Alerta. Cosas veredes

Las crisis generan de todo. Como tantas veces en la historia, el sistema y sus operadores inventan términos o conceptos, adaptan los existentes, para explicarla o disimular sus barbaridades. También nos proporcionan sorpresas. El secretario del Tesoro de Estados Unidos propone como medida para restablecer la confianza y el crédito, ¡limpiar los balances bancarios tóxicos! Estos serían aquellos que responden, según explican, a créditos mayoritariamente hipotecarios, otorgados sin suficientes garantías por instituciones y operadores irresponsables. Corporaciones que por su parte son premiadas con sumas tan gigantescas por parte del Estado, para subsistir, que se pierde su dimensión entre tantos ceros desparramados por el mundo.

Digo yo ¿por qué no llamar por su nombre a estos verdaderos desfalcos y estafas? ¡Claro!, es más distinguido denominarlos tóxicos. Y a los estafadores que pasean ostentosamente por el mundo exhibiendo sus desmesurados afanes lucrativos, se les adorna llamándoles ¡descuidados, equivocados!

¿Recuerdan cuando años atrás se llegó a sostener que a través del informalismo quienes trabajan en negro, ilegal o como quieran llamarlo, recuperaban la libertad? Y que además la informalidad constituía una importante etapa del proceso de desarrollo. Es decir, ¡inevitable! Indigno de Vargas Llosa, autor de tal despropósito, tan brillante escritor como frustrado político, defensor a ultranza del neoliberalismo.

¿Sorpresas, doble discurso? Resulta que a la cumbre de líderes progresistas realizada en Santiago de Chile concurrió el primer ministro británico Gordon Brown, al que por estas latitudes cuesta asumir como tal. Cabe reconocer que comparándolo con su antecesor, Tony Blair, sale ganando por goleada. Asimismo estuvo presente el vice de Estados Unidos, Joe Biden, lo cual es también difícil de digerir. Pero, comparado con su predecesor Dick Cheney, la victoria ya no es por goleada sino por KO. Inexorablemente vienen a la memoria Irak, Afganistán, Guantánamo, bloqueo de Cuba, Bolivia, etcétera.

Bueno, y ¿por qué todo esto? Uruguay, la región toda, deberá estar alerta ante maniobras de tal tipo que puedan surgir post crisis. Porque llegarán, tiempo más, tiempo menos. Sacarán de la manga conceptos, términos, dobles discursos.

Meses antes de la crisis había comenzado a difundirse una concepción de las relaciones laborales, fundamentalmente, basada esencialmente en el ejemplo danés, al que se denominaba «flexiguridad» y que se basa en la libertad de despido, protección social y acuerdo social. Por razones obvias, hoy no ocupa los titulares. Pero atento, cosas veredes. Si la seguridad va de la mano con la inalterabilidad, la certeza, y la flexibilidad con la disposición a ceder o acomodarse fácilmente, ser manejable, ¿cómo se explica esto de la «flexiguridad»? Pero reconozcamos: no suena mal. Otro día desarrollaremos el concepto y sus peligros, es decir ¡su toxicidad!

Allá por los 90 el gobierno del Dr. Lacalle, reinado de la plaza financiera, a la cual todo se subordinaba, en las relaciones laborales se cedía, se acomodaba, se manejaba. Pero al final, por la vía de los hechos, se rompían las reglas de juego, esto es: ya no era flexibilidad sino desregulación. Años también en que subsidio y Estado eran malas palabras. Hoy, son un reclamo bastante generalizado, lo cual es lógico, y que se otorgarán a quienes lo merezcan. Y que el Estado sea su ejecutor.

La volubilidad, el doble discurso, son características que todos podemos tener. En el mundo de las finanzas, es por demás visible. ¿Recuerdan aquel notable escrito de Galeano cuando nos decía que John Locke, hombre famoso, mientras sostenía la libertad como valor fundamental hasta convertirse en filósofo de ella, invertía algunas «moneditas» en la Royal Africa Company, dedicada a robar esclavos negros en Africa y venderlos baratos en América? Lo del título: alerta.

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