Carrera contra el tiempo para recuperar a Shalit
Noam y Aviva Shalit temen que se les esté acabando el tiempo. El sábado próximo se cumplirán ya mil días desde que su hijo Gilad fue secuestrado por Hamas a Gaza. Casi tres años prácticamente sin señales de vida, sin información, sin saber si lo volverán a ver.
Durante más de dos años y medio hicieron caso. No hablaron de más, actuaron con firmeza pero con cuidado. Pero Aviva y Noam Shalit, los padres del soldado israelí Gilad Shalit, secuestrado por Hamas a Gaza el 25 de junio de 2006, decidieron cambiar de estrategia. Ahora que el cambio de gobierno en Israel es inminente, se instalaron en un puesto de protesta a media cuadra de la residencia oficial del primer ministro, Ehud Olmert, en Jerusalén, exigiendo abiertamente que el gobierno libere a los terroristas incluidos en una lista presentada por Hamas, a fin de recuperar a su hijo.
Ya no confían en las autoridades, que les aseguran que hablar demasiado o presionar públicamente es nocivo para las negociaciones. Ahora, saben con certeza lo que algunos ministros del gobierno saliente confirmaron abiertamente: que hasta el momento, no se puso a votación ni una vez la posibilidad de un intercambio con Hamas, que no se trató oficialmente nunca la liberación de 450 asesinos para ver nuevamente, con vida, a Gilad.
Por eso, no se limitan más y optan por abrir la protesta totalmente a la calle, a través del pueblo.
«Hay ahora una ventana de oportunidades, hasta que entre en funciones el nuevo gobierno, y hay que aprovecharla rápidamente», nos dice Noam, el padre de Gilad. «También a Hamas le aclaro que si no se apura a cerrar ahora un trato, puede perder la oportunidad de este intercambio».
Aviva, la madre de Gilad, teme que el próximo gobierno no quiera hacer un trato con Hamas que incluya la liberación de tantos responsables de cruentos atentados con víctimas mortales. Israel Fain, primo hermano de Noam, dice que el tema «no es que el próximo primer ministro Netanyahu no quiera hacer nada, ya que ya nos dio a entender que él también podría llegar a un acuerdo, sino que a todo nuevo gobierno le llevará tiempo organizarse, estudiar el tema…y para Gilad, cada día es una eternidad».
Miles de israelíes llegaron desde el domingo a expresar apoyo a la familia Shalit en su instalación temporaria.
Dos niños de Jerusalén, Lior de 6 años y su hermano Omer de 4, entregan a Noam una hoja. «Yo escribí que quiero ver a Gilad en casa, y mi hermano hizo el dibujo», dice Lior con una tímida sonrisa. Noam Shalit les sonríe, acaricia la cabeza del mayor y hace a la madre de ambos un gesto de aprecio que no necesita palabras.
«Yo también quiero verlo en casa», dice Noam. «Y ya es demasiado tiempo sin él».
De fondo, una grabación con la voz del propio Gilad, hiela la sangre: «Soy Gilad Shalit, hijo de Noam, y estoy preso de Izz al-Din al-Qassam…sálvenme». Al frente de la carpa, un cartel va cambiando indicando los días pasados desde el secuestro. El próximo sábado ya serán 1.000.
Entre los visitantes que llegaron a apoyar a los Shalit, se destacaron tres hombres, todos de alrededor de 80 años que no aparentan, quizá los únicos de los presentes que saben exactamente lo que está viviendo Gilad en su cautiverio.
En 1948, durante la guerra de Independencia, cuando eran jovencitos de 16, 17 años, Aharon Liron, Yosef Elad y Menashe Penso se contaron entre los más de 700 israelíes que cayeron prisioneros de la Legión Arabe, el ejército jordano.
«Lo que está pasando Gilad es terrible», dice Penso, que pasó más de 11 meses cautivo en Jordania. «Cada día es una catástrofe, pero él ya lleva casi tres años, en condiciones terribles, y solo».
Liron ya piensa en «los traumas que tendrá aun si vuelve, porque esto no termina así nomás». No es que recuerden positivamente su cautiverio ni mucho menos, pero son conscientes de la diferencia entre aquello y el estar secuestrado por Hamas.
«La diferencia clave es que nosotros recibíamos visitas de la Cruz Roja, cartas de casa, las familias sabían de nosotros y nosotros de ellas…pero a Gilad no le permiten contacto alguno con el mundo, aunque los asesinos de Hamas miran tele y están como en condiciones de lujo en las cárceles de Israel», dice Penso.
Al preguntarles qué los mantenía vivos, qué les permitía pasar los días sin desesperar, responden casi al unísono. «La esperanza. La esperanza de volver..algo que confiamos que Gilad todavía no haya perdido».
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