EDITORIAL

Los nacionales

Amigo lector, está leyendo la página editorial; no se trata de un artículo de deportes sino que con este título reproducimos un pensamiento que deslizó el precandidato Lacalle el 15 de abril ante un reducido grupo de militares retirados.

El precandidato aseguró a los presentes que «nacionales» son él y sus seguidores y refiriéndose al Frente Amplio sostuvo que habría que ver qué son, «no lo sé».

Es una triste apelación a viejos argumentos utilizados en otras épocas, que buscando descalificar a adversarios políticos tienen un escaso rédito político si analizamos cómo le ha ido al Partido Nacional y a Lacalle en particular en los últimos períodos electorales.

Pero en definitiva nos hubiera interesado que desarrollara más ese concepto, que explicitara al máximo qué es lo que entiende por nacionales y quiénes no considera que entran en esa categoría.

 

Durante su período de gobierno como presidente de la República aprobó la integración de nuestro país a un proyecto menemista y de las trasnacionales que buscaba y necesitaba facilitar el comercio ente los países de la región para justificar las grandes inversiones que estas ya estaban llevando adelante en Argentina y Brasil. A través del Mercosur no accedimos «a un mercado de 300 millones de personas» como pregonaba Lacalle, sino que le abrimos las puertas al capital trasnacional, que propició una apertura comercial sin restricciones al exterior que redundó en un masivo cierre de empresas productivas que, sin tiempo para prepararse y/o reciclarse, sucumbieron ante una competencia desleal de la cual el gobierno se desentendió apelando al viejo verso de «las leyes del mercado».

 

Recordamos que vendió los bancos Comercial y Pan de Azúcar a extranjeros y que archivó todo intento ciudadano por dar cumplimiento cabal a la Ley de Caducidad, protegiendo de esta manera a los violadores de los derechos humanos, a los golpistas y la internacional fascista de los ejércitos del Cono Sur. Es más, permitió que la inteligencia militar chilena continuara funcionando en nuestro país y cuando se descubrió el asesinato de Berríos, lo tapó con diarios y a otra cosa. Tampoco se preocupó mucho por averiguar sobre el asesinato de la madre de su compañero de todas las horas y pariente, Luis Alberto Heber. Finalmente, inició un proceso que tenía como fin desmantelar las empresas del Estado (recordar el intento de venta de Antel) no realizando inversiones de manera que se fueran cayendo solas para venderlas bien baratitas.

 

En esta campaña ha cometido serios errores: convertir a nuestro país en una plaza financiera, hacer un TLC con EEUU, pedir un préstamo de dinero al FMI para enfrentar la crisis, ajustar el presupuesto no realizando inversiones y por ende no generando trabajo nacional, y podríamos seguir con este largo rosario. Como el lector comprenderá se hace harto difícil poder compatibilizar el concepto de «nacional» de Luis Alberto Lacalle con el del hombre de a pie.

 

Pero la frutillita de la torta del 14 de abril, corroborando lo antedicho, fue la presencia de su ex compañero de fórmula y actual activista de su postulación, el doctor Gonzalo Aguirre, quien participó junto a Julio María Sanguinetti de un acto en el Círculo Militar.

Los dos redactores de la Ley de Caducidad participaron de un acto de militares golpistas que reivindicaron la lucha contra la sedición, la dictadura y la tortura y hasta calificaron de «amenaza contra la sociedad» al MPP y al PCU.

Es decir, los tres continúan apoyando y sosteniendo, con hechos y hasta en ocasiones con dichos, lo realizado por un grupo de militares y políticos del Partido Colorado.

 

Afortunadamente, compartimos otra visión del concepto nacional y, ya que no se animó a decirlo Lacalle, de lo que define e implica ser patriota, que no pasa ni por apoyar a golpistas, ni por llevar adelante políticas económicas que golpean duramente al empresario uruguayo y a los trabajadores, ni por llevar adelante a rajatabla los lineamientos del FMI, ni por paraísos fiscales, ni SAFI, por un concepto de respeto y solidaridad hacia y entre los ciudadanos y por llevar adelante políticas globales que buscan que todos tengan la posibilidad de acceder a lo que durante tantos años fue patrimonio de gobernantes, sus familias, amigos y correligionarios.

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