EDITORIAL

La inseguridad en la campaña electoral

Como era de prever –se venía anunciando desde hace un buen tiempo– el eje principal de la campaña electoral de los partidos opositores será (en realidad ya lo está siendo) el problema de la inseguridad. Tanto blancos como colorados, después de un minucioso estudio basado sin duda en datos estadísticos concluyentes, han resuelto es por allí, por la sensación de falta de seguridad de la población, que puede visualizarse un flanco débil del gobierno. Ni lerdos ni perezosos, precandidatos y dirigentes de ambas colectividades tradicionales aprontan el arsenal con que habrán de bombardear la gestión del doctor Vázquez. De ese modo, pretenden deteriorar la imagen del gobierno y desprestigiar al Frente Amplio demostrando su incapacidad para resolver un problema prioritario.

En efecto, el problema de la falta de seguridad se ha vuelto prioritario para el ciudadano medio, en parte porque objetivamente las rapiñas y arrebatos callejeros se muliplican; y en parte, también, porque la realidad es permanentemente manipulada por los grandes medios amigos del establishment que logran magnificarla y distorsionarla contribuyendo así a sembrar pánico entre los pobladores y a aumentar la sensación de inseguridad que viven día a día.

Vale la pena recordar que hace cinco años, durante la campaña electoral de 2004, la principal preocupación del uruguayo medio era el trabajo. Interrogados por movileros de televisión y radio, por cronistas de diarios o por encuestadores, los uruguayos casi unánimemente señalaban su aspiración de obtener un trabajo digno, mantener el que tenían, mejorar sus ingresos, o que se crearan fuentes laborales. Como se advierte, la preocupación central radicaba en el trabajo, en que lo hubiera y en que fuera bien remunerado.

Ante esta constatación, cabe preguntarse qué ocurrió en estos últimos cinco años para que la gente en general haya cambiado su percepción sobre sus problemas prioritarios y la falta de seguridad haya desplazado a la necesidad de mejoras laborales. Algunos dirán que ello obedece al aumento de la actividad delictiva, y aprovecharán para cuestionar al gobierno y al Ministerio del Interior por su incapacidad en la prevención, y por su ineficiencia en la represión y en la dilucidación del hecho delictivo. (Dicho sea entre paréntesis, omiten cuidadosamente reconocer las mejoras notorias en el accionar policial y en su eficacia para resolver delitos, recuperar efectos hurtados, detener a los malhechores y someterlos a la Justicia; pero en fin, el olmo nunca dio peras).

Nosotros, en cambio, nos inclinamos a pensar que, como queda dicho al comienzo, la sensación de inseguridad viene siendo fomentada desde la derecha y desde los medios que le son funcionales. Pero, además, hay un dato innegable de la realidad del país luego de cuatro años de gobierno popular: la prioridad número uno del ciudadano medio en 2004 –el trabajo– ha sido satisfecha en buena medida. Los asalariados han visto mejorado su ingreso real, al tiempo que ha descendido notoriamente el desempleo y han mejorado las condiciones laborales y la gestión de la Seguridad Social. Esto quiere decir que hay más puestos de trabajo; que hay muchos menos desocupados; que ha aumentado el salario real; y que han aumentado los cotizantes al BPS y se han multiplicado las prestaciones que éste brinda.

La obsesión del ciudadano medio en 2004 ha sido desplazada sencillamente porque el gobierno progresista ha cumplido con su programa y ha dado satisfacción a las aspiraciones de la población. De lo que se trata ahora, cuando ya estamos entrando en la campaña electoral, es de destacar todos los aspectos positivos y los éxitos del gobierno en la lucha contra la actividad delictiva, desde los delitos cometidos por modestos rateros hasta los del crimen organizado.

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