La única opción frenteamplista
Los que querían forzar la realidad, apegados a la tradición frenteamplista del consenso, muchos de ellos apremiados por ilegítimas apetencias electoralistas, se «comieron» la existencia de diferencias ideológicas esenciales e insuperables, en los dos llamados «polos», generados por la porfiada necesaria y conveniente presión de los hechos.
Y felizmente, la resolución del Congreso fue sabia, porque de lo contrario, estaríamos con un presidente y un vice, forzadamente «atados con alambre», pero conllevando el peligro que significa querer atar por el rabo dos moscas tan diferentes.
Una, representa algo absolutamente alejado de la visión frenteamplista que se vive aun hoy en las bases (y el Congreso lo mostró fehacientemente), de los que perteneciendo a ellas, se animan a expresarse con la libertad conque siempre lo hicimos los frenteamplistas, teniendo en cuenta que el gobierno, no es otra cosa que la emanación de los compromisos programáticos de la fuerza política que le dio origen, y sin los cuales y sin la cual, no existiría aquel.
La otra representa, o puede representar y llevar adelante, si lo quisiera y se comprometiera, una imagen más cercana de lo que ha sido el Frente Amplio histórico y fundacional.
Una representa el compromiso asumido desde el gobierno, sin consultar a la fuerza política, de acometer coqueteos con el imperio, que los crudos resultados de la crisis se han apurado a desaconsejar, debilitando, en un momento histórico irrepetible. la causa intraicionable de Latinoamérica, regada con el sudor y las lágrimas de nuestros héroes y de nuestros hermanos.
La otra incluye el compromiso de propender a la causa latinoamericana, partiendo del necesario mejoramiento y la ampliación del Mercosur y sus derivaciones más felices (Unasur, Banco del Sur, etc.)
El precandidato de una de las opciones se ha permitido el lujo de concurrir a la Mesa Política, cuando correspondía primariamente informarle y luego que ésta decidiera, actuar de acuerdo a esa resolución, pero en cambio, en la puerta de entrada al local del FA, le ha informado a la prensa presente, ninguneando y desairando a sus notorios superiores jerárquicos políticos, a qué hora, en qué día y en qué lugar se firmaría el inconsulto y resistido TIFA, como antecedente anestésico del felizmente descartado ( ?) TLC con EEUU.
La otra opción se ha comprometido a consultar, como es debido, a la fuerza política, antes de resolver los asuntos trascendentes. La propia estructura de sus bases, así lo (com)promete. Mientras que la otra opción no tiene ni quiere ataduras con las bases ni la fuerza política, de ningún tipo.
Una opción, hace especial hincapié en la inversión externa, como forma predominante, y pone en segundo plano la intervención reguladora del Estado en la Economía.
La otra, por el contrario, tiene una visión más estatista, con mayor dinámica del Estado en lo económico, y apostando más a la defensa de lo interno, no creyendo aquella vieja historia de «zorros y gallinas», conviviendo pacíficamente.
Ya sabemos a qué resultados nos llevan esas «facilidades» a los inversores externos y al destino de sus facilitadas ganancias. (Botnia, Ence, Río Tinto, Stora Enso, Portucel en Laguna Merim y Rocha, etc.)
Una opción apuesta a mantener la «franquicia» del capital, en desmedro de la del trabajo, en lo tributario, apostando, para obtener los necesarios recursos, en mantener la incidencia predominante de los impuestos indirectos. A lo sumo se puede esperar una rebaja de dos puntos en el IVA (!!!). Y el déficit de redistribución de riquezas, que según serios estudiosos del tema, se viene agudizando, aun en la bonanza externa que «ligó» este gobierno actual, se piensa corregir con una mejor aplicación social del gasto, como forma de eludir y evitar «tocar» a fondo y esencialmente a los que «tienen más».
La otra piensa que es prioritario e impostergable solucionar el problema de la redistribución, que no se ha querido profundizar en este gobierno progresista, porque no alcanza con mostrar mejores ingresos del PIB, en circunstancias excepcionales y desgraciadamente irrepetibles, sino en poder hacer llegar ese aumento de riqueza, a los bolsillos de «los más infelices».
En suma, son dos opciones irreconciliables: En el embarcarse en una u otra nos va la vida. Al FA y al país. Hasta tal punto eso es así, que, sólo una de las opciones constituye, no ya una esperanza, que lo fue la voluntariamente incompleta de Tabaré, pero por lo menos una expectativa, de profundizar los cambios. Y de bajar a tierra, sin renunciamientos, aquellos puntos del programa que ya se pudieron haber logrado, pero que quedan aun pendientes por no haber coincidencia ideológica con los mismos.
Para mí existe una sola opción posible, que es, por otra parte, la que sabiamente decidió el Congreso. Decidir en las primarias otra cosa, sería suicida, como dar al Frente Amplio herramienta del Pueblo, un golpe de muerte. De ganar la otra opción, estaríamos en un camino lamentable, que sería cualquier otra cosa menos el intraicionable FA en el que creímos desde su fundación.
Así la vemos y así la decimos.
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