Escrito por: Por Daniel Olesker - Economista La inflación: una batalla ganada
Este gobierno recibió hace 4 años una situación en la que los trabajadores habían sido brutalmente despojados de sus derechos en primer lugar, eliminando la negociación colectiva para la fijación de salarios, y en segundo lugar de sus ingresos, con una pérdida de salario real de más de 20% en los últimos 5 años, con un desempleo que llegó a más de 17%, una precariedad laboral que superó el 50% de los trabajadores ocupados y una carga tributaria mayor, a través del impuesto a los sueldos, que todos los demás sectores de la sociedad.
Fue con la convicción de la defensa de los más débiles, con la convicción de que era posible crecer y distribuir al mismo tiempo (cosa que no habían hecho la dictadura, ni Sanguinetti ni Lacalle cada vez que la economía creció) y con la decisión de redistribuir la riqueza y el ingreso, que este gobierno cambió la pisada para la clase trabajadora. Comenzando por la reconstitución del ámbito de negociación colectiva a través de la convocatoria a Consejos de Salarios, que el gobierno de Lacalle había dejado de hacer y Battle y Sanguinetti continuaron, y a través de mejoras en los ingresos salariales y de jubilaciones, en el empleo y su formalización, en los cambios tributarios, etcétera.
Han sido tantas las acciones que se han dirigido a fin de reconstituir una vida digna para las familias trabajadoras, que serán necesarias varias notas para explicarlo y difundirlo en esta crucial etapa de año electoral. En esta analizaremos un tema de dichas estrategias, que es la lucha contra la inflación.
La inflación sin duda es un impuesto para los que reciben ingresos fijos como los salarios o las jubilaciones y es mayor cuando ni siquiera se ajustan salarios y jubilaciones; se absorbe la inflación ocurrida como sucedía en la dictadura, en Lacalle, en Sanguinetti y ni que hablar en Batlle. Pero hay un segundo impacto negativo de la inflación sobre los trabajadores y jubilados que tienen que ver, ya no con el recuperar la inflación perdida, sino con el monto de dicha inflación: es evidente que cuanto más alta sea la inflación, más se pierde entre ajuste y ajuste de salarios. Es lo que se llama el impuesto inflacionario o la renta inflacionaria, o sea lo que los trabajadores pierden mes a mes entre un ajuste y otro porque las cosas aumentan todos los días y los salarios cada tanto tiempo. En la jerga sindical le hemos llamado siempre “los triangulitos” por la forma gráfica que tienen. Recuerdo al entonces dirigente sindical Victor Semproni mostrando una gráfica de périda salarial por “triangulitos” en una nota televisiva, reclamando luchar contra la inflación y por mayor cercanía entre los ajustes.
Es claro que cuanto mayor sea la inflación, más se pierde con los triangulitos. Los triangulitos representan más perdida en 1986, aun cuando el ajuste era cuatrimestral, respecto a 2008, que en el sector privado es semestral. Es decir la baja de la inflación (obviamente acompañada de aumentos salariales como veremos en siguientes notas) es relevante para conservar el poder compra de los trabajadores.
¿Cómo se logró esto?
Esta baja de la inflación no se logró a costa de recesión económica, a costa de enfriar la economía, a costa de reducir gasto o inversión pública, a costa de reducir salarios para reducir costos y con ello precios, es decir no se hizo a costa de los trabajadores. Por el contrario la baja de la inflación coexistió con el crecimiento económico, con la baja del desempleo, con la suba de los salarios, con la reactivación del mercado interno.
Se logró bajar la inflación porque se entendió que en la formación de los precios es muy importante la negociación con las empresas que tienen, por su peso en el mercado, incidencia en dicho resultado.
En primer lugar, el propio Estado que define tarifas públicas que tienen en la canasta familiar una gran incidencia. En valores reales (es decir descontada la inflación) las tarifas bajaron todas y la electricidad residencial subió levemente. Y esta estrategia se hizo con fuerte convicción política en momento en que problemas energéticos podían afectar negativamente estos precios. Por otra parte, en la canasta familiar el transporte incide de manera importante y es un precio regulado por el Estado nacional o la intendencia municipal.
Es notable allí la evolución del boleto en Montevideo, que tiene una baja de casi 30%. Basta recordar que hoy vale 15 pesos, lo mismo que cuando empezó el gobierno. 4 años y el mismo precio. Finalmente, respecto a los precios sobre todo de los alimentos, que en el marco de un crecimiento internacional de sus precios afectó el nivel de inflación otra vez, el gobierno optó por el camino de negociar e incidir en la formación de los precios, logrando acuerdos muy relevantes con las cadenas de producción y comercialización. En síntesis, la batalla de la baja de la inflación es permanente, pero hoy ha sido ganada para beneficio de la clase trabajadora.
Por la decisión del Estado sobre sus propios precios y por la capacidad de entender que por la vía de la negociación con los formadores de precios estaba el camino adecuado y no enfriando la economía y llevándola a la recesión. Sin duda mantener la inflación en niveles bajos ha sido un gran éxito de esta política económica y social. Ello se complementa con los otros cuatro grandes ejes de la redistribución de ingreso: salarios, empleo, tributos y gasto social (salud, protección social y educación).
De ellos hablaremos en las próximas notas.
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