EDITORIAL

Obama, Fidel y nosotros

No es un tema sencillo ni de rápida solución. Hablamos del posible diálogo entre Estados Unidos y Cuba. En medios diplomáticos latinoamericanos, se entiende que si hubiera algún tipo de acercamiento entre esos dos países se estaría ayudando a terminar definitivamente con los polvos que aún quedan de la época de la guerra fría y abrir una nueva época dentro de toda América.

También hay el convencimiento de que por la personalidad de Barack Obama, por su propio origen, en el transcurrir de los próximos cuatro años se podría vislumbrar, aunque más no sea en el horizonte, la posibilidad de ese entendimiento.

Claro que detrás de estas percepciones optimistas no hay intenciones similares, ni análisis comunes sobre cuál es la hora política de Estados Unidos, en materia de relaciones internacionales.

En Latinoamérica, particularmente desde la óptica de la izquierda, existe desconfianza sobre la esencia imperial de Estados Unidos.

Y razones sobran. Esa desconfianza es un buen alerta para no tocar campanas a vuelo, pero también en algunos casos puede limitar las incidencias de nuestros pueblos y gobiernos, para que ese acercamiento se pueda producir.

En la reciente reunión de congresistas demócratas con el líder cubano, este último manifestó un pensamiento tremedamente lúcido: ‘Obama puede mejorar las relaciones con Cuba, pero Cuba debe ayudar a Obama'».

Pero a la vez alertó sobre la apreciación que se tiene desde La Habana, cuando afirmó que las realidades objetivas eran, en Estados Unidos, más poderosas que las sinceras intenciones de Obama».

Los latinoamericanos todos tendrán que plantearnos qué podemos hacer para ayudar a Fidel y a Obama, para crear un clima de distensión necesario para soñar con pasos que aproximen el diálogo.

Una buena señal sería que Cuba sienta que cada vez más encuentra facilidades para integrarse a Latinoamérica, no sólo en el plano de la diplomacia, sino también en el área comercial.

A la vez, la Casa Blanca, para poder recibir esa ayuda que reclama Fidel para Obama, debe mostrar que es confiable y que se le puede creer cuando habla de paz y de entendimiento.

Si Hillary Clinton, cuyo esposo tuvo ciertos acercamientos con Cuba cuando fue presidente de Estados Unidos, habla claro en el sentido de la distensión, puede encontrar eco en el progresismo latinoamericano.

El intercambio de críticas entre Estados Unidos y Venezuela es también otro de los aspectos a superar, lo que por el momento parece bastante difícil, por ello, más que nunca, hay que ejercer la diplomacia con inteligencia y paciencia.

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