50 años después
El 8 de abril de 1959 la muerte del doctor Luis Alberto de Herrera conmovió al país y la Cámara de Representantes le rindió el condigno homenaje. Presidía la Cámara Francisco Rodríguez Camusso, primer titular de la lista 51 de Daniel Fernández Crespo en Montevideo, como resultado del triunfo del Partido Nacional en las elecciones de noviembre 1958, quebrando el dominio del Partido Colorado. Rodríguez Camusso, quien en 1971 saltó la barrera de los lemas para ingresar como fundador al Frente Amplio, inició la conmemoración con un enjundioso discurso, al que se sumó entre otros legisladores el diputado Rodney Arismendi en representación de la bancada del Partido Comunista. Es este discurso el que deseamos recordar precisamente hoy. Está incluido en un volumen de Discursos Parlamentarios de Rodney Arismendi editado por la Cámara de Representantes en 1994 que tuve el honor de prologar.
Decía en esos momentos Rodney Arismendi, y recuerdo perfectamente el clima tenso y emocionado que rodeaba sus palabras: «Tuvimos con este destacado político desaparecido, mezclado a más de cincuenta años de la vida política del país, discrepancias agudas, en muchos terrenos y en muchas circunstancias… (Pero) muchas veces, en estos quince años en que integramos esta Cámara, nos hemos encontrado con sus amigos o con quienes impulsaban sus directivas en la defensa común de algunos principios esenciales caros al país; esos mismos principios a que aludía el señor presidente de la Cámara, el señor diputado Rodríguez Camusso. Ellos constituyen una contraseña para una América Latina que se conmueve y empieza a encontrar la voz de sus hijos desde el Río Grande hasta Tierra del Fuego; principios tanto más importantes en un mundo donde los imperios coloniales caen, donde continentes que hasta ayer vivían en la sombra de la leyenda, entremezclando sus leyendas milenarias con el perfil de los soldados ocupantes, emergen en la historia contemporánea para poner en la balanza de la paz su palabra de pueblos recién avenidos a una nueva circunstancia histórica; que es, en última instancia, la circunstancia de nuestra América Latina».
Más adelante analiza los conceptos de nacionalismo, anticolonialismo y patriotismo en los siguientes términos: «La expresión ‘nacionalismo’ en la vida contemporánea ya no se puede consustanciar con la denominación de un partido; es una definición más vasta, ideológica, histórica; es la afirmación de la voluntad anticolonialista situada desde una posición determinada. Sobre la base común del patriotismo, coincidimos con el doctor de Herrera en torno a hechos esenciales de la vida política del país y de su política exterior: la defensa de la soberanía nacional, la afirmación de que el principio de la soberanía persiste y no debe entrar a la ropavejería de la historia; la afirmación del principio de autodeterminación de los pueblos; el principio de que los pueblos deben entenderse en la paz, en el comercio, en las relaciones mutuas, por encima de las diferencias de los regímenes sociales y políticos; el principio de que la política exterior de los pueblos no puede ser instrumento de las fluctuaciones coyunturales, que mueve el poderoso desde fuera».
Menciona luego otros conceptos del doctor de Herrera en defensa de la soberanía y concluye: «Por eso, más allá de las apreciaciones sociales diferentes, de las concepciones políticas que nos sitúan en campos diametralmente opuestos, hemos preferido recoger estas apreciaciones de patriotismo, que se ubican tan bien en la historia contemporánea, en la aspiración de un mundo que tiende hacia la paz y hacia la ruptura de las cadenas del colonialismo, que está presente sin duda también como una lección para las futuras actuaciones de nuestro pueblo».
Cuando Arismendi hablaba de sus diferencias esenciales con las concepciones del político homenajeado, no utilizaba una figura retórica. Estuvieron directamente enfrentados en múltiples terrenos: durante la dictadura de Terra, durante la guerra civil española y el proceso de recuperación democrática en Uruguay, y durante la segunda guerra mundial. Arismendi dirigía Diario Popular, que hacía una campaña concentrada y de alto voltaje a favor de los aliados, contra el nazismo y contra su quinta columna en el Uruguay, que como tal era sindicado el herrerismo. El propio doctor Herrera movilizó decenas de procesos contra Arismendi mediante una liberticida ley de imprenta, lo que obligó a éste a exiliarse y solo pudo regresar cuando el Parlamento lo integró a su seno por renuncia del titular de la banca (Antonio Richero). Estos hechos acrecientan el valor y el significado político de sus palabras, pronunciadas 50 años atrás.
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