Los frutos de la ex guerrilla salvadoreña
Las elecciones que tuvieron lugar el domingo para elegir presidente en El Salvador, cuyos primeros resultados confirmaron la importante victoria de la ex guerrilla izquierdista, marcan otro punto de inflexión en el progresivo cambio hacia la izquierda que ha vivido el continente americano durante la última década.
La histórica victoria de la ex guerrilla marxista salvadoreña, 20 años después de haber depuesto las armas, afianza el giro a la izquierda de Centroamérica, una región tradicionalmente considerada como el patio trasero de Estados Unidos.
El líder del FMLN, el periodista Mauricio Funes, logró alzarse con la victoria en ese pequeño país centroamericano, tras derrotar a la rancia derecha heredera de los tiempos oscuros de la represión. Pero por sobre todo, la victoria sin ningún cuestionamiento de Mauricio Funes como presidente electo de El Salvador marca el triunfo de la democracia en una región que en los años 70 y 80 fue escenario descarnado de la brutal Guerra Fría.
En el caso salvadoreño la resolución negociada del conflicto político en 1992 no evitó que el miedo instaurado por la dictadura y por la amenaza yanqui se impusiese a los deseos de cambio. En esta ocasión el miedo perdió la batalla. El pueblo salvadoreño habló en las urnas.
En todo caso, el cambio que se ha ido consolidando en la región va más allá de estos resultados electorales concretos y la fuerza social del proyecto del FMLN es, por sí misma, una demostración más de esa tendencia.
En la medida que países como Bolivia y Ecuador se han ido sumando a los gobiernos revolucionarios o progresistas de Cuba, Venezuela, Brasil y Argentina, se ha ido conformando un bloque regional que ha supuesto a su vez el declive de la hegemonía norteamericana en el considerado su patio trasero.
Si bien las diferencias entre proyectos y ritmos de esos gobiernos son evidentes, no cabe duda de que en todos esos casos la irrupción de fuerzas progresistas ha supuesto un elemento positivo. En algunos casos ese cambio ha llegado incluso a cuestionar las estructuras establecidas durante siglos de colonialismo y dominación, ofreciendo un modelo de desarrollo alternativo para sus países concretos, pero también para toda la región.
Si durante las décadas de los 70 y los 80 del pasado siglo los movimientos insurgentes creados en las selvas latinoamericanas fueron un faro de esperanza para la izquierda mundial, ahora son los programas de gobierno de esos mismos movimientos los que reclaman la atención de quienes aspiran a un mundo más justo. Y reclaman esa atención no para ser reivindicados, juzgados o fiscalizados. Simplemente dicen que América Latina resurge de esa rica historia de lucha.
El 1º de setiembre de 1992 fue firmada el acta fundacional del izquierdista FMLN en la legalidad con el comandante Schafik Handal y el Dr. Ruben Zamora, entre otros, y contando como testigos de ese acto histórico a monseñor Arturo Rivera y Damas, arzobispo de San Salvador, y monseñor Gregorio Rosa Chávez. Así quedaban atrás más de sesenta años de lucha clandestina de los revolucionarios y comenzaba una nueva etapa histórica de luchas dentro del marco de la legalidad y nueva institucionalidad generada por el Acuerdo de Chapultepec.
Finalmente en la noche del domingo, el pueblo recogió la cosecha de años de lucha popular y salió a las calles salvadoreñas como una marea roja para celebrar al grito de ¡Sí se pudo! el fin de 20 años de hegemonía de la derechista Alianza Republicana Nacionalista. En verdad, sí se puede.
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