Más educación, más igualdad
El 11 de marzo Michelle Bachelet cumplió tres años en el gobierno. En la populosa Comuna de Pudahuel hizo entrega de computadoras personales para alumnos destacados de los colegios de escasos recursos. Serán finalmente treinta mil niños en todo Chile, los felices beneficiarios del programa «Yo elijo mi PC», cumpliendo a cabalidad con lo que ella misma prometió en su rendición de cuentas al país el pasado 31 de mayo de 2008, ante el Congreso Nacional.
Es un hecho que enaltece a las instituciones y que habla de que la democracia, a pesar de sus cortapisa subyacentes, puede llegar al quintil más pobre de una sociedad.
Bachellet y su gobierno, han destinado parte de las enormes utilidades que la riqueza cuprífera le ha generado a Chile durante el último quinquenio hacia el principal capital de un país: su gente. Entre otros el gasto social de U$S 65 ($40.000 chilenos) por carga familiar para los hogares más pobres y por cada hijo para paliar las necesidades de un crudo invierno que se avecina,en medio de los sombríos pronósticos de los agoreros y analistas económicos, emparentados con propósitos electorales e intenciones de manipular a la opinión pública. No olvidemos que, aquí como en Uruguay, estamos inmersos en una ya álgida campaña electoral. Lo cierto y real es que la Concertación de Partidos por la Democracia ha ganado sucesivamente los gobiernos posteriores al régimen militar y que, a pesar de una constitución política preñada de autoritarismo, ha logrado generar progreso, reduciendo la pobreza y brindando oportunidades a la gran mayoría de los chilenos.
Confieso que, al ver y escuchar en la televisión estatal el emotivo testimonio de una niña agradeciendo el premio a su esfuerzo como destacada estudiante, representado en la entrega de un Note Book de manos de la propia Presidenta de la República, no pude menos que emocionarme.
Son los inequívocos signos del progresismo en América Latina que, por distintos caminos y expresiones construye, entre otros derechos aquel a una educación que llegue a todos y todas, como herramienta de igualdad y mejor calidad de vida.
La otra y espuria cara de la moneda la representa en estas horas la decisión de un par de senadores que formaban parte de la coalición de gobierno en acompañar con su voto la nominación de Jovino Novoa, ex subsecretario general de gobierno (vocero) de Pinochet, entre el 1º de junio de 1979 y el 25 de mayo de 1982, período en el cual se produjeron 39 casos de violaciones graves a los derechos humanos con resultados de muerte, según consigna el Informe Rettig, entre las que se cuentan la del dirigente sindical Tucapel Jiménez.
Esta nominación por un período de un año, producto de un acuerdo entre los senadores de la derecha y los ex «concertacionistas» Adolfo Zaldívar y Fernando Flores ha generado un enorme malestar en las fuerzas democráticas. Según Arturo Martínez, presidente de la Central Unica de Trabajadores (CUT) la elección de Novoa, en la testera de la cámara alta» es como revivir el pasado, es una nueva agresión. Mientras en Chile se estaba matando a personas, él justificaba.Eso empaña el Senado».
Por su parte, el senador socialista Jaime Naranjo ironizó señalando que los parlamentarios Zaldívar y Flores «están sufriendo el síndrome de Estocolmo», el cual se atribuye a personas que, después de un largo cautiverio, sienten afecto por sus captores.
En especial, el caso de Fernando Flores, ex ministro de Salvador Allende, relegado y preso en Isla Dawson y luego exiliado por los gobernantes de facto.
En todo caso y más allá de este muy lamentable episodio en el Senado, los esfuerzos por integración social, la impronta de equidad y justicia social de estos tres últimos años, han dado sus frutos, muy merecidamente. Las encuestas hoy señalan el respaldo abrumador a la gestión presidencial de la doctora Bachelet por más del cincuenta y ocho por ciento de los chilenos y con un aval que alcanza al setenta y cinco por ciento de hombres y mujeres quienes han expresado afecto por su persona,dando cuenta de que esta patria va por otros carriles, en la construcción de un destino y un proyecto de país que encarna precisamente la Concertación democrática, junto a quienes en el pasado fueran injustamente excluidos de representación parlamentaria.
El desafío de la Presidenta en los próximos meses y hasta la elección de diciembre, será intentar transferir al candidato de su coalición la corriente de identidad y complicidad de una sociedad que vio en su mirada de mujer una puerta hacia la participación e igualdad de oportunidades, pocas veces vista en la historia de Chile.
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