Una revolución socialista en las narices de EEUU
En abril de 1961, Cuba vivió dos acontecimientos muy relevantes para su historia, y también para todos los pueblos de América Latina. Uno de ellos fue la proclamación del carácter socialista de la Revolución y, tres días después, lo que se conoce como la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina. Hoy es bueno recordarlo y vale la pena no olvidarlo. Al principio el gobierno estadounidense mostró menosprecio a la Revolución. Fue incapaz de entender que, frente a sus propias narices, una revolución social podía salir hacia adelante. Pensaron que, llegado el momento oportuno, ésta sería fácil de ser destruida. Tenían en mente, quizás, a la Guatemala de Jacobo Arbenz, que fue derrocado en 1954 tras anunciar una Reforma Agraria que favorecía al campesinado guatemalteco y perjudicaba seriamente a los perversos intereses de la United Fruit Company norteamericana. Pero se equivocaron, la Revolución Cubana continuó caminando sin desviar su rumbo. Y este insólito hecho cambió el sentimiento de los gobernantes norteamericanos para con la Revolución: del simple menosprecio pasaron a experimentar un sentimiento de odio.
Así, el 17 de marzo de 1960, el por aquel entonces presidente de los Estados Unidos, Eisenhower, aprobó un plan militar elaborado por la CIA, cuyo presupuesto inicial era de 4.400.000 dólares. La finalidad del mismo no era otra que la de invadir Cuba, derrocar al gobierno revolucionario y retomar el control de la Isla. Los mercenarios reclutados para la invasión fueron adiestrados en la isla de Useppa, muy próxima a Naples, Florida. De ahí fueron trasladados a Fort Gulick, zona del Canal de Panamá, y después a la Base Trax de Guatemala. De esta Base se les trasladó por aire a Puerto Cabezas, Nicaragua unas 250 millas más cerca de Cuba que la última instalación no sin antes destruir todos los archivos de la Brigada y demoler el campo de adiestramiento y las barracas utilizadas. Reemplazado Eisenhower en la presidencia del gobierno por John F. Kennedy, fue éste quien asumió la responsabilidad de la invasión, escogiendo la fecha del inicio para el 17 de abril de 1961. El 15 de abril, como preámbulo, ocho aviones repartidos en tres escuadrillas partieron de Puerto Cabezas, Nicaragua, para bombardear el aeropuerto de Ciudad Libertad, la base aérea de San Antonio de los Baños y el aeropuerto Antonio Maceo de Santiago de Cuba. Los ataques de los aviones estadounidenses, que estaban camuflados con el emblema de la Fuerza Aérea Cubana, fueron respondidos por jóvenes artilleros, muriendo doce de ellos como resultado de la heroica defensa. Fue durante el discurso-homenaje a estos jóvenes un día después de los citados bombardeos cuando Fidel, ante decenas de miles de milicianos armados, proclamó el carácter socialista de la Revolución: Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices. ¡Que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias narices de los Estados Unidos! La invasión se produjo en la madrugada del lunes 17 de abril. El gobierno norteamericano tenía previsto anunciar un gobierno provisional, al cual pensaban presentar después de que los invasores hubiesen permanecido 72 horas en suelo cubano. La solicitud del reconocimiento de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la ayuda militar del exterior también entraban dentro de sus planes.
Pero los invasores no llegaron a las 72 horas previstas, como tampoco lograron el levantamiento interno pronosticado por los analistas de la CIA, ya que sucedió justo lo contrario: el incondicional apoyo del pueblo a su Revolución. Siendo la respuesta del Ejército Rebelde y las Milicias rápida y contundente, a las 17.30 del miércoles 19 las fuerzas invasoras ya habían sido derrotadas. Fidel dirigió las operaciones de defensa desde el mismo escenario de los combates. 1.200 invasores fueron capturados. Tratados con total corrección, buena parte de ellos fueron liberados tiempo después a cambio de alimentos y medicinas. Sólo habían pasado quince meses y medio desde el triunfo revolucionario, y ya el proceso cubano había experimentado un salto cualitativo de gran importancia. En Girón el pueblo luchó y derramó sangre por el socialismo. Hoy, 48 años después, Cuba sigue siendo socialista. El único país de América que no tiene relaciones con Cuba es Estados Unidos, que sigue aplicando su anacrónico bloqueo. También es cierto que 48 años después América Latina, es ciertamente mucho más progresista, y, en no pocos de sus países, se avanza de manera inexpugnable hacia el socialismo. Vale la pena recordarlo.
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