Los pasos del movimiento real
Marx formula este juicio profundo: «Cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas». Lo afirma nada menos que en «Crítica al programa de Gotha» (1875) cuando exhaustivamente denuncia los errores de ese documento de la socialdemocracia alemana, demostrando la trascendencia que le otorga al programa partidario.
¿Qué quiere decir? Que hay hechos en la vida real, que trascienden más que los programas, sin negar en absoluto a éstos. La toma de la Bastilla en la Revolución Francesa, la del Palacio de Invierno en la Rusia de 1917, la decisión de los expedicionarios del «Granma» en la Revolución Cubana, constituyen trascendentes acontecimientos del movimiento real, que en la marcha de los pueblos son decisivos, aunque haya contemporáneos que no los valoren debidamente.
En la historia del Frente Amplio, en la de la izquierda firme y «jugada» desde hace más de un siglo en el acierto o en el error- hay pasos del movimiento real en el último año y medio que contribuirán a su marcha ascendente, sintetizables de esta manera: se ha modificado la correlación de fuerzas, el liderazgo y la orientación.
El gobierno de Tabaré Vázquez, y en particular la figura del presidente, serán juzgados como un hito positivo, porque -por primera vez en el Uruguay- no responden a los intereses del bloque de clases dominante. El único gobernante anterior que quizás podría compararse en condiciones históricas muy diferentes- sea José Batlle y Ordóñez. Nadie más.
Pero el actual gobierno es fruto de un anchísimo frente de fuerzas heterogéneas, plagado de contradicciones y reflejado en aquel maratónico nombre: Encuentro Progresista- Frente Amplio-Nueva Mayoría, que, a la vez que suma voluntades, le quita coherencia y debilita su acción.
El Frente Amplio, que en su Declaración Constitutiva se define antiimperialista, antioligárquico y contra el gran capital, se ha negado a sí mismo en una sucesión de hechos timoneados por el presidente: la imposición sin debate del mantenimiento de tropas en Haití, que provoca la digna renuncia del diputado Guillermo Chifflet; el voto del Tratado Bilateral de Inversiones con EEUU , motivador de la ausencia simbólica en el Senado de Eduardo Lorier para no avalarlo; las «condiciones leoninas» pactadas con el Fondo Monetario Internacional según el diputado Roberto Conde, entonces Secretario General del Partido Socialista; las vacilaciones ante el Tratado de Libre Comercio con EEUU, etc.
A su vez, su estructura partidaria se ha mostrado complaciente. En el Congreso de 2007, el desacuerdo entre sus expresiones más avanzadas, sumada a la oposición de las fuerzas próximas a Vázquez, impidieron la elección de Constanza Moreira para la Presidencia de la fuerza política.
Pero dos nuevos actos de autoritarismo del Presidente, convergieron para «cambiar la pisada»: el veto a la Ley de Salud Sexual y Reproductiva aprobada por la unanimidad de la bancada, y la pretensión de imponer una fórmula (Astori-Mujica), supuestamente «ganadora» de la elección nacional, rechazada con firmeza por la militancia.
Se produce entonces, el paso principal del movimiento real, que vuelve factible retomar la orientación progresista y antiimperialista, paso dado por el Congreso Zelmar Michelini. Allí se concreta la unión de las fuerzas que apuestan a despegar de la tutela imperialista, a afirmar la vocación sureña, a retomar valores históricos de la izquierda. Para ello es sustancial la decisión de dos fuerzas políticas tradicionalmente distantes: el MLN-Tupamaros y el Partido Comunista, con las que coinciden una ancha gama de otras organizaciones. Y ese acercamiento se consolida merced a la presencia definida de las bases, «ninguneadas» pero no desaparecidas, todo lo cual se traduce en un programa y una candidatura.
Los «pasos» del movimiento real importan más que nada. Anuncian que el Frente Amplio -la fuerza de resistencia y de rebeldía nacida de las clases populares- vive y colea y se dispone a librar una batalla histórica contra la reacción y la vacilación en sus mismas filas.
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