"Obama y la cultura de la desolación"
Estamos ante una historia que nació en el desparpajo, en la arena sinuosa donde tenía lugar el interrogante de si los amerindios eran o no hombres. A partir de allí cobra sentido la necesidad epistemológica y hermenéutica de definir y establecer una nueva lectura, estamos ante una realidad compleja, y dentro de registros y códigos de saberes que fueron dejados de lado. La historia es algo más que la interpretación occidental que declara la unicidad del conocimiento humano.
La historia nace como homosemantema, el mestizaje define los vértices de la cultura nacional. La antropología declina la antigua aspiración cientista con que el discurso europeo pretendía definir lo diferente. América es una cultura de la desolación, de lo precario que se perpetúa y hago mención puntualmente en la relación político cultural que divide y desorienta a nuestros pueblos (hartos) a través de la especulación y la perversión del simulacro de enfrentamientos estériles y simulados , manifiesto esto con contundencia pues hace a nuestra existencia personal y cultural, la actitud de los poderes que toman pautas y acciones propias de monarcas de reinos inexistentes. América nace parda, mestiza, capaz de conformarse a sí misma, pero también presenta la furia de una cultura y de un racismo que tratará de desdibujarla, de desaparecerla de la faz de la Tierra. Las luchas no serían sólo en lo militar, sino en lo ideológico. Las nociones de tiempo, de espacio, de dioses, de adoración se hicieron diferentes. El paradigma de la cultura ha obviado que la historia de estos pueblos ha sido sufragada en base a esclavitud, a tráfico de indígenas. El interés era sólo clasificar, hacer accesible la cultura extraña, no había historia sino la que el colonizador señalara como cierta, y en ese espacio anhelante de América se iba a imponer el olvido. Se olvidó la tolerancia, la diferencia, el diálogo entre iguales. América no fue otra cosa desde sus orígenes sino violencia, dilación, desesperanza. La riqueza cultural se defenestró por varias vías, una la del saber universitario presentido y seducido cada vez más por Occidente, y por otro lado la conducta del dominado, inconforme con sus haberes, por eso desde ese punto de nostalgias se le impondrá lo foráneo.
América subyuga, castra, envilece y cierne lo más preciado de que es propietaria, su cultura. Desde el presupuesto teórico de tierra arrasada irá quedando lo no reconocido. La civilidad se impone -desde adentro- en un esfuerzo de dominar mediante la cultura nuestra naturaleza; seguíamos trabajando con un discurso que nos segregaba desde lo más recóndito de nuestras entrañas. La muerte, el asalto, el exterminio sistemático dieron al traste con las poblaciones indígenas. Desde allí el perdón se ha vuelto casi una sustancia imposible, el suelo se tiñó de sangre, de alaridos, sólo el retruécano de oraciones mal hechas podrían olvidar la desolación, la orfandad y la muerte que circundaron a América.
Nosotros somos frutos del olvido y de la desolación, acá se barbarizaron las lenguas aborígenes, se erradicaron del habla y de las neuronas los códigos de lo africano. Se había escrito un largo epitafio. Desde Tierra de Fuego hasta Alaska al colonizador sólo parecía interesarle la tierra mas no los hombres, por eso el crimen no habría de alarmar, la violación pasó por ser un acto cotidiano. La historia es el altar de las cosas que parecen imposibles, desde allí que se unificaría el discurso, uno solo habría de ser, el esfuerzo por retener lo propio pasó a ser confundido con barbarie, con primitivismo, con inexistencia; la soledad no llenó las heridas, habríamos de dormir sobre el dolor de la expulsión de lo propio y la apropiación de lo ajeno. Somos una mala copia de una sustancia platónica, sin esqueleto, invertebrada que había dejado el escándalo para sufragarse en las lágrimas de siempre.
Todo lo anteriormente dicho lo relaciono con un episodio ocurrido en la Cumbre de las Américas en el cual el presidente Chávez obsequia al presidente Obama un ejemplar del libro «La venas abiertas de América Latina» escrito por ese magnifico escritor uruguayo Eduardo Galeano, libro que sintetiza y actuara(no tengo dudas) como golpe constitutivo de discontinuidad en lo que hace al conocimiento de la Casa Blanca acerca de nuestra Latinoamerica, no a la visión que el imperio quiso siempre imponernos a costa de la sangre de nuestros pueblos, con todo lo que ello implica, ser colonias ilegitimas. Todo un acontecimiento este acto, que al periodista de CNN le costó diez minutos de estériles comentarios estúpidos tales como no se sabe si será traducido este ejemplar del ensayo de Galeano para que Obama lo pueda leer y paparuchadas por el estilo de un esclavo al servicio de la corporación económico mediática del país del norte. Todo lo acontecido debe celebrarse pues el país del norte necesita del sur pues el poder de Cina ya no puede ocultarse, sumado a los trillones de dólares que devinieron en una crisis que no puede ser ocultada, pues bienvenido el futuro calculado de grandes cambios que nos hará de una vez por todas entrar en el siglo XXI, en el que lo esencial deberá decirse, y deberá hacerse.
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