Los líderes y los dioses
José «Pepe» Mujica recordó que el Frente elegirá un candidato a la Presidencia y no un Dios. La afirmación conlleva una reflexión profunda: nada hay establecido definitivamente, y en todo, la dialéctica implica la caída inevitable en un continuo proceso de aparición, desarrollo y desaparición.
Los pueblos eligen a sus candidatos y más concretamente, sus líderes, esto es, las personas en las cuales depositan confianza para que los conduzcan o gobiernen. Pocos, después de siglos o milenios de su desaparición física, se han ganado un sitial destacado de respeto y reconocimiento. Pero, en general, han dejado de ser líderes de sus pueblos antes de su desaparición física.
José Artigas fue caudillo del pueblo oriental en su ciclo revolucionario (1811-1820). Pero, mientras sufre el ostracismo y la prisión en Paraguay (1820-1850) deja de serlo, en tanto que los Rivera, Lavalleja, etc., no desaprovechan ocasión para desmarcarse de él y denostarlo. José Batlle y Ordóñez fue el jefe del país y ejerció la Presidencia de la República en dos períodos (1903-1907 y 1911-1915). Falleció en 1929. En esos últimos 14 años, ni siquiera pudo liderar a su partido.
Bastan estos ejemplos de las figuras que más han contribuido a la Revolución Oriental y al Uruguay para «bajar a tierra» el problema. Sin embargo, aunque carecieran del liderazgo que otrora habían tenido, la historia les reconoce un sitial de honor, por haber fecundado ideas y otras realizaciones materiales trascendentes.
Otro tanto sucede con los líderes de la izquierda uruguaya. ¿Quién ignora el extraordinario aporte de Emilio Frugoni con su valiente, insobornable e infatigable construcción teórica y práctica? Y sin embargo, años antes de su muerte, había perdido la conducción del Partido Socialista que, como ningún otro, había contribuido a forjar.
Más próximo en el tiempo, ¿quién no recuerda con admiración y respeto, a Líber Seregni? Sin embargo, cuando renuncia a la Presidencia del Frente Amplio (1996) -mientras Jorge Batlle, el Comité Ejecutivo del Partido Colorado, el Dr. Alberto Volonté, el senador Jorge Gandini y el editorialista de «El Observador» entre otros, derramaban lágrimas de cocodrilo preocupándose porque el FA «perdiera credibilidad» 1- una encuesta de este diario indicaba que el pico más alto de su popularidad entre los frenteamplistas había sido en noviembre de 1989, coincidente con el alejamiento del PDC y del PGP (86 puntos), para descender en los años siguientes a 64, 57, 60, 69 y 58. Pero el que su liderazgo perdiera gravitación no le resta mérito a su labor permanente, y así se lo reconoce la historia.
Cuando Oscar Bottinelli, director de Factum, tras el veto presidencial de Tabaré Vázquez a la Ley de Salud Sexual y Reproductiva afirma que «Tabaré Vázquez es un cuerpo extraño en la izquierda uruguaya, cuyos valores más profundos no comparte», este juicio es aceptado por muchos que, sin embargo, valoran positivamente muchos aspectos de su gestión presidencial. La posición de la bancada en el tema y las resoluciones del Congreso del Frente Amplio (candidatura y programa) señalan la pérdida de su influencia, coherente con la dialéctica.
Los frenteamplistas y los partidarios de otras fuerzas políticas elegirán su candidato y después, al líder, al jefe de Estado. A quienquiera que sea, y vale también para Mujica, le cabrá las generales de la ley.
Rompamos mitos, cañoneemos lugares comunes, de líderes inmunes al paso de los tiempos, de los dioses, en suma. Pero, ¿qué ha sido de Horus, Marduk, Poseidón, Quetzalcoatl…? Es que los dioses también desaparecen.
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