Reforma agraria
Compañeros, como hemos visto Lacalle hasta habla de qué hacer con la tierra o con algunos terrenos baldíos, en función y necesidad según el departamento que vaya recorriendo en su campaña; la profundidad y la retrospectividad de su análisis y propuestas es a partir de cálculos electorales y no a partir de cuando fue presidente, pues elude las causas de hoy que son de su accionar de ayer.
En su período como presidente la tenencia, cuidado y producción de la tierra fue planificada para los grandes agro-negocios con el único objetivo del gran lucro desmedido, sin tener para nada en cuenta la producción de materias primas y alimentos necesarios para todos los uruguayos, cuestión que permitiera a las trabajadoras y trabajadores del campo poder hoy contar con un modelo de vida digno, promoviendo el afincamiento y no la emigración, el dinamismo económico y no la desolación, el verde y no el desierto.
Sin lugar a dudas que el modelo de los años 90 no hizo otra cosa que agravar el problema del campo, que va atado al problema de la ciudad, el éxodo hacia esta y la nula previsión de su nuevo afincamiento, que sumado a los 10.000 desalojos producidos en los años 90 promovió el desenlace sostenido de la ruptura del tejido social intersolidario, por el individualismo consumista paralizante y la barbarie social a la que hoy asistimos.
Hoy a puertas del 1° de mayo (Día de los Trabajadores), deberíamos fomentar, promover y proclamar el día de los caídos en desgracia o el día de los caídos en la pobreza (idea de Hugo Cores, salud), que así como uno es producto del triunfo o la puerta a la dignidad, el otro sería el triunfo o la puerta de la humillación que dio paso al Uruguay de 1.000.000 de pobres. Para la derecha, así como para parte de la izquierda, la reforma agraria es temida, mal entendida pues ella forma parte inseparable de la lucha de los años 60, descartada por quienes ven en el pasado un estorbo y no una lección o hechos para aprender y no arrepentirse.
Reforma agraria es la intervención del Estado en el mercado de tierras, con la finalidad de desconcentrar la propiedad privada.
Se trata de una reforma en la estructura del régimen capitalista promovida por el Estado capitalista. Es reforma. No es la revolución. Por ello la reforma agraria no resuelve integralmente los defectos de la estructura agraria. El solo hecho de repartir tierra o decretar expropiaciones no resuelve nada.
Por ello debemos asumir en este momento histórico que nuestra fuerza no está sólo en la justeza de nuestras ideas, ella va a estar en la cantidad de compañeros que podamos organizar para los cambios, para revertir esta realidad hoy amenazada en el horizonte por los representantes de las clases dominantes que están en los partidos tradicionales.
Debemos ver e impulsar en este contexto la necesidad de ampliar la participación social en el esfuerzo y la distribución, en la creación y en el reparto, y ello permitirá afirmar con la participación real de los trabajadores, que frenar a Lacalle y sus socios las políticas de los 90, es construir una barrera al retorno del neoliberalismo fundamentalista.
El 1° de mayo convoca a plantar la piedra fundamental de esa barrera a todas y a todos y decirles a los lacayos que con reparto o sin reparto de tierras no pasarán.
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