No entiendo. O sí, entiendo
En épocas electorales nadie está libre de caer en equivocaciones o deformaciones, indeseadas quizás hasta por los propios protagonistas de dichos errores u horrores. Tal vez sea por aceptar el desafío que conlleva aquello de que en política, lo peor es no haber intentado nada. Convengamos que felizmente, los porfiados hechos, tarde o temprano, siempre demuestran la verdad.
Un ejemplo de la literatura nos ilustra. Desde el comienzo de su novela Crónica de una Muerte Anunciada, García Márquez plantea que el personaje central, Santiago, va a morir. ¿No hubiera pasado algo similar con Caja Bancaria si no se hubiera reformado sustancialmente en octubre de 2008, luego de más de 20 años de conocerse que corría peligro, al ser vez cada vez menos los activos que sostienen un número cada vez mayor de jubilados? ¿Por qué se esperó tanto para reformarla? ¿O es que se promovía el mismo destino que Santiago?
¡Cuántas esperanzas, angustias, soledades e incontables muertes de obreros de la construcción habrán quedado a la vera del camino, la vieja parca llega inexorablemente, cuando se esperó más de 30 años para corregir errores en las liquidaciones de sus pasividades! ¿Por qué tamaña injusticia se solucionó recién en 2008?
Año 1979. Los cívicos militares dictatoriales eliminan la prima por edad para mayores de 70 años y establecen los famosos topes del Acto 9. Veintiocho años tuvieron que transcurrir para que este gobierno progresista lo solucionara en 2007. ¿No se consideró que los ataúdes no esperan? ¿Cuántos se habrán usado? Las mismas reflexiones nos merece la eliminación del discriminatorio impuesto que gravaba más de 107.000 jubilaciones de industria y comercio desde 1960. ¿Por qué no se hizo nada durante casi medio siglo?
Reconozco que el trabajo rural tiene características específicas. Pero, ¿ello justifica que recién ¡casi un siglo después! se haya resuelto aplicarle la ley de 8 horas, que tenía vigencia desde 1913? ¿Cuántos quedaron por el camino?
A fines de los 80, junto al SUA estábamos en el viejo teatro Larrañaga de Salto, con el Dr. Castillo y el querido argentino Proust. Me enorgullezco de haber sido amigo y asesor de ambos. Reclamábamos el reconocimiento de derechos laborales y de seguridad social para los artistas. Recién en 2008 se les dio la razón.
Podríamos seguir con múltiples ejemplos similares de demoras, años más, años menos: fuero sindical, tercerizaciones, trabajo doméstico, flexibilización de acceso a las jubilaciones y bonificaciones para facilitar la entrada de las mujeres a las mismas, ajustes diferenciales a las pasividades más sumergidas, seguro de paro, reformas de la Caja Policial, asignaciones familiares y subsidios por vejez, etc.
¿Y el IRPF? La oposición cuestiona el mismo argumentando que es injusto gravar las pasividades. Pero ¡el gravamen existe desde 1982!, es decir desde la dictadura. Dejemos ésta, y vayamos al período democrático. Desde 1985 hasta 2004, el impuesto no sólo no se derogó, sino que se ratificó en 11 oportunidades. Cinco durante el gobierno del Dr. Lacalle, dos cuando gobernaba el Dr. Sanguinetti, y tres durante el período del Dr. Batlle. Con el agregado que existieron algunas rebajas preelectorales y aumentos post elecciones. ¿Por qué no se derogó si era injusto? ¿Cambio de opinión, doble discurso, ignorancia, olvido, necesidades electorales?
Que yo sepa, quienes integramos este gobierno somos seres de carne y hueso, con errores y virtudes, como tantos. ¿Por qué se esperó tanto para comenzar a solucionar las angustias y necesidades de la gente? ¿Qué habrán pensado durante tantos años los jubilados, los afectados por los topes, los trabajadores rurales, artistas, las mujeres, etc., etc.? ¿Ideas o intereses diferentes? No entiendo. Más bien, ¡claro que entiendo!
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