EDITORIAL

Anticipación de la crisis y tensión de la información

Efectivamente, el país está ingresando en una zona de riesgos múltiples, conformada en la convergencia de los impactos de la crisis, el tiempo electoral y los problemas del desarrollo de un programa de gobierno que agrega sus propios riesgos. ¿Cómo sería un programa de modernización e inclusión, diseñado y ejecutado prácticamente en línea, carente de riesgos elevados?

 

Desde esas tres vertientes continuarán produciéndose novedades cotidianas cuya síntesis a nivel del pensamiento social es previsible. En pocas semanas más la discusión uruguaya estará connotada de confusión, temores y un desvío creciente entre aquello que realmente apela a la capacidad creativa de una sociedad desafiada y lo que, impuesto desde la natural especulación política, desbordará escepticismo sobre la capacidad de comprensión ciudadana.

 

Los indicadores de anticipación económica disponibles ­no aquellos que anticipan mecánicamente el futuro desde la historia reciente, como el de Ceres, por ejemplo­ sino los que permiten anticipar escenarios contando con la participación activa de la gente en su conformación, son más difíciles de interpretar porque ponderan de otra manera la propia creatividad de una sociedad integrada. Esos otros indicadores de anticipación son más complejos de interpretar porque integran la historia reciente, reconocen el presente y ponderan esencialmente cómo reaccionarán en la emergencia los agentes económicos, los formadores de opinión y las autoridades.

 

Esa perspectiva no es sobre la que usualmente trabaja la política. Es, esencialmente, una práctica de aquellos que especulan con el resultado de los desenlaces, con los defectos naturales de los contratos estresados en los picos de las crisis. Es la perspectiva en la que trabajan los que administran profesionalmente recursos propios y ajenos con herramientas muy sofisticadas. En esa perspectiva pondera mucho la capacidad de los administradores de turno para gestionar la crisis sobre diagnósticos muy precisos.

 

Esa es la perspectiva en la cual deben trabajar las autoridades. Esa es, también, la perspectiva sobre la que nosotros vamos a procesar la información delicada en estos meses. No vamos a incursionar en una guerra de titulares oponiendo fortalezas y oportunidades a las amenazas obvias de una situación difícil. Vamos a contribuir en la medida de nuestras posibilidades a destacar esa perspectiva de la realidad. No sólo por razones políticas, que las tenemos; tan naturales y legitimas como las otras; sino porque, efectivamente, esa porción de la realidad ocupará o no su lugar en la formación de expectativas según se la trate profesionalmente en los medios masivos de comunicación.

 

Este abordaje de la realidad en escenarios de crisis no es fácil para un medio de sensibilidad de izquierda, que no ignora el imperativo de la verdad y que, a la vez, debe participar naturalmente en ese juego de formación de expectativas. Ese es, probablemente, nuestro desafío mayor en un extenso período de contribución al cambio. Ya veremos cómo nos ubicamos en esta convergencia de riesgos propios y ajenos. Sin embargo, importa reconocer públicamente esta tensión en la que trabajamos cotidianamente.

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