuadros de la izquierda ecuatoriana al proceso es la mejor garantía para la preservación y la radicalización de la Revolución Ciudadana a favor de los excluidos, de los más necesitados, de los pobres.
«A nadie le quede duda de que nuestra opción preferencial es por los más pobres, por ellos estamos aquí», afirmó Correa, quien terminó su discurso con un «Hasta la victoria siempre».
La Revolución está en marcha y nadie la detendrá. Es el fin de la noche neoliberal en la tierra de la otrora guerrilla Alfaro Vive Carajo.
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