El secreto bancario no debe ser un tema tabú
Desde hace varios días algunos medios de comunicación y analistas políticos persisten en ocuparse reiteradamente del secreto bancario. Muchos de ellos buscan agitar las aguas en la interna del Frente Amplio, con la ayuda de ciertas tergiversaciones que no hacen otra cosa que confundir a los lectores y a los oyentes.
En una campaña electoral tan breve y que obliga a los distintos precandidatos a exponer sus ideas, es lógico que se defienda a ultranza el programa de la fuerza política, pero también es natural que se tenga en cuenta la actualidad nacional, regional y mundial sobre este y otros temas.
Primero voy a transcribir la Resolución del IV Congreso Extraordinario «Héctor Rodríguez» de diciembre de 2003; dice: «El Secreto Bancario no deberá interponerse ante los requerimientos de información de los organismos de contralor del Estado, los de la administración tributaria y del Poder Judicial».
Por su parte en el V Congreso Extraordinario Zelmar Michelini de diciembre de 2008 se expresa: «Para una mayor eficiencia se debe promover, con intervención de la Justicia, el levantamiento del secreto bancario con exclusivos fines fiscales para controlar la evasión impositiva».
Las manifestaciones del compañero José Mujica, del 5 del corriente mes en «Búsqueda» sobre el secreto bancario, son claras; luego de algunas consideraciones, dice: «A esta altura trae más problemas que beneficios», por lo cual «negociaría su eliminación con la región buscando alguna ventaja en contrapartidas para el Uruguay». En definitiva, lo que anuncia Mujica es que en caso de llegar a la Presidencia de la República, negociará con el resto de los países del Mercosur la eliminación del secreto bancario. Todo lo demás son elucubraciones.
Esto con referencia a lo que sucede en Uruguay y la región, pero no podemos, como el avestruz, introducir la cabeza en la tierra y desentendernos de lo que pasa en el mundo. La crisis financiera global, que estallara en Estados Unidos, está haciendo pensar a los países del primer mundo en lo que sucede en los paraísos fiscales, que están protegidos por el secreto bancario.
En un artículo muy interesante de la prensa «La Vanguardia», de España, escrito por Rafael Poch en Berlín, dice que «La necesidad de dinero en Estados Unidos y la Unión Europea, determina una ofensiva contra los «paraísos fiscales» y pone a Suiza contra las cuerdas». Informa que en los paraísos fiscales se administran 7 billones de dólares y que la tercera parte corresponde a Suiza. Pero también hay otros paraísos fiscales, en Malta, Irlanda, Andorra, San Marino, Luxemburgo y Austria, que también reciben depósitos ofreciendo ventajas fiscales. Se nos dice que el 80% del capital extranjero que hay depositado en Suiza es dinero evadido de países del tercer mundo y corresponde a la mafia o a las tránsfugas fiscales.
Esta preocupación que existe en esos países se relaciona en que, por ejemplo, Estados Unidos pierde anualmente 100.000 millones de dólares de recaudación.
Como podemos apreciar, la crisis del sistema financiero mundial, su rápida expansión y su gravedad sobre todo en los países desarrollados, obliga a ir pensando en adaptar las normas que sean necesarias para regular y controlar cada vez más al sistema financiero. En la próxima Reunión del G20 no se descarta que se pidan sanciones para los paraísos fiscales, que han sido cómplices de la evasión y fuga de capitales.
Este delicado tema del secreto bancario merece un profundo estudio, pero lo que no podemos permitir nunca más es que las crisis que se originan por el ocultamiento y falta de transparencia en la información golpeen como lo están haciendo a los distintos pueblos del mundo.
Mi experiencia, en la actividad parlamentaria, me demuestra que existen grandes dificultades para que las comisiones investigadoras lleguen a esclarecer posibles hechos delictivos. Ello está originado por los límites que tenemos los legisladores para recibir información y por el obstáculo insalvable del secreto bancario, que brinda impunidad a aquellos que actuaron en la gestión pública con falta de transparencia, ocultamientos y con sesgos de corrupción.
Entonces a no asustarse; hoy tenemos nuestras propias resoluciones programáticas, pero la hora actual requiere continuar analizando el tema, para que no se convierta en un tema tabú.
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