Israel tiene nuevo gobierno

Este martes fue presentado el nuevo gobierno de Israel y Benjamin Netanyahu se convirtió por segunda vez en su vida en el primer ministro. Los desafíos del nuevo gobierno son múltiples. Aunque quizás el primero será garantizar la estabilidad de la coalición, que incluye elementos dispares como partidos de derecha religiosos y los seculares de la centroizquierda laborista, el más difícil será contrarrestar la imagen que se le ha «pegado» aun antes de que empiece a trabajar.

 

Se ha hablado de «extremismo» y «ultraderecha» y hasta se ha afirmado que el nuevo canciller, Avigdor Liberman, del partido de derecha Israel Beiteinu, es «fascista». Sin referirse en absoluto a los adjetivos usados por otros, de afuera, Netanyahu intentó de hecho aclarar la situación ya en su primer discurso, asegurando que su gobierno buscará la paz con sus vecinos árabes y que «no queremos dominar a los palestinos» y señalando al mismo tiempo, en tono categórico, que «no permitiremos que nadie cuestione nuestro derecho en esta tierra, el derecho de nuestra existencia».

Netanyahu extendió una mano a los palestinos, sin ocultar sus exigencias de que «combatan el terrorismo» y «eduquen a sus hijos a la paz», mostrándose por otra parte categóricamente opuesto al islam extremista, que según él, «amenaza también al mundo árabe». Los palestinos no abrazaron las primeras palabras de Netanyahu ya casi como premier, señalando un comunicado de la Autoridad Palestina emitido en Ramallah que «fue decepcionante, porque no se refirió explícitamente a la creación de un Estado palestino».

 

Claro está que los discursos con buenas intenciones, no bastarán para lograr un acuerdo de paz. Las palabras sobre la búsqueda del fin del conflicto, son sólo un elemento en el camino…y no el central. Pero también está claro que gobiernos de centro izquierda que rigieron los destinos de Israel antes que el recién estrenado de Netanyahu, negociaron durante años con los palestinos, sin que se logre llegar a un acuerdo. Si bien también del lado israelí hubo errores, lo que más frenó hasta ahora el establecimiento de un Estado palestino independiente, fue el terrorismo de los extremistas del lado palestino, que perjudicaron así a su propio pueblo, legítimamente en búsqueda de independencia. El proceso de paz entre Israel y la OLP comenzó en los tiempos de Itzjak Rabin como primer ministro y Shimon Peres como canciller. No estaban al frente el «ultra» Liberman ni el «derechista» Netanyahu, sino dos de las figuras israelíes más identificadas con la lucha por la paz. Eso no detuvo sin embargo al terrorismo contra la población civil de Israel.

 

Cuando Rabin fue asesinado por un extremista de derecha que quería detener el proceso de paz, para los terroristas del lado palestino, esa fue una nueva «oportunidad de oro». En lugar de mostrar que los opuestos al proceso de paz del lado israelí estaban equivocados, que sí podrían confiar en los palestinos y permitir la creación de su Estado sin temer por la seguridad de Israel, hicieron todo lo posible para mostrar lo contrario. Los atentados suicidas continuaron cobrando víctimas entre los ciudadanos de Israel. Eso no paró siquiera en los tiempos del laborista Ehud Barak al frente del gobierno de Israel. En la cumbre de Camp David, en julio de 2000, ofreció a Yasser Arafat un marco de acuerdo que nunca antes nadie había ofrecido y que difícilmente sea superado por algún otro premier israelí . Se ofreció un Estado palestino en toda Gaza y el 97% de Cisjordania, además de territorios del sur soberano de Israel a cambio de la zona de Cisjordania que no se entregaría para preservar allí los grandes asentamientos. Se ofreció dividir Jerusalén. Pero Arafat rechazó la propuesta. La respuesta fue la segunda Intifada, llena de sangre y víctimas para ambos lados…y una nueva postergación, claro está, de la independencia palestina. Y luego llegó Ariel Sharon, otro «ultra» halcón, según afirmaban todos, que sorprendió al mundo saliendo de la Franja de Gaza y desmantelando todos los asentamientos israelíes en la zona. Tras 38 años de ocupación Gaza pasaba a manos palestinas. La respuesta no fue acelerar los preparativos palestinos para su independencia y el desarrollo de su sociedad en la nueva etapa promisoria, sino la intensificación del disparo de cohetes desde Gaza hacia la población civil israelí.

 

Y otra oportunidad , nuevamente, quedó perdida.

Probablemente Netanyahu cometa errores, como todo aquel que ejerce la labor de gobierno. Pero por más «fascista» que llamen a su canciller y por más adjetivos «ultras» que peguen a su gobierno, nos parece claro de antemano que Israel es sólo una pieza en el complejo mosaico regional. El régimen verdaderamente fascista de la zona es el de Hamas en la Franja de Gaza . A él y sus pares debe ir el mundo con sus acusaciones, cuando se pregunta por qué no hay todavía un Estado palestino.

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