El FMI nuevamente en acción
En estos días, tanto el presidente del BCU, Mario Bergara, como el senador Sergio Abreu coincidieron en que el sistema financiero colapsó, no sólo el de EEUU y el de Europa, sino que también se refirieron explícitamente a la institucionalidad mundial del sistema financiero.
Bergara fue más claro, y con nombre y apellido (FMI, BM, BID, etc.) planteó que necesariamente tendrán que rever sus estrategias, sus políticas, y presentar una propuesta novedosa y adecuada a la realidad que se está conformando a partir de la crisis, y «sin fundamentalismos», insistió.
Las posturas coincidentes no se dieron a conocer porque sí, ya que luego de un largo período de silencio del Fondo Monetario Internacional, nuevamente lo quieren reflotar.
A todos nos queda claro (aunque algunos aún no se animen a decirlo públicamente) que esta institución surge como una consecuencia directa e inmediata de la supremacía de EEUU, a partir de la segunda guerra mundial, sobre el mundo capitalista.
Para expresarlo sin ambages, su función era consolidar la hegemonía del capital financiero y monitorear la políticas económicas, para luego dirigirlas, apelando para ello incluso al chantaje («si no hacés lo que digo, no hay préstamo»).
Uruguay, al igual que Argentina y Brasil, no tiene un relacionamiento de este tipo con el FMI. Pero este reacomodamiento de las finanzas y la producción mundial que genera la crisis exige, para algunos, un papel protagónico para estas instituciones de crédito. Sin ir más lejos, algún precandidato de la derecha ya lo ha propuesto.
El retorno del desprestigiado organismo multilateral llegó con una serie de créditos otorgados a países como Letonia, Islandia, Ucrania y Hungría para enfrentar los efectos de la crisis y proyecciones macroeconómicas cada vez más pesimistas.
De más está decir que los préstamos llegaron con las viejas recetas que quedaron demostradas, hasta por el Premio Nobel Joseph Stiglitz, como obsoletas, si es que alguien tiene alguna duda aún sobre el penoso y desastroso papel que tuvo el FMI en la crisis argentina de 2000-2001.
Se retorna al ajuste del gasto, al alza de tarifas, privatizaciones, ajustes salariales y mayores tasas de interés.
De ello resulta fácil deducir que en esta institución no ha existido la más mínima autocrítica del enorme daño ocasionado en el mundo de los países pobres.
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