Por Daniel de Souza
Argentina hoy cuenta con 14.000.000 de pobres y 4.000.000 de indigentes o sea, esta realidad está, y estaba antes de las nuevas y recurrentes crisis, hoy mundial.
De cada 2 argentinos 1 es pobre. Como contraparte, en el Uruguay del 2002, de cada 3 uruguayos 1 empobreció y sin lugar a dudas que esta trágica diferencia a nuestro favor tuvo como principal sostén el hecho de que impidiéramos las privatizaciones promovidas por el Fondo Monetario Internacional, los extraviados, junto a los partidos tradicionales en la década de los 90.
Estos números y porcentajes de pobres están muy lejos de ser abatidos a pesar del crecimiento macroeconómico, y decepcionante es que estas mayorías aún no se enteraron que se terminó de cumplir uno de los ciclos de crecimiento económico, más sostenido en nuestra historia reciente.
Esta deuda social manifestada por nosotros, cuando reclamamos más políticas distributivas e inversión no puede seguir esperando.
Sería una inmensa inmoralidad pretender que estas mayorías excluidas deberían esperar sumidas en la miseria algún nuevo ciclo de vacas gordas, acorralados por la inseguridad que genera la amenaza de desempleo, así como mayor precarización del trabajo sumado a la inseguridad de las calles que los tiene como principales victimarios.
No debemos tropezar dos veces con la misma piedra, la historia está ahí y nos enseña.
La crisis de 1929-30 creó imágenes que no se desprenden de la retina como fueron los rostros de aquellos hambrientos.
Las ciudades eran para esos trabajadores el espejo de lo que después serían los campos de concentración nazi.
El imperio salió de la crisis con guerra y desolación.
Hoy hay 20.000.000 de nuevos desocupados en China, en EEUU se pierden 600.000 puestos de trabajo mensuales y en España se derrumbó su esplendoroso sueño de consumo y más consumo.
Esto no deja dudas en quienes se descarga la crisis; es en los trabajadores, cuestión que los dueños de la economía ven como un hecho normal.
Reducir costos es en esa lógica, desocupación y teniendo en cuenta que la economía es la gran ordenadora de una sociedad, la lógica del capital indica que hay que ensanchar la pirámide de pobreza para sustentar el sistema.
Por ello ante esta encrucijada hay un solo que hacer y es más a los que menos tienen. De la crisis no se sale subsidiando a los grupos empresarios y a los bancos.
El mercado interno y la economía avanza si lo que se subsidia es la demanda. Es decir hay que poner los recursos en los bolsillos de los trabajadores y las mayorías empobrecidas.
Dineros sobran, recursos sobran, pues han estado intactos los capitales de las AFAP, los depósitos de Estados Unidos, así como las ganancias del BROU entre otros, sobra trabajo, falta empleo, los recursos están, faltan viviendas y sobran brazos para levantarlas.
Los inescrupulosos son los mismos, los carenciados los de siempre y hoy más que nunca como dice la consigna del Foro Social Mundial «el cambio es posible y necesario».
La obsecuencia hacia las demandas extrañas no nos debe vetar el desarrollo de ofertas propias, 1.000.000 de pobres nunca más y más a los que menos tienen.
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