Escrito por: Por Jorge R. Bruni - Subsecretario de Trabajo y Seguridad Social.
¿Cómo encarar el futuro del país? Una forma es lo que le sucedió días atrás en un acto político al senador Danilo Astori: recibió un baldazo de agua, seguido de ruidos molestos y prolongados ladridos de perros. Pudo también haber recibido un zapatazo, como le pasó a Bush, ¿por qué no? Tratándose de malas imitaciones, todo puede suceder. Pero ¿es eso política, o quienes así procedieron son desarraigados sociales?
Otra cosa muy diferente, también intolerante y que no tiene nada que ver con la anterior, es lo que hace la oposición política organizada, cuando acusa grave y ordinariamente al actual gobierno por tener “una doctrina de raíz totalitaria (son) marxistas, criminales de la organización de tupamaros que ensangrentó el país…”. Esto es: intolerantes, dictatoriales, antidemócratas, violentos y otras barbaridades. Lo expresó así, el señor Carlos Julio Pereira. O la acusación de otro candidato opositor de que el gobierno no respeta al Poder Judicial, lo cual sería grave, sin duda.
Una tercera forma de actuar es la que resulta coherente con los antecedentes que el país tiene en la materia, cuando a pesar de discrepancias y algunos levantamientos en armas, a partir de los primeros 10 años del siglo XX, permitió que Uruguay fuera consolidando conquistas sociales que lo llevaron a ocupar los primeros lugares de la región en ingreso por persona, distribución de riqueza, nivel de transparencia, y su nivel de alfabetización, que es el más alto de Latinoamérica. Y esto no fue casual. Como tampoco lo es que la ley de divorcio tenga 102 años y 96 la que le dio derecho a la mujer al divorcio por su sola voluntad. Y aunque es de otra época, destáquese que ya en 1877 se aprobaba la que establecía educación gratuita, obligatoria y laica, para orgullo de Uruguay y del mundo.
Todo esto sucedía durante gobiernos que no eran de los que hoy se caracterizan de izquierda. Casi siempre fue el Partido Colorado quien gobernó, a veces con el acuerdo del Partido Nacional, otras no. Y no es que no existieran sindicatos ni izquierdistas en esos años, porque en dichos resultados tuvo que ver la mentalidad progresista de gobernantes, sin duda, pero también y fundamentalmente, largas y fuertes luchas sociales. Y está bien que así sea. Es un patrimonio político, social y cultural que el país debe conservar. Quiero rescatar la forma de actuar de Maneco Flores Mora y Wilson Ferreira, quienes a pesar de su rivalidad y discrepancias, siempre terminaban sus discusiones con un fraternal abrazo. O las reuniones entre Pepe D’Elía, Héctor Rodríguez, Jorge Sapelli, Aquiles Lanza, el propio Maneco, Alba Roballo, cuando trataban de evitar la dictadura que se nos venía encima.
Somos portadores de una enorme mochila histórica cargada de recuerdos y tradiciones rescatables, lo que nos lleva a rechazar la intolerancia, venga de donde venga, y cualquiera sea su forma. Intransigencia que no debe apoderarse de la agenda política en este crucial 2009 y años venideros, en los que habrá que profundizar los cambios concretados desde 2005 en adelante, discutiendo por la positiva y con propuestas. El país no puede darse el lujo de ignorar la cantidad enorme, insisto, enorme, de leyes y reformas concretadas en los últimos cuatro años. Y aún queda mucho por hacer en materia de pobreza, indigencia y desigualdades varias, a pesar de los enormes progresos logrados, si comparamos con el pasado inmediato.
El diálogo y la negociación, como en el pasado, han sido determinantes para ello. No sólo para la calidad de las relaciones laborales, sino para posibilitar acuerdos de mayor envergadura que trasciendan a la coyuntura y a lo nacional. Este es el Uruguay que deseamos. Tenemos la gran crisis a la vuelta de la esquina. No queremos baldazos, zapatazos o acusaciones agraviantes. Acudo al ejemplo de Saramago: ¿por qué sigue tanto a este circo, le preguntaron al hombre? Porque quiero ver cuando se caiga el trapecista y se mate”. No quiero ser el trapecista, pero mucho menos el seguidor.
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