Antisemitismo con doble balanza
La capacidad de ignominia de la potencia ocupante no tiene limite. En la tercera semana de febrero de 2009, luego de silenciar la limpieza étnica palestina en Gaza y disfrutar el triunfo electoral de la ultraderecha, los televidentes del canal 10 israelí se solazaron con el programa del cómico Lior Shlein, con sus sardónicas bromas y blasfemias sobre Jesús y María.
Sin ética y verborrágico, de la aramea-semita María, dijo: «La Virgen María, no era virgen.»…»La Virgen María fue a la cama con un montón de hombres»… «La Virgen María se embarazó a los 15 años de un compañero de estudio». Más jocoso, Shlein, del semita-palestino Jesús (el Mesías), comentó: «Nunca logró caminar sobre el agua porque Jesús era tan gordo que sentía vergüenza al salir de su casa»… » Jesucristo murió a los 40 años de obesidad y se avergonzó de nadar en el mar de Galilea, debido a su exceso de grasa».
No fue acusado de antisemita por sus ofensas. Ni por atacar a lo más sagrado de la fe cristiana-musulmana. Tampoco fue deportado. Shleim se excusó ligeramente y dijo que fue una ‘lección’ al obispo católico deportado de Argentina, monseñor Richard Williamson, quien puso en duda la credibilidad del Holocausto.
Es inadmisible la negación del Holocausto que al parecer quedó limitado sólo a los judíos de Europa y no a los 55 millones de europeos calcinados en la segunda Guerra Mundial. ¿Por qué entonces se silencia y se niega el Holocausto palestino?
El doble peso es desatinado. Sobre la balanza, el malinterpretado antisemitismo, el antisionismo, la judeofobia, islamofobia y cristianofobia, inclinó el peso únicamente por los tres primeros, al igual que la fuerte reacción internacional. Mientras, con los otros dos sólo se redujeron a silenciados prejuicios.
La terrorista sionista, luego premier israelí, Golda Meir, expresó: «No existe nada que pueda llamarse palestinos, ellos simplemente no existen» («Sunday Times», 15/6/’69). ¿Acaso no es una opinión antisemita? Tan antisemita como cuando Israel niega el derecho del semita pueblo palestino a restablecer su legítimo Estado. O la antisemita tonalidad del rabino Ovadia Yosef, del partido Shas, tercera fuerza del futuro gobierno israelí electo en febrero de 2009, quien expuso: «Dios, en la Biblia, lamentó haber creado a los árabes, ese pueblo de víboras».
En el retablo de la confusión. La etimología antisemita se redujo exclusivamente a la hostilidad contra los judíos en Occidente. Calificativo que se debería aplicar contra las agresiones a pueblos semitas y no a grupos religiosos. Son los descendientes de Sem, hijo de Noé, extendidos pre-bíblicamente a lo largo de Canaán (nieto de Noé), Palestina, Siria, Líbano y la Mesopotamia (actual Irak), como pueblos de lengua y cultura semítica, sin guardar relación con la cultura de otros continentes.
En este sentido, el antiguo encono hacia los judíos caracterizado por el vocablo ‘antisemita’ es una anfibología que se debería reemplazar por el de ‘judeofobia’, término exacto empleado por el pionero y activista inspirador del sionismo, el ruso-judío León Pinsker («Autoemancipación», LP, 1882). Así mismo, sería un equívoco adjetivar de ‘antisemitas’ a los xenófobos circos romanos donde los leones devoraron cristianos o los fanáticos cruzados que aniquilaron musulmanes.
Con remozada leyenda en su retórica sionista-israelí de juzgar de antisemitas a los ‘antisionistas’, fue parte del álbum de las colosales tergiversaciones. El sionismo nació orgánicamente en Basilea (29/8/1897), del embrión del lobby europeo judío con el fin de crear un Estado judío sobre Palestina. Es una ideología política, cuestionada y no religiosa; no todos sus miembros fueron creyentes, tal el caso de su principal promotor, Theodor Herzl. Es de recordar que la resolución 3379 de la ONU (10/11/1975) equiparó al sionismo con el racismo. A pesar de que la propia ONU, por las presiones estadounidenses, sin fundamentar, revocó la sanción (16/12/1991), el sionismo no abandonó su tonelaje racista-colonial.
A la luz de los hechos, las expresiones antisemita, antisionista y judeofobia no son sinónimos.
No todos los judíos e israelíes son sionistas y hay sionistas que no son judíos. Como son los cristianos sionistas americanos muy desarrollados popularmente en las iglesias protestantes estadounidense, como el caso del pastor John Klein, asociado de la Fellowship Church, técnico en tour bíblico, quien exhortó: «Conozca el pueblo de la Biblia. Explore Israel desde una genuina perspectiva sionista» (Instituto Tzemach de Estudios Bíblicos-TNS, 14/10/’06). Patético. También hay palestinos-drusos dentro de los territorios perdidos en 1948 que juraron lealtad a Israel, formaron parte de su ejército de ocupación y aceptaron ser considerados como árabes sionistas. En contra cara, están las organizaciones como la rabínica ortodoxa antisionista Neturei Karta, que llamó a Israel un «Estado sionista y no judío», y a «Palestina como su país».
En cuanto al axioma fóbico religioso. Los ataques y las persecuciones a las religiones son aborrecibles. Al igual que la judeofobia y las discriminaciones antijudías. Sin embargo, éstas fueron serviles a los intereses sionistas-israelíes para potenciar su victimización e imponer sus objetivos de amordazar las críticas amparados por el broquel antisemita-antisionista. Actitud que dio lugar a los pueblos a mantener su privilegio libre y democrático para debatir e increpar los temas más perceptivos, insultar y satirizar a gobernantes, dignatarios y profetas, excepto pronunciarse contra el sionismo, el judaísmo e Israel.
Su unilateral y violento establecimiento en Palestina, entre mediado de 1948 y 1967, vulnerando todas las leyes jurídicas internacionales, fue similar a la doble moral de legislar y violar su propia ley 5.767 de 1967, por la cual el gobierno israelí se comprometió a la protección de los lugares sagrados cristianos y musulmanes.
Obsesivos en judaizar la tierra santa como lo hicieron en el período bíblico, durante la ocupación romano-hebrea a Palestina. Profanaron, destruyeron e incendiaron mezquitas, iglesias, monasterios, escuelas y cementerios. Entre tantas, las mezquitas de Al Aksa y de Omar en el predio sagrado de Haram Al Sharif en Jerusalén; la Tumba de Jesús en la Basílica del Santo Sepulcro; la cripta que señala el lugar de nacimiento de la Virgen María en la Iglesia de Santa Ana de Jerusalén; el Convento de las Hermanas de la Santa Comunión; el Patriarcado Armenio Ortodoxo; la Iglesia de Notre Dame; el Colegio de San José de Jerusalén; el saqueo y profanación de las tumbas del cementerio cristiano de Monte Sión de Jerusalén; la Mezquita de Ibrahim en Hebrón y la Basílica Ortodoxa de la Natividad en Belén, esta ultima invadida y profanada varias veces por colonos judíos y cercada militarmente por la fuerzas israelíes en abril de 2002. Con la inquina sin fin y su cristianofobia las fuerzas israelíes dispararon contra la majestuosa estatua de la Virgen en el exterior de la Basílica.
Luego de la caída de Jerusalén Este (junio 1967), Israel incrementó sus deseos de judaizar la ciudad y borrar las milenarias raíces palestinas. Con islamofobia y argumentos indelebles para ‘justificar’ la búsqueda de los restos del Templo de Salomón, la misión arqueológica, encabezada por Benjamín Mazar de la Universidad Hebrea de Jerusalén, comenzó en enero de 1968 las excavaciones debajo del predio sagrado, provocando la rotura de la puerta central de la Mezquita de Al Aksa y un lateral de la Iglesia de San Juan, la que profanaron y robaron de su interior la corona de oro de la Virgen María y muchas otras obras y reliquias históricas del patrimonio cristiano de la ciudad.
Las excavaciones se multiplicaron hasta la actualidad con la intención de producir un movimiento de tierra que provoque el derrumbe de las antiguas mezquitas que datan del 700 dC. En noviembre de 2008 la Autoridad Israelí de Antigüedades hizo público un plan que in
cluyó la demolición de las mezquitas de Al Aqsa y Al Marwani, en busca de las caballerizas del Templo de Salomón. Exhibiendo su profano proyecto arquitectónico para erigir el nuevo Santuario, donde, desde sus imaginaciones mesiánicas surgirá el verdadero Mesías.
El islamofóbico sionista australiano Michael Rohan, incendió la Mezquita (21/9/69), con grandes pérdidas históricas. Entre decenas de atropellos y sacrilegios, con abierta provocación, los fundamentalistas rabinos del movimiento Kach colocaron en la puerta principal de Al Aksa la «piedra basal» para la construcción del Templo (8/10/90). La ira de los palestinos musulmanes fue reprimida por la policía israelí, asesinando en el predio a 32 palestinos, dejando más de 1.050 heridos.
Naciones Unidas condenó la masacre en su resolución 672 (12/10/90). Una semana después, el diputado israelí Yossi Sarid, del partido Meretz, indignado, denunció: «Rabinos judíos caminaron sobre la sangre; ellos bailaron sobre la sangre» (parlamento israelí 17/10/90).
Con descomunal violencia segregacionista, la empresa diamantífera israelí National Diamond Center-NDC, en 1990 promocionó su empresa de diamantes y la vieja ciudad de Jerusalén ocupada, en el magazine de la línea aérea estatal israelí El-Al. En la tediosa publicidad apareció una vista de la ciudad vieja con el predio sagrado de Haram Al Sharif, donde ambas mezquitas fueron sustituidas por una maqueta del Templo de Salomón.
En el sensible tema de la discriminación racial, la política antisemita de Israel impidió que 6,5 millones de refugiados palestinos regresaran a sus tierras y hogares desde 1948 y sometieron a los que se quedaron. Hoy, los semitas palestinos viven entre muros de apartheid e ilegales asentamientos en la Ribera Occidental y en un intolerante gueto en Gaza.
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