De poseedores y desposeídos

Hemos repudiado la reforma constitucional que aprobó el mecanismo del «balotaje», como una burda maniobra montada por la derecha y, sin (querer) entender aún porqué, apoyada por algunos connotados (que se decían y se dicen), «de izquierda», para conseguir en la «liga», lo que no habían logrado en la cancha. Es una herramienta prototípica de la «idiosincrática» «‘maleza’ criolla», esta vez puesta al servicio de la carencia de escrúpulos de ética política que caracteriza a un importante conglomerado de personajes políticos cuyo postulado ético fundamental es el de que «el fin justifica cualquier medio».

 

Sin embargo, al espurio método hay que reconocerle una virtud. Más allá de la «ventajita» coyuntural y autóctona a la que aspira, la virtud consiste en tener la capacidad potencial de poder separar, con un corte irremediable, en la mentada segunda vuelta, a los bagres de las tarariras. («Ha llegado la hora de ‘trampear’ juntos»). No caben dudas de que los primeros hombres que poblaron el mundo deben haber tenido una igualdad de situaciones y condiciones originales innegable. Únicamente recortada por el instinto de superioridad animal de la fuerza (la primera forma de poder), por el no menor principio de selección natural para el perfeccionamiento de las especies, puesta de manifiesto claramente en nuestros ancestros, los simios, en tanto, el más fuerte come y copula primero, y el que le sigue, espera su oportunidad y su turno de desbancarlo (los políticos hacen lo mismo). Con el uso de la inteligencia «superior», que dicen, tenemos, los hombres se fueron diferenciando primero, naturalmente, en base a la fuerza bruta, en más y menos poderosos. Y los primeros se fueron además, convirtiendo en poseedores a través de usar esa superioridad de poder, en quitarles partes de riqueza a los otros, que se fueron transformando en desposeídos. Con el correr del mucho tiempo, unos pocos estuvieron, como poseedores y unos muchos como desposeídos. Y, a través de los estudios efectuados se les fueron dando distintas denominaciones. Oligarquía y pueblo, dijo Artigas.

 

Burguesía y proletariado, los marxistas derecha e izquierda, fueron el componente político que apareció como posible representante de ambas clases socio-económicas. Aunque algunos, autoproclamados de izquierda, o puestos en los cargos por errores de sus legítimos mandantes, desde su sillón instalado en el poder político hayan claudicado, traicionado y demostrado en los hechos que no lo eran tanto. Y en esta alternativa planteada de separar las clases sociales y la existencia de su intencionalmente negada lucha, que se trató de tornar en mala palabra, y sus posibles defensores políticos, nos encontramos con antecedentes históricos nacionales muy importantes, a develar, conocer y difundir.

 

Luego de la traicionada patriada artiguista, algunos de sus «subalternos» mostraron las verdaderas uñas. Así nació, con el imperio de turno oficiando como partera, el unitario Estado tapón que cambió, sin consultarnos, la orientalidad por la uruguayez. Y con él, la primera Constitución unitaria que llevó, como de la mano, al que sería luego el creador del Partido Colorado e intrigante genocida de los legítimos ocupantes de estas tierras y nuestros hermanos, los charrúas.

Ese primer texto fue el intento lógico de quienes detentaban ya el poder económico y de la mano de éste, el militar, de «blaquear», o sea de «legalizar» sus actos de pillaje sobre tierras y haciendas que originalmente no le pertenecían. Hasta hoy, y a pesar de sus intentos de «mejora» (¿cómo el del «balotaje»?), la Constitución, elaborada por los poderosos, se ha constituido en baluarte de la defensa a ultranza de los intereses de sus mentores.

 

Pero ahora corresponde evaluar el elemento cuantitativo del enfrentamiento. Hemos dicho que los poderosos, son unos pocos, que se han apoderado de cuotas partes de riqueza (¿plusvalía?) de unos muchos. Si se dejara actuar libre y pensantemente a ambos conjuntos socio-económicos, en un puramente teórico escenario democrático, es claro que siempre debería prevalecer, en una votación «limpia», el candidato de los «muchos» sobre el candidato de los «pocos». O sea que las ovejas derrotarían a los lobos.

 

Esto, en la realidad , no ha sido tan así, y la historia lo muestra.

 

Porque esos «pocos» tienen el poder suficiente para comprar voluntades y para convencer por medios a su disposición (los medios de comunicación siguen estando en su poder), a los que por falta de desarrollo educacional o mental o por prebendas económicas, estén dispuestos a «olvidar» la clase a la que pertenecen primigeniamente.

Además de la clásica división entre poseedores y desposeídos, aparece una tercera agrupación: la que llamaremos de los «desposeedores» (por el único motivo de flotar en el medio de ambos), desposeídos mercenarios, traidores de clase, que por menos de treinta dineros, están proclives a ponerse al servicio de los poseedores. Buscando a través de unas fáciles migajas que les tiran, salirse de su desposeída clase de origen.

Tanto estos, como los desposeídos natos, sin conciencia de clase, han permitido, por años, que los «pocos» fueran «muchos» a la hora de los recuentos de votos , y por tanto, de la adjudicación de cuotas de poder institucional.

 

Pero lo cierto es que, son tantos los «muchos», y tan pocos los «poseedores», aunque poderosos, que de darse la lógica, con la necesaria aun lentísima toma de conciencia, es de esperar que, los muchos consigan poner a sus representantes en el poder. Lo que les daría importante chance de mejorar su situación. A través de lo que se conoce como la famosa y esquiva redistribución del ingreso y la riqueza.

 

Para ello hacen falta, simplemente (¿?)

-que puedan impulsar y triunfar ubicando en el poder a un candidato que se comprometa a defender sus (de ellos) intereses.

-que, ese candidato, en los actos «de gobierno», no los traicione y los defienda plenamente.

 

Si en la actual puja global por candidaturas a la Presidencia, aplicamos la mira con los requisitos que anteceden tenemos:

-solamente un partido que está en condiciones de poder y deber representar y defender los intereses de los desposeídos: El Frente Amplio. -solamente un candidato presidencial capaz de llevar adelante esa patriada y de comprometerse con los de su clase: El Pepe Mujica.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje