Vayamos a lo positivo

El pasado día 8 se publicó en LA REPUBLICA un artículo del señor Suhail Hani Daher Akel, «ex embajador del Estado de Palestina», titulado «Antisemitismo con doble balanza».

La presentación sugiere algún comentario.

En primer lugar, ¿alguien pudo haber sido embajador de un país ­ el Estado de Palestina- que no existe?

Ojalá hubiera un Estado Palestino conviviendo en paz y seguridad con el Estado Judío. Pero como por el momento no es el caso, no se entiende quién pudo extenderle las credenciales de Embajador.

En segundo lugar, los países envían embajadores a los países con los cuales mantienen relaciones diplomáticas de Estado a Estado, y hasta donde nos consta, no es el caso de nuestro país con el Estado de Palestina.

No se trata de descalificar a nadie ni de hacer hincapié en cuestiones formales, pero esta autopresentación es premonitoria del «retablo de la confusión» ­expresión que rescato del artículo del señor Akel ­ porque, con todos los respetos, si hay algo que prevalece en su artículo es una maraña cuyo hilo conductor no aparece por ningún lado.

Desde que un cómico israelí habría proferido blasfemias contra Jesús y María, pasando por la referencia a «la terrorista sionista Golda Meir» (¡Cúanto odio, Dios mío!), y de ahí a la objeción semántica por utilizar el término «antisemitismo» sólo en relación a los judíos ­tal como lo acuñó Wilhelm Marr a fines del siglo XIX ­cuando los árabes también son semitas.

Luego la argumentación de que las discriminaciones antijudías fueron útiles a los intereses sionista-israelíes para potenciar su victimización (casualmente el mismo razonamiento que utilizó en su momento el líder de la «Alianza Libertadora Nacionalista del Uruguay»).

El señor Akel afirma que Israel, desde su creación y hasta el día de hoy, profana los lugares santos, objeta que el Holocausto se limite a los judíos. (Quizás el señor Abel ignore que todo bebé judío, por el solo hecho de nacer, era un enemigo mortal sin considerar el grado de judeidad, aún el nacido en Alaska, como escribiera recientemente Perednik). El caso más parecido a las víctimas judías fue el de los gitanos, también asesinados en masa, pero en la concepción nazi no dejó de ser un fenómeno marginal.

No hemos agotado el catálogo ni mucho menos.

No se requeriría mayor esfuerzo intelectual para desbaratar una por una la retahíla de argumentos del señor Akel y grande es el esfuerzo para seguir de largo ante afirmaciones como la reciente limpieza étnica palestina en Gaza (El escritor compatriota Marcos Cantera Carlomagno se pregunta: ¿Qué debe hacer un Estado democrático para proteger a sus ciudadanos del terrorismo y una serie de dictaduras, además de un larga cadena de bandas terroristas que tienen como objetivo explícito eliminarlo del mapa?

Pero tratemos de llegar a algo positivo: – En la Declaración de Independencia de Israel, Ben Gurion extendió la mano de la paz a sus vecinos árabes.

Desde entonces y hasta hoy la afirmación positiva «sí» no existe en el vocabulario político del liderazgo árabe y palestino. Desde 1937 se registran por lo menos doce propuestas para crear un Estado para los palestinos junto al Estado Judío. Todas, inútil es agregar, rechazadas de plano por los árabes y aceptadas por los judíos.

Durante la guerra de los Seis Días, el Presidente Lyndon Johnson proclamó el concepto «tierra por paz», que de ahí en más inspiró la política del mundo libre.

La violenta respuesta al retiro israelí de Gaza en el año 2005 dispuesta por Ariel Sharon pone esta política en tela de juicio.

Sin embargo, no hay que perder la esperanza.

Los palestinos deberían encontrar la forma de liberarse políticamente del Hamas, no sólo porque el objetivo de dicha organización es la desaparición de Israel como Estado judío, sino además porque le importa un comino las víctimas y la paz y que, por no haber podido imponer la sharia a su pueblo, lo arrastra, como dijera nuestro conocido Bernard-Henri Lewy, a la vía del martirio y del infierno.

El liderazgo palestino debería olvidarse de Hassan Al-Banna, Sayyid Qutb y Ajj Amin Al-Husseini (El señor Akel sabe a quiénes me refiero), y repudiar todos los vínculos nazis de sus raíces, dejando de educar a los hijos de su pueblo para el odio.

Si finalmente y como consecuencia de lo antedicho aceptara nada más y nada menos que la existencia pacífica y segura del Estado de Israel, todo sería pasible de solución: El Estado palestino, sus fronteras, los asentamientos, Jerusalem, los refugiados…

Sería seguramente una paz sin amor, quizás hasta con odio, pero paz al fin.

Mientras tanto, ¡ cuánto se adelantaría si devolvieran al soldado israelí Guilad Shalit, secuestrado hace casi tres años!

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