¡¡Alegría colorada!!
Hace ya demasiado tiempo que el Partido Colorado no nos dispensaba una auténtica alegría. Muy por el contrario, todos los colorados reconocemos que desde hace algunos años nuestro partido atraviesa, tal vez, la más grave crisis de su gloriosa historia.
Crisis de la cual el partido va a salir, de eso no tenga nadie ninguna duda. Y por mandato de aquella historia va a salir, un poco más tarde o un poco más temprano, volviendo a las fuentes, volviendo a la matriz, volviendo a sus viejas sensibilidades, volviendo a sus raíces populares.
Precisamente en ese sentido, celebramos con verdadera alegría el advenimiento semanas atrás de un nuevo sector en el Partido Colorado: Renovación y Cambio, que propicia la precandidatura del doctor Daniel Lamas.
En el breve espacio de la presente columna y a cuenta de futuros comentarios, apenas digamos que apoyamos convencidamente la constitución del nuevo sector, en virtud de tres o cuatros razones esenciales.
La primera y fundamental, el posicionamiento político-filosófico que lo define: el batllismo clásico, el de siempre, el de Batlle y Ordóñez; los postulados socialdemócratas; la ubicación de centro-izquierda en el espectro político partidario.
Ciertamente, esas son, no otras, las fuentes y las raíces a las que hay que volver. Es la manera de comenzar a recuperar las viejas banderas que el partido nunca debió tolerar que le despojaran.
En segundo lugar, el sector y el precandidato han surgido espontáneamente, del simple consenso entre colorados comunes y corrientes, sin influencia directriz.
Además, se trata de un conjunto de ciudadanos sin sospecha, que se comprometen con el contenido profundamente ético de la actividad política.
Frente a la triste realidad de un partido que había perdido la credibilidad y la confianza de la ciudadanía, pensamos que esta es la mejor manera, y estos los mejores atributos, para ir reconstruyendo la capacidad y la mística partidaria perdida.
Como bien se establece en el Manifiesto del Sector que hemos suscrito el pasado día 5/3/2009, no estamos contra nada ni contra nadie, pero estamos dispuestos a emprender un camino nuevo, un camino propio.
Llegamos, o mejor dicho, volvemos a casa, desde el llano, para ofrecerle al partido toda nuestra capacidad y nuestro esfuerzo, en una de sus peores horas y sin pedirle nada, lo que nos otorga una gran tranquilidad de conciencia y verdadera autoridad moral.
Venimos a aportar al partido y al país, desde la modestia, pero a la vez, desde la profunda convicción batllista, reivindicando la lucha por los ideales y no por las posiciones.
Se trata (también lo dice el Manifiesto constitutivo) de una apuesta al futuro. Es una esperanza que tal vez muchos, desilusionados, ya no la esperaban. Ahora es responsabilidad nuestra todo un desafío plasmarla, vertebrarla, echarla a andar hacia la realidad.
Somos plenamente conscientes de que no va a ser tarea sencilla. Tan sólo reclamamos un andarivel dentro del partido, que cobije este discurso, este perfil, esta tónica, esta identidad, de renovación, de cambio y de ubicuidad ideológica, con profundo respeto hacia el resto de los sectores y precandidatos.
Por último y a propósito de dificultades coyunturales, los colorados no nos podemos olvidar de que cuando hace ya más de 170 años Don Frutos Rivera eligió el color de la sangre o del interior del poncho patrio como divisa partidaria en Carpintería, la vida misma del Partido Colorado comenzó con una muy dura derrota.
Nacimos en aquella gesta a la vida institucional y política con una derrota, no ganando sino perdiendo. Y aprendimos mucho de la derrota bautismal…
Quizás por eso mismo, partiendo de la derrota, fuimos capaces de retemplar el ánimo, de redoblar el compromiso con la patria, y de forjar la épica victoriosa del Partido de Gobierno, que supo hacer de este pequeño país una referencia mundial por la vigencia irrestricta de las libertades públicas y por la calidad de su democracia, por el respeto supremo al Estado de Derecho y a los derechos humanos, por la legislación social y laboral de avanzada, por la equidad y movilidad que logró adquirir en todos los estratos de la sociedad, por la elevada cultura de su gente, en definitiva, por los altísimos índices de desarrollo humano y calidad de vida de su población.
Trabajemos, pues, en la construcción de un Uruguay moderno, eficiente, seguro, y más batllista que nunca.
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